Salud

En 1996 la cepa de hantavirus de Los Andes cambió las reglas del juego y ahora todo encaja

¿Qué es el hantavirus? ¿Existe riesgo mundial?
Roedor.

El pasado domingo, estalló un brote de hantavirus en un crucero que dejó 3 fallecidos. Pero no es la primera vez que se habla de esta enfermedad. En los 90, dejó de ser una enfermedad rara que se transmitía por ratones y se convirtió en algo más preocupante.

En 1995, en el sur de Argentina, en la zona de los Andes, empezaron a aparecer casos de una dolencia que no se comportaba como se esperaba. En El Bolsón, un hombre enfermó de hantavirus y falleció. Su mujer y sus hijos también enfermaron y, un mes después, fallecieron los tres. Era extraño, ya que en este caso fallaban los pulmones.

Gente sana, joven, que pasaba de tener síntomas a no poder respirar. Si llegaba a su fase más grave, mataba a uno de cada tres pacientes, a veces incluso a más. Aquella enfermedad fue bautizada como síndrome cardiopulmonar por hantavirus. Lo raro vino a continuación. Los casos empezaron a agruparse y en algunos, el origen no era habitual.

Hantavirus
Roedores.

Caso de hantavirus en El Bolsón

En uno de los focos iniciales, concretamente en El Bolsón, ocurrió algo que llamó mucho la atención. Una doctora que enfermó viajó para ser tratada y dos médicos que la atendieron se contagiaron al mes del contacto. Eran tiempos de incubación que cuadraban en un hospital en el que no había ratones de campo.

Hasta el momento, el virus solo pasaba de roedor a humano. Era una de las pocas certezas hasta el momento, hasta que al final de los noventa empezaron a usar una expresión prudente: «posibilidad de transmisión interhumana». El virus responsable se llamó Andes, que atacaba, a diferencia del de Europa, a los pulmones y la mortalidad ronda sobre el 30-40%.

Esto no implica que se vaya a convertir en una nueva pandemia, ya que la transmisión entre personas es rara y requiere de contacto muy cercano. En América, los brotes son pequeños, entre 200 y 300 al año aunque la transmisión es limitada y tienden a apagarse solos. Por tanto, no hay riesgo de pandemia ya que no es fácil su transmisión y no tiene la misma capacidad de propagación.

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