Carmen Posadas: «Estamos renunciando a un enorme caudal de experiencia y sabiduría cuando invisibilizamos a los sénior»
Conclusiones del VII Seminario Académico del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre
Los expertos defienden que el reto no es solo vivir más años, sino preservar la autonomía, la salud cognitiva y la calidad de vida
Los mayores de 55 años, mucho más que séniors: son ahorradores, consumidores sin culpa y el pilar de sus hijos
Jorge Rey revela el día en el que habrá que poner el aire acondicionado: "El verano se desatará" en esa fecha
¿Es legal que la comunidad o un vecino instale cámaras en las zonas comunes? La Ley de Propiedad Horizontal lo aclara
“El número de personas mayores en una sociedad es la medida del conocimiento, la experiencia y la inteligencia de grupo. Una sociedad con más personas capaces de transmitir lo aprendido a las nuevas generaciones tiene una ventaja enorme, porque el conocimiento no empieza de cero”. Esta ha sido una de las principales afirmaciones del paleontólogo Juan Luis Arsuaga, a preguntas del director del Centro de Investigación Ageingnomics, Juan Fernández Palacios, durante el VII Seminario Académico 2026 ‘Retos de la nueva longevidad’, organizado por dicho Centro de Fundación Mapfre y la Universidad Carlos III de Madrid.
Durante su intervención, el paleontólogo Juan Luis Arsuaga ha subrayado que “existe una confusión muy frecuente entre esperanza de vida y longevidad. Mucha gente cree que antes los seres humanos vivían treinta o cuarenta años y que hoy hemos duplicado nuestra capacidad natural de vivir, pero eso no es exactamente así. La esperanza de vida es una media estadística, mientras que la longevidad hace referencia al límite biológico de nuestra especie”.
En este sentido, Arsuaga ha ensalzado el valor de la medicina moderna, que ha permitido “conseguir que más gente llegue a edades avanzadas. Hoy, sobreviven muchas personas que en otros tiempos habrían muerto antes de tiempo”. Sin embargo, la cuestión no consiste únicamente en vivir más años, sino en preguntarse qué significa realmente prolongar la vida: “Una cosa es aumentar la cantidad de años y otra distinta mejorar la calidad de esos años. La verdadera reflexión es cómo queremos vivir ese tiempo y qué sentido tiene añadir más años si no van acompañados de bienestar y de una buena calidad de vida.”
El conocimiento no empieza de cero
Por su parte, Carmen Pérez González, vicerrectora de la Universidad Carlos III de Madrid, ha señalado que “la longevidad no es únicamente un fenómeno demográfico; la nueva longevidad es un asunto transversal que incluye también al empleo, la salud, los cuidados, la sostenibilidad, la tecnología, la innovación o la igualdad entre generaciones. Por ello, ninguna disciplina ni sector de forma individual ofrece respuesta suficiente a este modelo poliédrico”.
Ha defendido “la necesidad de fortalecer las alianzas entre universidad, administración pública, instituciones y sociedad civil, para afrontar este desafío de forma integral. Tenemos que apostar por respuestas multidisciplinares y diálogos de manera sistémica, como este Seminario Académico”. Por último, ha enfatizado en la obligación ética de evitar una mirada edadista y empobrecedora: “Hay que aprender a reconocer el capital que suponen los mayores de 55 años en nuestra sociedad y economía, y saber desarrollar marcos para potenciar esta fuente de riqueza”.
La jornada ha contado también con la participación de la escritora Carmen Posadas y de Elvira Vega, directora general de Fundación Mapfre, quienes han puesto en valor a las personas sénior en la sociedad y especialmente en el entorno laboral; un colectivo compuesto ya por más de 16,7 millones de personas, que representan el 34% de la población española. Ambas han dialogado sobre cómo históricamente la experiencia y la sabiduría de los mayores eran altamente valoradas, mientras que, actualmente, muchas veces se produce una invisibilización motivada principalmente por criterios económicos y culturales ligados al culto a la juventud.
