Investigadores alertan: no hay evidencia científica que respalde la ketamina para el dolor crónico
La revisión busca guiar a pacientes y profesionales de la salud para evaluar riesgos y beneficios
Un grupo de científicos de la UNSW Sídney, Neuroscience Research Australia (NeuRA) y la Universidad Brunel de Londres concluyó que el uso de ketamina fuera de indicación médica para el dolor crónico carece de respaldo científico. Según los resultados, no hay evidencia clara de que este fármaco ofrezca beneficios en estas condiciones, mientras que sí se identifican riesgos importantes de efectos adversos, como delirios, paranoia, náuseas y vómitos.
Los investigadores revisaron 67 ensayos que incluyeron a más de 2.300 adultos y evaluaron cinco antagonistas del receptor NMDA —ketamina, memantina, dextrometorfano, amantadina y magnesio— que se cree pueden reducir el dolor al bloquear ciertos receptores cerebrales relacionados con la señalización del dolor. Analizaron su eficacia en diversas afecciones de dolor crónico y distintos esquemas de dosificación, pero no encontraron evidencia clara de beneficio en ninguna condición o dosis específica. Los efectos secundarios fueron especialmente preocupantes en tratamientos intravenosos.
«Estos efectos son angustiantes para muchos pacientes. Los médicos intentan equilibrar la dosis para aliviar el dolor sin provocar estos síntomas, pero no siempre lo logran», explica Michael Ferraro, candidato a doctorado en UNSW y NeuRA, y primer autor de la revisión. Ferraro enfatiza que «no afirmamos que la ketamina sea ineficaz, pero existe mucha incertidumbre. Los datos podrían indicar un beneficio o ningún efecto; por el momento, simplemente no lo sabemos».
Además, el estudio detectó una ausencia de información sobre dos resultados clave: si la ketamina reduce los síntomas depresivos o disminuye el consumo de opioides, lo cual es relevante ya que la ketamina suele recomendarse a pacientes con depresión o tolerancia a opioides.
El profesor Neil O’Connell, de la Universidad Brunel y coautor principal, advierte que «se debe ser extremadamente cauteloso en la práctica clínica» y resalta la necesidad urgente de ensayos clínicos de alta calidad. Por su parte, James McAuley, investigador principal de NeuRA, añade que «hemos visto los daños que provoca aplicar fármacos diseñados para dolor agudo al dolor crónico; los opioides son un ejemplo claro, y ahora observamos un patrón similar con la ketamina».
Los autores concluyen que, aunque existe demanda creciente de alternativas al uso de opioides, su utilización generalizada sin evidencia sólida es arriesgada. La revisión busca guiar a pacientes y profesionales de la salud para evaluar riesgos y beneficios, y enfatiza la importancia de investigación futura rigurosa que determine si la ketamina puede desempeñar un papel seguro y eficaz en el tratamiento del dolor crónico.
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