BUQUES DE GUERRA

Un año de preparación para moverlo hasta 1,5 metros: el acorazado USS Wisconsin, de 45.000 toneladas, se separa de su muelle por primera vez en casi 26 años

El acorazado USS Wisconsin amarrado en Norfolk junto al museo Nauticus
El acorazado USS Wisconsin amarrado en Norfolk junto al museo Nauticus
Adrián Villellas

A las 7:30 de la mañana del martes 8 de septiembre, los operarios de Nauticus, el museo marítimo del centro de Norfolk (Virginia, Estados Unidos), retiraron la pasarela por la que los visitantes suben al acorazado USS Wisconsin. Unas horas después, con la ayuda de remolcadores de la empresa Crofton Industries, los equipos sacaron del agua la primera de las defensas que protegen el casco.

Era la primera vez que el barco se movía en casi 26 años. Según recogió la cadena local WTKR, el objetivo era sustituir unas defensas marinas deterioradas, las piezas que hacen de colchón entre el casco y el muelle.

Las defensas son, según la descripción de la cadena WAVY, «almohadillas cilíndricas oscuras» que evitan que el casco roce contra el muelle. Las nuevas esperaban en una barcaza cercana para su instalación.

Un desplazamiento de poco más de un metro

Nauticus anunció a principios de septiembre que la maniobra se haría entre el 8 y el 11 de septiembre y que el Wisconsin se apartaría «aproximadamente de cuatro a cinco pies» del muelle, es decir, entre 1,2 y 1,5 metros. La operación incluía retirar el puente peatonal que lo une al museo, soltar las cadenas que lo sujetan al muelle y empujar el buque hacia fuera.

«Es una oportunidad poco habitual de ver el acorazado Wisconsin de una manera que no habíamos vivido desde que llegó a Nauticus hace más de 25 años», dijo entonces Stephen Kirkland, director ejecutivo del museo, según recogió WAVY. «Mover un barco de este tamaño, aunque sea solo unos pocos pies, es una tarea impresionante, y este importante trabajo de mantenimiento nos ayudará a seguir cuidando el Wisconsin de forma segura y a preservar la experiencia para las generaciones futuras».

El tamaño explica la cautela. Según la ficha histórica de la Marina de Estados Unidos, el Wisconsin (BB-64) desplaza 45.000 toneladas en condiciones estándar y 57.540 a plena carga, y mide 887 pies y 3 pulgadas de eslora, unos 270,4 metros.

Un año de preparación para una mañana de trabajo

El día de la maniobra, Kirkland lo resumió así ante las cámaras de WTKR: «Requiere mucha planificación, requiere mucha física». Y añadió: «Literalmente llevamos un año planificándolo. Sé que suena a locura, pero es así».

La razón está en todo lo que cruza el hueco entre el barco y el muelle. «Todo, desde las líneas informáticas que llegan al acorazado, las líneas telefónicas, las corrientes eléctricas y las tomas de agua. Todo eso hubo que pensarlo bien», explicó el director a WTKR.

A WAVY le contó lo mismo con otras palabras. «Es un gran día para nosotros, obviamente», dijo Kirkland. «Estamos sustituyendo una defensa junto al acorazado Wisconsin, algo que llevaba mucho tiempo pendiente. Nos ha llevado alrededor de un año. Aunque no lo parezca, para planificar este día tuvimos que acertar con el momento».

La segunda defensa salió con pintura del casco

Poco antes del mediodía, según la crónica de WAVY, los operarios izaron la primera de las dos defensas, que no parecía muy castigada. La segunda, en cambio, daba la impresión de haber soportado la mayor parte del esfuerzo y salió del agua con restos de la pintura del Wisconsin.

La maniobra atrajo a vecinos de los edificios cercanos. Tom Fonner, que vive junto al acorazado, contó a WAVY: «Me sorprende mucho que se esté avanzando tanto en tan poco tiempo. Pensaba que llevaría un rato». El barco es, en parte, la razón de que viva allí. «Le dije a mi agente inmobiliario: si la casa no tiene vistas al acorazado, ni me la enseñes», recordó.

A WTKR le repitió la idea: «Me mudé aquí, quería tener vistas al acorazado, y cuando dijeron que iban a cambiar las defensas y a moverlo… Toda la operación es divertida de ver».