“Las empresas y la sociedad se están dando cuenta de que no podemos renunciar al enorme caudal de experiencia, conocimiento y criterio que aportan las personas sénior. La combinación entre juventud y experiencia es lo que realmente fortalece a las empresas y a la sociedad”, ha destacado Posadas. Por su parte, Elvira Vega ha subrayado que “los sénior aportan no solo conocimiento técnico, sino también madurez, estabilidad y capacidad para tomar decisiones con perspectiva”.
La nueva longevidad
Asimismo, seis investigadores del ámbito académico y profesional han analizado algunos de los principales retos asociados al envejecimiento poblacional, como el deterioro cognitivo, la sostenibilidad de los seguros privados de salud, el envejecimiento urbano o la conciliación laboral.
Durante la primera parte de la jornada, se ha subrayado que uno de los grandes retos de la nueva longevidad no es únicamente vivir más años, sino preservar durante más tiempo la autonomía, la función cognitiva y la calidad de vida.
En este sentido, Carlos Spuch, investigador del grupo de Neurociencia Traslacional del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur, ha destacado que “la nueva longevidad debe aspirar a preservar la función cognitiva, la autonomía y la dignidad hasta el final de la vida. No podemos seguir esperando a que los síntomas sean evidentes para actuar. La medicina del futuro será preventiva, personalizada y periférica”.
Así, en su intervención, el investigador ha abordado el deterioro cognitivo, “un proceso silencioso y progresivo que comienza años antes de los primeros síntomas, cuando la neuroplasticidad aún es modulable”, y la necesidad de avanzar hacia diagnósticos más precoces y accesibles. Así, ha presentado la denominada “Firma SALVIA”, una herramienta basada en biomarcadores presentes en la saliva que permite detectar y clasificar el deterioro cognitivo de forma no invasiva. “Por primera vez, hemos demostrado que la saliva puede actuar como un espejo del cerebro. Lo que presentamos en este seminario no es solo un avance técnico, es un cambio de paradigma: pasar de un abordaje reactivo y tardío a un modelo preventivo, personalizado y accesible”.
Por su parte, Ander Matheu, investigador Ikerbasque y responsable del área de Envejecimiento del Instituto Investigación Sanitaria Biogipuzkoa, ha indicado que “el envejecimiento de la población es uno de los grandes desafíos de nuestra sociedad y requiere herramientas capaces de medir este proceso de forma personalizada”.
Envejecimiento y patrones de enfermedad
Para evitar esta situación, ha presentado un Índice de Resiliencia de Envejecimiento (IR), una herramienta que permite identificar distintas trayectorias de envejecimiento y patrones de enfermedad, y mejorar la medicina de precisión aplicada al envejecimiento, facilitando intervenciones preventivas, optimizando recursos sanitarios y contribuyendo a un envejecimiento más saludable y sostenible. “Así como existen biomarcadores para diagnóstico de enfermedades o escalas para predecir fragilidad o pérdida de capacidad funcional, sería interesante contar con una herramienta que permita predecir el envejecimiento que va a tener cada persona”, ha explicado.
En esta misma línea, Marcos Ríos, catedrático de psicología en la UNED y neuropsicólogo en NeuronUP, ha presentado un modelo de edad cerebral multicognición basado en métricas digitales obtenidas mediante pruebas neuropsicológicas y técnicas de inteligencia artificial, capaz de detectar procesos de envejecimiento cognitivo acelerado y facilitar herramientas de monitorización accesibles y escalables.
El doctor ha indicado que, “a través de una evaluación digital breve y objetiva, podemos obtener información muy valiosa sobre cómo está envejeciendo cognitivamente una persona e identificar perfiles específicos de deterioro según la enfermedad. Esto permite no solo diagnosticar, sino comprender qué funciones cognitivas están más afectadas en cada caso”.
Esta herramienta podría integrarse en programas de envejecimiento saludable, atención primaria o seguimientos periódicos en empresas, facilitando una detección temprana de trayectorias cognitivas anómalas antes de que aparezcan síntomas clínicos evidentes o pérdida funcional. “No se trata solo de medir el deterioro, sino de anticiparse a él y diseñar intervenciones ajustadas al perfil cognitivo de cada persona”, ha concluido.
