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Parece un pueblo más, pero es una impresionante joya mudéjar con el doble de tamaño que su capital de provincia

Joya mudéjar
Vista panorámica de Cuéllar. Foto: BigSus en Wikimedia Commons.
  • Alejo Lucarás
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En el corazón de la meseta castellana, justo en el límite donde convergen las provincias de Segovia y Valladolid, se alza una villa que desafía la escala habitual de los municipios rurales de la zona. Con una extensión que duplica la de su propia capital de provincia, esta joya mudéjar que estamos por revelar alberga el catálogo de arquitectura de ladrillo más extenso de la región.

Y eso no es todo: esta localidad segoviana se asienta sobre varias colinas, rodeada por la mayor extensión de pino resinero de todo el continente europeo. Su ubicación estratégica la convirtió durante la Edad Media en un enclave de notable poder e influencia, algo que hoy se refleja en un trazado urbano que conserva la esencia de la típica villa castellana.

¿Cuál es la joya mudéjar con el doble de tamaño que su capital de provincia?

La respuesta se encuentra en Cuéllar, una villa segoviana declarada Conjunto Histórico-Artístico que destaca tanto por su densidad monumental como por su extensión territorial. Con una superficie que duplica la de la capital provincial, Segovia, Cuéllar se ha consolidado como el principal núcleo histórico y administrativo de su comarca.

Su patrimonio incluye un triple recinto amurallado, un castillo-palacio de referencia en Castilla y León y más de una decena de templos donde el ladrillo se convierte en la seña de identidad artística.

Esta combinación convierte a la localidad en una joya mudéjar singular, integrada en un entorno rural pero con un peso histórico que trasciende el ámbito local.

El Castillo de los Duques de Alburquerque y el sistema defensivo

El monumento más emblemático de la villa es el Castillo-Palacio de los Duques de Alburquerque, declarado Monumento Nacional en 1931. Situado en la parte más elevada del municipio, el edificio resume la evolución arquitectónica de Cuéllar a lo largo de varios siglos.

De origen medieval, fue transformado progresivamente en una residencia palaciega mediante intervenciones góticas y renacentistas.

Vista frontal del castillo-palacio de los Duques de Alburquerque
Vista frontal del castillo-palacio de los Duques de Alburquerque. Foto: Romerin en Wikimedia Commons.

En su interior destaca el patio de armas con galerías renacentistas de los siglos XV y XVI, atribuidas a maestros como Rodrigo Gil de Hontañón.

Aunque una parte del edificio alberga actualmente un Instituto de Educación Secundaria, el castillo mantiene un uso turístico activo a través de visitas teatralizadas que permiten recorrer sus principales estancias.

Desde los extremos de la fortaleza arranca el sistema defensivo, uno de los mejor conservados de Castilla y León. El triple recinto amurallado, de origen románico, llegó a alcanzar los dos kilómetros de longitud.

Entre las puertas conservadas destacan el Arco de San Basilio, de influencia toledana y aspecto de fortín, y el Arco de San Martín, flanqueado por torreones con los escudos de la casa de Alburquerque.

El adarve es hoy transitable y ofrece una panorámica del denominado «mar de pinos» que rodea la villa.

Cuéllar, la joya mudéjar castellana que es un referente para la arquitectura

Cuéllar es conocida como la «Villa del Mudéjar» por la concentración de edificios que combinan el ladrillo con decoraciones de influencia islámica.

Este estilo mudéjar se manifiesta con especial claridad en la Iglesia de San Esteban, cuyo ábside es considerado uno de los máximos exponentes del mudéjar castellano. En su interior se conservan cuatro sepulcros de alabastro y yeserías polícromas del siglo XVI, además de un entorno arqueológico que incluye silos y tumbas antropomorfas medievales.

Otro punto clave es la Iglesia de San Martín, situada frente al castillo. Restaurada en profundidad, alberga el Centro de Interpretación del Arte Mudéjar y permite observar el ladrillo en estado original, sin revestimientos posteriores.

La Iglesia de San Andrés completa este eje monumental con una de las plantas más depuradas del estilo, rematada por un triple ábside de arquerías y casetones.

El recorrido mudéjar se amplía con templos como El Salvador, reconocible por sus arbotantes exteriores, o Santa María de la Cuesta, situada en lo alto de una de las colinas que estructuran el casco urbano. Todos ellos refuerzan el papel de Cuéllar como una joya mudéjar de referencia en la cuenca del Duero.

Historia civil, tradiciones y trazado urbano medieval de Cuéllar

El centro neurálgico de la villa es la Plaza Mayor, de aire castellano y presidida por el Ayuntamiento, levantado sobre la antigua cárcel vieja. En su interior se conserva un patio gótico-renacentista que refleja la evolución institucional del municipio. Frente a él se alza la Iglesia de San Miguel, parroquia titular de la villa.

Desde la plaza parten calles históricas como la de la Morería, vinculada al antiguo barrio musulmán, o la calle de San Pedro, flanqueada por casas blasonadas y palacios civiles como el de Pedro I o el Palacio de Santa Cruz. A este patrimonio se suma el Estudio de Gramática, fundado en el siglo XV, una institución educativa por la que pasó el Cardenal Cisneros.

A su vez, la relevancia histórica de Cuéllar también se refleja en sus tradiciones. Los encierros de la villa cuentan con documentos que datan de 1381, lo que los sitúa como los más antiguos de España. Este evento forma parte de una continuidad cultural que conecta el presente con la Edad Media.

El entorno natural de Cuéllar: así es el extenso «mar de pinos»

Más allá del casco histórico, la joya mudéjar de Cuéllar se complementa con un extenso entorno natural. El municipio gestiona una de las mayores masas de pinar resinero de Europa, un recurso que ha condicionado su economía, su gastronomía y su paisaje. Este «mar de pinos» rodea la villa y se integra visualmente con murallas y torres.

Rutas como la Senda de los Pescadores o los espacios naturales próximos al santuario de El Henar amplían el interés del territorio.

En el ámbito gastronómico, el lechazo asado y el cochinillo al horno de leña se consolidan como referencias locales, junto a una repostería artesana que utiliza el piñón como ingrediente central y toma como inspiración formal los arcos de la joya mudéjar que define a la villa.

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