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La psicología dice que las personas que sienten satisfacción frente a las desgracias ajenas no son malas, sino que tienen una sensibilidad aguda hacia la equidad

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

El término alemán «schadenfreude» hace referencia a la sensación de satisfacción, placer o incluso alegría que puede surgir ante la desgracia ajena. Aunque podría parecer un fenómeno puntual, se ha descrito desde la Antigüedad con distintos nombres y enfoques. En la Grecia clásica se utilizaba el término «epicaricacia» para referirse a un sentimiento similar de placer ante la desgracia de otros. En la Roma antigua, en cambio, se hablaba de «malevolencia» para describir este fenómeno. Durante la Edad Media, Tomás de Aquino consideraba el «schadenfreude» como una emoción negativa derivada de la envidia, el resentimiento y la difamación.

Las investigaciones realizadas en el ámbito de la psicología sugieren que este fenómeno se manifiesta principalmente de tres formas. Por un lado, la agresión; la persona experimenta placer cuando alguien de un grupo rival sufre un acontecimiento negativo. Por otro lado, la rivalidad; en este caso, el individuo se compara constantemente con otros con otros, de modo que la desgracia ajena genera una sensación de alivio o superioridad. Y, por último, la justicia; el mal ajeno se percibe como una especie de compensación moral, ya que la persona siente que lo ocurrido es «merecido», lo que produce una sensación de equilibrio.

‘Schadenfreude’: satisfacción ante la desgracia ajena

El «síndrome de schadenfreude» de acuerdo a Guzmán Martínez , es un «fenómeno psicológico que con frecuencia se relaciona con la falta de empatía y compasión, con lo cual, suele asociarse a las personalidades antisociales». Por su parte, Rocío Carmona (2018) describe los «cinco rasgos del schadenfreude», que ayudan a comprender mejor este fenómeno:

De acuerdo con un estudio de 2020 publicado en Diferencias individuales y de personalidad, la respuesta podría ser tan sencilla como si una persona nos resulta agradable o no.

En este estudio, los investigadores analizaron las reacciones de varios participantes durante tareas de apuestas en las que podían ganar o perder, o bien observar a otras personas (incluidos desconocidos) realizando dichas apuestas. Los resultados mostraron que, cuando el jugador era un desconocido o alguien percibido como agradable, los participantes tendían a mostrar empatía ante sus resultados. Sin embargo, cuando el jugador era considerado desagradable, los individuos con una orientación más centrada en el «yo» (es decir, que priorizan el interés propio) tenían mayor probabilidad de experimentar «schadenfreude». En cambio, las personas enfocadas en el bienestar colectivo, mostraban niveles más altos de empatía hacia el jugador, independientemente del resultado.

Pero, ¿es dañino sentir alguna alegría ante la desgracia ajena? «A veces invitamos a las personas a sentir schadenfreude a cuesta propia, por ejemplo, cuando llegamos a un nuevo trabajo y contamos una anécdota sobre un desastre que nos ocurrió de camino al trabajo, queremos que los demás se rían de nuestro sufrimiento para que no nos perciban como una amenaza», explica Tiffany Watt Smith, autora de «Schadenfreude: la alegría por el infortunio de alguien más».

La ‘alegría maliciosa’

Un trabajo desarrollado por el Laboratorio de Estudios sobre Convivencia y Prevención de la Violencia (LAECOVI) de la Universidad de Córdoba plantea la creación y validación de una escala para medir la llamada «alegría maliciosa» en contextos escolares.

El estudio parte de la idea de que esta emoción podría estar relacionada con conductas agresivas en la adolescencia, tanto en el entorno presencial como en el digital. Para ello, los investigadores se apoyan en dos marcos teóricos principales: la teoría del merecimiento, que explica la tendencia a considerar que ciertas personas «merecen» lo que les ocurre en función de sus actos, y la teoría de la identidad social, que analiza cómo la pertenencia a grupos influye en la percepción y el trato hacia los demás.

Según los autores, la «alegría maliciosa» se puede entender a partir de dos dimensiones fundamentales. Por un lado, la satisfacción derivada de ver cómo alguien percibido como merecedor de castigo sufre consecuencias negativas. Por otro, la emoción que surge del rechazo hacia la persona afectada, ya sea por antipatía, envidia o por no pertenecer al propio grupo.

La escala diseñada, compuesta por nueve ítems, fue aplicada a una muestra de más de 3.000 estudiantes de entre 10 y 17 años, mostrando su utilidad para medir esta emoción de manera consistente en diferentes edades y géneros. Los resultados indicaron que esta forma de «alegría maliciosa» es relativamente frecuente entre los adolescentes.