Baleares

El colmo del cinismo: socialistas de Baleares cargan contra AENA, pero se olvidan de que Pedro Sánchez controla la empresa

Negueruela arremete contra los aeropuertos y Sagreras (PP) le desmonta el discurso en 20 segundos

Cientos de personas claman contra los planes del Gobierno de Sánchez de ampliar el aeropuerto de Palma

Aeropuerto Palma PSIB
Julio Bastida

Cinismo e hipocresía política en estado puro. Los socialistas de Baleares han decidido ponerse ahora al frente de las críticas contra AENA, denunciar sus actuaciones y hasta cargar contra la situación de los aeropuertos de las Islas. El problema para los socialistas es que su discurso choca frontalmente con una realidad que resulta imposible esconder: AENA está participada en un 51 % por el Estado y el Gobierno de España está presidido por Pedro Sánchez, secretario general del PSOE.

La contradicción resulta especialmente llamativa cuando el propio PSIB pretende aparecer ante los ciudadanos como una fuerza política enfrentada a las decisiones del gestor aeroportuario. Los socialistas baleares critican a AENA mientras el Gobierno de su mismo partido tiene la mayoría estatal de la compañía. Y ha sido precisamente el PP de Baleares, a través de su diputado Sebastià Sagreras, quien ha puesto el dedo en la llaga.

Sagreras no ha dejado pasar la oportunidad para cuestionar la estrategia socialista y ha recordado la responsabilidad del Gobierno central. Además, ha puesto el foco en la presencia de representantes del PSOE ibicenco en las movilizaciones contra los planes aeroportuarios. Su reproche ha sido contundente: «No sé a quién piensan que engañan, no se puede tratar a los ciudadanos como tontos». El portavoz popular, en menos de 20 segundos, ya había puesto a la palestra la hipocresía de sus homólogos socialistas.

Mientras tanto, Iago Negueruela ha endurecido el discurso del PSIB contra AENA. El portavoz socialista en el Parlament ha asegurado que determinadas actuaciones de la empresa pública «no son de recibo» y ha llegado a afirmar que no le extraña que los ciudadanos protesten. También ha criticado la proliferación de establecimientos comerciales en las terminales, describiendo los aeropuertos como «una suerte de mercadillo». Al socialista se le olvida un pequeño detalle. En la pasada legislatura fue conseller de Turismo y que el control de AENA pertenece a su partido. Un ejercicio de fariseísmo en estado puro.

El tono resulta especialmente llamativo porque el PSIB pretende responsabilizar a AENA de una situación cuya dimensión política alcanza directamente al Gobierno central. La empresa no es una compañía privada ajena al Ejecutivo de Sánchez: el Estado mantiene una participación del 51 %. Por eso, las críticas socialistas abren inevitablemente un interrogante sobre hasta dónde llega la responsabilidad del PSOE en las decisiones que ahora denuncia su propia organización en Baleares.

El PP de Baleares ha encontrado ahí el principal flanco de ataque. Sagreras ha utilizado la participación estatal en AENA para cuestionar que el PSOE pueda presentarse simultáneamente como parte del problema en Madrid y como parte de la solución en Baleares. El discurso cambia según el escenario: en las Islas, protesta; en Madrid, el Gobierno socialista controla la mayoría de AENA.

La paradoja es evidente: el PSIB quiere capitalizar el malestar ciudadano contra AENA al mismo tiempo que el Estado, gobernado por el PSOE, conserva el 51 % de la compañía. Y esa contradicción es precisamente la que el PP de Baleares está utilizando para acusar a los socialistas de intentar jugar a dos bandas.

Porque una cosa es criticar la masificación, cuestionar las ampliaciones o reclamar cambios en los aeropuertos. Y otra muy distinta es denunciar desde Baleares las decisiones de una empresa cuya mayoría está en manos del Gobierno central socialista sin explicar qué responsabilidad asume el propio PSOE.

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