Vida laboral y envejecimiento
Por su parte, Leire Gartzia, profesora de Liderazgo y Gestión del Cambio de Deusto Business School, ha abordado el impacto del envejecimiento en la conciliación laboral, destacando que el aumento de las responsabilidades de cuidado hacia personas mayores está generando nuevos conflictos entre trabajo y vida personal.
Su investigación pone de relieve cómo entre el 40% y el 60% de los trabajadores experimenta conflicto trabajo-familia, cada vez más vinculado al cuidado de padres mayores, una dimensión tradicionalmente invisibilizada en las políticas de conciliación.
Por eso, “la nueva longevidad exige incorporar de forma explícita el cuidado a padres y madres mayores en las políticas laborales”, destaca la experta. En este sentido, los resultados muestran que cuando más apoyo necesitan las personas mayores, menos margen real tienen sus hijos en activo para acompañarlas, debido a las crecientes exigencias laborales. “Este descenso del tiempo con padres mayores no es una cuestión individual, sino el reflejo de entornos laborales poco compatibles con la realidad de la longevidad”.
Asimismo, la investigadora ha defendido la necesidad de evolucionar hacia modelos laborales y sociales más inclusivos, que incorporen el cuidado de las personas mayores como un eje central en las políticas de conciliación y bienestar: “cuando los trabajadores perciben que se apoya la integración entre trabajo y vida personal, muestran mayores niveles de bienestar y satisfacción con su trabajo”.
Las ciudades ante el reto del envejecimiento urbano
Aunque el envejecimiento suele asociarse al mundo rural, la mayoría de las personas mayores vive en ciudades, donde además el crecimiento de este grupo es más acelerado.
Así lo ha destacado Carolina Montoro, profesora de Geografía y Ordenación del Territorio de la Universidad de Navarra, durante su ponencia. La investigadora ha explicado que existen importantes desigualdades territoriales: mientras las áreas urbanas del noroeste presentan mayores niveles de envejecimiento, otras zonas con mayor atracción migratoria muestran perfiles demográficos más jóvenes. Además, la migración internacional ha tenido un efecto rejuvenecedor temporal, especialmente en las grandes ciudades.
“En España, más del 20% de la población tiene más de 65 años, y esta cifra seguirá creciendo, y planteando retos sociales y económicos relevantes”, ha afirmado. El envejecimiento urbano será uno de los grandes fenómenos demográficos de las próximas décadas, con implicaciones en vivienda, movilidad, servicios públicos y diseño de ciudades más inclusivas y adaptadas a la longevidad. Ante esta realidad, Carolina propone varios modelos de envejecimiento urbano según nivel inicial y ritmo de crecimiento, lo que permite entender mejor la diversidad de situaciones.
La sostenibilidad del seguro de salud frente a la longevidad
María José Preciado, actuario No Vida en Mapfre SA, ha alertado sobre la creciente “brecha de aseguramiento”, ya que la población mayor de 65 años continúa estando infrarrepresentada en los seguros privados de salud, pese a su rápido crecimiento demográfico. Este fenómeno genera presión sobre el sistema público en un contexto de aumento del gasto sanitario. “La longevidad nos plantea un reto claro: construir sistemas de seguro de salud que no solo sean sostenibles, sino que garanticen una vida digna y protegida a las personas mayores”.
Para ello, ha presentado un modelo innovador de seguro de salud vitalicio con primas estables, diseñado para evitar incrementos inasumibles de coste en edades avanzadas y mejorar el acceso a la atención sanitaria, y que incorpora factores clave como la inflación y la evolución de los costes sanitarios: “los resultados muestran que una solución de este tipo es posible en España y abren el camino hacia nuevas formas de proteger a la población mayor desde el ámbito asegurador”.
Este tipo de productos, pueden contribuir a mejorar el acceso a la sanidad privada, aliviar la presión del sistema público y reforzar la sostenibilidad del sistema de salud. “Vivir más años no puede traducirse en una mayor vulnerabilidad. El seguro de salud debe evolucionar para acompañar una longevidad con calidad, equidad y justicia social”.
Temas:
- Mapfre