Creerás que estás en la Selva Negra pero sin salir de España: el paisaje de cascadas y bosques que hay que visitar una vez en la vida
Las Hurdes es una zona de Extremadura que muchos comparan con la Selva Negra alemana
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En el norte de Extremadura hay un lugar que rompe todos los tópicos que se caracteriza por tener bosques frondosos, cascadas, gargantas y carreteras de montaña que dibujan un paisaje que muchos comparan con la Selva Negra de Alemania. Un entorno inesperado que convierte a esta zona de Cáceres en uno de los destinos naturales más sorprendentes de España.
Se trata de Las Hurdes, y quien lo visita por primera vez suele decir lo mismo y es que realmente parece otro país ya que no deja de ser un paisaje inesperado en pleno norte de Extremadura, cuya imagen siempre se ha asociado a terrenos secos, abiertos, casi infinitos, pero aquí ocurre justo lo contrario. El relieve es abrupto, con montañas que obligan a trazar carreteras llenas de curvas. Los bosques se cierran sobre el camino y, en algunos tramos, apenas dejan pasar la luz. Robles, castaños, pinos… todo crece con una densidad poco habitual en el interior peninsular. Y luego está el agua que siempre aparece. A veces como un hilo entre piedras; otras, como un salto que sorprende al final de una ruta. Y entre los lugares más conocidos de Las Hurdes, tenemos el Meandro del Melero una curva del río Alagón que es casi perfecta y que está rodeada de montes. Es una de esas imágenes que justifican el viaje por sí solas.
Las Hurdes: creerás que estás en la Selva Negra
Si hay algo que define a esta comarca es la cantidad de rincones escondidos. No están a pie de carretera, sino que que buscarlos y ahí está parte de la gracia. El Chorro de la Meancera es uno de los más espectaculares aunque para llegar hay que caminar, hasta que de repente aparece la cascada. Algo parecido ocurre con el Chorrituero de Ovejuela. La ruta es sencilla y bastante agradecida. En verano, además, se puede combinar con un baño en la piscina natural del pueblo, lo que convierte la excursión en un plan redondo.
Y para quienes buscan algo más impresionante, el Chorro de los Ángeles supera los 200 metros de caída. No siempre lleva el mismo caudal, pero cuando baja con fuerza, el espectáculo es difícil de olvidar. Y entre un punto y otro, lo normal es parar muchas más veces de las previstas, ya sea frente a un mirador improvisado, un recodo del río, o una vista que aparece sin avisar. Es fácil perder la cuenta.
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Pueblos de pizarra que parecen detenidos en el tiempo
Las Hurdes no sólo es paisaje. También es una forma de vida que todavía se intuye en sus pueblos. La comarca está formada por seis municipios, pero en realidad lo que la define son sus alquerías, pequeños núcleos donde la arquitectura tradicional se ha mantenido casi intacta gracias a sus casas de piedra, tejados de pizarra, calles estrechas que hacen que todo encaje con el entorno.
Entre las más conocidas están El Gasco, Riomalo de Arriba o Casares de las Hurdes. No son grandes, ni lo pretenden sino que se recorren en poco tiempo, pero invitan a parar más de lo previsto. También merece la pena acercarse a lugares como Erías o La Fragosa, menos conocidos pero igual de auténticos. En muchos casos, lo mejor no es lo que hay que ver, sino lo que se respira: silencio, calma y una sensación de aislamiento cada vez más difícil de encontrar.
Un destino para viajar sin prisas
Moverse por Las Hurdes lleva tiempo. No por la distancia, sino por el terreno. Las carreteras obligan a conducir despacio y, casi siempre, apetece hacerlo. Ese ritmo encaja con el propio lugar ya que aquí no hay grandes monumentos ni visitas rápidas sino que el plan es otro y tiene que ver con caminar, parar y observar y puede que terminar el día junto a una garganta o en una piscina natural.
En verano, muchas de estas zonas se convierten en auténticos refugios frente al calor. El agua está fría, a veces demasiado, pero forma parte de la experiencia y también hay espacio para pequeños detalles: un desayuno con dulces típicos, una conversación en un bar de pueblo o simplemente sentarse a mirar el paisaje sin prisa.
Un rincón que sigue fuera del radar
Lo que más apreciarán quienes visiten la zona, es que durante mucho tiempo, Las Hurdes han quedado al margen del turismo masivo. Y eso se nota ya que no hay grandes aglomeraciones ni infraestructuras pensadas para grandes volúmenes de visitantes. Esa falta de exposición es, en realidad, parte de su valor y de su encanto y permite que el entorno se conserve y que la experiencia sea más auténtica.
Compararla con la Selva Negra puede servir como referencia, pero se queda corta. Porque lo que hay aquí no es una copia, sino un paisaje propio, con carácter. Un lugar que sorprende precisamente porque no encaja con lo que se espera. Y que, una vez descubierto, deja la sensación de haber encontrado algo que todavía no conoce todo el mundo.
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