Carta en la revista científica The Lancet

¿Qué sistema político favorece nuestra salud?

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¿Qué sistema político favorece nuestra salud?
Las políticas al margen de los ciudadanos se traducen en peores resultados en salud.

Son relativamente abundantes los estudios sobre cómo los sistemas políticos influyen en el estado de salud de la ciudadanía. Sobre uno de los más recientes, publicado en la revista científica The Lancet, los expertos opinan y añaden que «no cualquier democracia» es buena para la salud, sino una con unos elementos concretos que no todas comparten.

La revista British Medical Journal ha dedicado un extenso monográfico a la cuestión, incluyendo aspectos como la preparación de los sistemas democráticos para las pandemias, y la tendencia a gobernar con «estilo autocráticoW como un factor que empeora la salud, entre otros aspectos.
En 2019, el responsable de relaciones internacionales de EE.UU. en el Programa Mundial de Salud, y sus colaboradores publicaban en la revista un estudio según el cual hay pruebas de que las democracias son mejores que los regímenes autoritarios en cuanto al estado de salud de sus respectivas poblaciones.

Ahora, una carta de varios expertos que ha publicado The Lancet en su última edición plantea la pregunta «¿Qué tipo de democracia?» Según ellos, decir que la democracia favorece la salud es «un argumento superficialmente convincente», que debe ir más allá de considerar democrático todo régimen en el cual se vota sin entrar en matices. Recuerdan que cuando estalló la epidemia muchas democracias se tambalearon. Entre los elementos que mencionan está la lucha contra la corrupción y la promoción de los derechos humanos.

En sus reflexiones citan a Josiah Ober, catedrático de ciencia política en la Universidad de Stanford (EE.UU.), que ha pasado gran parte de su carrera “despejando los cegadores adornos de la democracia liberal -autonomía personal, derechos naturales y justicia social- para descubrir qué puede entenderse, en su opinión como democracia. Los requisitos previos son libertad para pensar, hablar y asociarse con otros, además de un compromiso por contribuir al bienestar de todos y respetar la dignidad de los individuos.

Gobernar «al margen» del pueblo

Para Ober, la participación es más importante que el hecho de «estar representado» porque se ha votado. Los gobiernos, incluso los gobiernos que se forman en el marco de elecciones democráticas, que coartan la participación de los ciudadanos o su dignidad no encajarían en la definición estricta de democracia.

Los firmantes de la carta advierten contra los riesgos de caer en una polarización del debate sanitario. «Estamos convencidos de que las democracias, en general, son beneficiosas para la salud, incluso en el marco de una crisis tan grave como la pandemia de Covid», escriben.

No obstante, consideran también que «hablar de salud y de sistemas sanitarios en una categoría tan amplia como las democracias no parece la mejor estrategia para abordar la cuestión, dadas las complejidades del mundo actual». En lugar de ello, proponen fijarse en indicadores como el acceso a los servicios sanitarios, la igualdad en los cuidados y la participación social en las políticas sanitarias.

En España, muchas sociedades científicas, asociaciones de pacientes y otras entidades del mundo de la salud llevan tiempo hablando de desigualdad en el acceso a la innovación.

Más aún, los firmantes aseguran que no se trata solamente de que se evalúe a los países en términos de democracia en general y resultados en salud, sino que se preste especial atención a los procesos que utilizan para tomar decisiones. Esos procesos pueden ser más o menos transparentes y participativos dependiendo de sus particularidades y de circunstancias variables.

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