Kathy Bates, que estaba de visita desde Modesto (California), llegó por consejo de una prima. «Lo había oído en las noticias y lo había leído, y me dijo que merecía mucho la pena venir a verlo», explicó a WAVY. «Y así ha sido. Llevo aquí desde las siete».

El interés se notó antes del cierre. Nauticus informó a WTKR de que casi 3.000 personas visitaron el barco durante el fin de semana del Día del Trabajo, casi el doble que el fin de semana anterior.

De la Segunda Guerra Mundial a la guerra del Golfo

Según la ficha del museo, la quilla del Wisconsin se colocó el 25 de enero de 1941 en el astillero naval de Filadelfia, el barco se botó el 7 de diciembre de 1943 y entró en servicio el 16 de abril de 1944. Es un acorazado de la clase Iowa, con nueve cañones de 16 pulgadas (406 milímetros) y una velocidad de 33 nudos, unos 61 km/h.

Combatió en el Pacífico y en Corea y volvió al servicio en 1988, ya con misiles Tomahawk, que son misiles de crucero de ataque a tierra. En la operación Tormenta del Desierto, según la Marina, lanzó 24 Tomahawk, disparó 528 proyectiles de 16 pulgadas en 36 misiones de apoyo de fuego y acumuló 348 horas de vuelo con aviones no tripulados.

Uno de esos aparatos, un RQ-2A Pioneer, protagonizó un episodio que hoy parece de otra época, aunque anticipa la guerra de drones de largo alcance actual. Según la ficha del Museo Nacional del Aire y del Espacio del Smithsonian, varios soldados iraquíes de la isla de Faylaka hicieron señales de rendición al dron durante una pasada a baja altura, «la primera vez que unos soldados enemigos se rendían ante un vehículo aéreo no tripulado».

La Marina fecha ese vuelo el 1 de marzo de 1991 y habla de «cientos de iraquíes ondeando banderas blancas», mientras que el Smithsonian no da fecha y sitúa el vuelo en una evaluación de daños tras el fuego del USS Missouri.

Un museo que ya no es un buque de reserva

El Wisconsin se dio de baja en Norfolk el 30 de septiembre de 1991 y llegó a Nauticus el 7 de diciembre de 2000, una llegada que WTKR recuerda que se celebró con fuegos artificiales. La Marina lo retiró de su registro de buques el 17 de marzo de 2006 y lo transfirió a la ciudad de Norfolk el 14 de diciembre de 2009.

Según la Marina, esa transferencia, celebrada en una ceremonia el 16 de abril de 2010, acabó con la obligación de conservarlo por si había que llamarlo de nuevo al servicio activo. Desde entonces su mantenimiento depende del museo, con trabajos como este, tan alejados de la modernización de la red eléctrica de los destructores Flight III o de los planes de nuevos buques de guerra anunciados por Donald Trump.

«Creo que este barco lo significa todo para la ciudad», dijo Kirkland a WAVY tras admitir que no es imparcial. «Es el icono por delante del cual pasas en coche y que ves todos los días. La gente viene y celebra ceremonias aquí, ceremonias militares en el buque. Cien mil personas vinieron a nuestro Winter Fest».

Lo que las fuentes no aclaran

Ni Nauticus ni las crónicas de WTKR y WAVY consultadas detallan el coste de la operación ni el número de remolcadores que participaron. Tampoco precisan cuánto se separó finalmente el casco del muelle, más allá de los 1,2 a 1,5 metros previstos y de la descripción de «unos pocos pies» que hicieron los medios.

WTKR indicó que el acorazado no volvería a su posición definitiva hasta terminar el trabajo, «a más tardar el viernes» 11 de septiembre. Según el anuncio recogido por WAVY, el museo seguiría abierto, pero el barco quedaría cerrado al público mientras duraran los trabajos. Las fuentes consultadas no confirman la fecha exacta en que regresó al muelle ni el estado de la pintura dañada.

La crónica de la maniobra se ha publicado en WTKR el 8 de septiembre de 2026, y los datos del buque proceden de la Marina de Estados Unidos y de Nauticus.

Crédito de la imagen: Nauticus.

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