Los crucigramas ayudan, pero hay más opciones: la actividad Montessori que ayuda a evitar el declive cognitivo a partir de los 65 años
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Los crucigramas y los sudokus llevan décadas como la referencia para mantener la mente ágil, pero la metodología Montessori propone una alternativa distinta para los mayores de 65 años: la Torre Rosa adaptada.
Este material, diseñado originalmente para niños, consiste en 10 cubos de madera que se ordenan de mayor a menor tamaño, y su versión para adultos mayores frena el declive cognitivo a través del movimiento y el tacto, más allá del razonamiento abstracto.
Miriam Ródenas Rodríguez, educadora social y técnico en Recursos Montessori para Mayores en la Residencia Virgen del Rosario de Roquetas de Mar (Almería), define este método como una filosofía flexible, innovadora y especialmente novedosa en el cuidado de las personas mayores.
A diferencia de un crucigrama, que ejercita casi en solitario el lenguaje y la memoria semántica, la Torre Rosa activa a la vez la corteza motora, el lóbulo parietal y las funciones ejecutivas del lóbulo frontal.
Qué es y cómo funciona la Torre Rosa Montessori adaptada para mayores de 65 años
La Torre Rosa Montessori adaptada convierte el simple gesto de ordenar cubos en un entrenamiento integral del cuerpo y la mente. Levantar y centrar bloques de distinto peso ejercita la coordinación entre ambas manos, mientras que los agarres de diámetros variados mantienen la flexibilidad de los dedos y ayudan a prevenir la artrosis.
Calibrar la fuerza necesaria para sostener cada cubo reactiva los receptores nerviosos de los músculos, un proceso conocido como propiocepción, y traducir un tamaño visual en una acción física crea nuevas conexiones neuronales que alimentan la reserva cognitiva. El control de error del propio material, visible cuando una torre se desalinea o un cubo no encaja, permite además que la persona mayor trabaje sola y sin frustración.
Qué mecanismo explica que el método Montessori funcione a los 65 años
El método Montessori funciona porque se apoya en la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para seguir creando conexiones neuronales incluso en la vejez, y en el aprendizaje multisensorial. Tocar, sopesar, rotar y alinear objetos combina el movimiento físico con el pensamiento lógico, y esa combinación genera una estimulación cerebral más completa que resolver un crucigrama sobre el papel.
Las actividades de seriación, como ordenar los cubos de mayor a menor, obligan al lóbulo frontal a planificar cada paso, secuenciar acciones y mantener la atención centrada en la tarea. Estas funciones ejecutivas suelen ser las primeras en deteriorarse con la edad o con enfermedades neurodegenerativas, y el ejercicio contribuye a preservarlas.
El material también reactiva la memoria procedimental, esa que permite recordar cómo se hacen las cosas con el cuerpo y que resiste mejor el paso del tiempo que la memoria de datos. El agarre en pinza que exige colocar cada cubo entrena el mismo gesto que abrochar un botón, y calibrar el peso de los bloques prepara la mano para sostener una taza sin derramar el contenido.
Cómo reproducir la Torre Rosa Montessori en casa sin material profesional
Reproducir esta actividad en casa no exige comprar el material Montessori original en madera. Unos recipientes de plástico que encajen unos dentro de otros, o cajas de cartón de distintos tamaños rellenas de arena o legumbres de forma proporcional, cumplen la misma función si la pieza más grande pesa más que la más pequeña.
El cuidador dibuja la base de cada recipiente sobre una hoja de papel blanco y recorta esos cuadrados para crear las plantillas geométricas. Coloca después la mesa del comedor despejada, cubierta con un mantel liso y oscuro que contraste con los objetos, y con buena luz para evitar sombras que distorsionen la percepción del volumen.
La sesión avanza en cuatro pasos. Primero, el adulto mayor explora libremente las cajas desordenadas. Después ordena las plantillas de papel en una fila, de la más grande a la más pequeña, y empareja cada caja con su plantilla correspondiente. Por último, si mantiene buen pulso, apila las cajas en vertical centrando cada pieza con ambas manos.
El cuidador evita corregir en voz alta cuando una pieza queda mal colocada. Al terminar, invita a la persona a mirar la fila de lado y a detectar por sí misma si algún bloque sobresale, un método que refuerza el autorreconocimiento del error.
Sesiones de 10 a 15 minutos por la mañana, cuando la fatiga cognitiva es menor, bastan para notar el beneficio sin agotar la concentración.
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