Nutrición

El caldo de huesos aporta proteínas, pero no garantiza una mayor producción de colágeno

"Puede ayudar a algunas personas a notar menos molestias, pero no regenera el cartílago", señala el experto sobre la suplementación con colágeno

El caldo de huesos aporta proteínas, pero no garantiza una mayor producción de colágeno
Un caldo de huesos.
Diego Buenosvinos

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El colágeno es la proteína más abundante del cuerpo humano y representa aproximadamente un tercio de sus proteínas. Está presente en la piel, los huesos, los cartílagos, los tendones y los ligamentos donde proporciona resistencia, firmeza y flexibilidad. Su producción y degradación se producen de forma continua, aunque a ritmos diferentes según el tejido. Con el envejecimiento, la capacidad del organismo para sintetizarlo disminuye, un proceso que también puede verse acelerado por factores como la exposición solar, el tabaco o una alimentación inadecuada.

En este contexto, el caldo de huesos se ha popularizado como una fuente natural de colágeno. Sin embargo, los estudios disponibles no permiten confirmar sus supuestos efectos rejuvenecedores. «Actualmente no existen ensayos clínicos controlados en humanos, de calidad, que demuestren que su consumo mejora la piel, la densidad ósea o el dolor articular», afirma Zoido.

Además, la cantidad de aminoácidos relacionados con la formación de colágeno que contiene el caldo varía considerablemente según su preparación y suele ser inferior a las dosis utilizadas en los estudios sobre suplementación. Su aporte de minerales también es limitado, ya que una ración proporciona menos del 5 % de las necesidades diarias de calcio y magnesio. Pese a ello, el profesor de la Universidad Europea de Andalucía recuerda que el caldo puede formar parte de una alimentación saludable, «un buen caldo casero es un alimento tradicional, reconfortante, que hidrata y aporta algo de proteína y puede ser muy útil en personas mayores con poco apetito o en una convalecencia».

Uno de los principales errores es pensar que el colágeno ingerido se incorpora directamente a la piel o a las articulaciones. Durante la digestión, esta proteína se descompone principalmente en aminoácidos que el organismo utiliza en función de sus necesidades. «El organismo no recibe la casa montada, recibe las piezas sueltas (y quizá alguna instrucción), y es él quien decide qué construir con ellas según sus necesidades», explica Zoido.

¿Son más eficaces los suplementos de colágeno?

A diferencia del caldo de huesos, los suplementos de colágeno hidrolizado cuentan con un mayor número de investigaciones, aunque sus resultados deben interpretarse con cautela. Algunos estudios han observado mejoras moderadas en la hidratación y elasticidad de la piel tras varias semanas de consumo. Sin embargo, un metaanálisis publicado en 2025, que reunió 23 ensayos y cerca de 1.500 participantes, encontró que estos beneficios desaparecían al analizar únicamente los estudios de mayor calidad o los no financiados por la industria.

En el ámbito de la salud articular, los resultados son algo más favorables. Algunas investigaciones apuntan a una reducción pequeña del dolor y la rigidez en personas con artrosis, aunque los efectos no son iguales en todos los pacientes y muchos estudios tienen una duración limitada. «Puede ayudar a algunas personas a notar menos molestias, pero no regenera el cartílago», advierte el profesor de la Universidad Europea de Andalucía.

El experto recuerda, además, que la investigación sobre estos productos presenta algunas limitaciones que conviene tener en cuenta. «La mayoría de los estudios son cortos (seis meses o menos) y muchos están financiados por fabricantes», señala Zoido, quien insiste en la importancia de valorar la calidad de la evidencia científica antes de atribuir determinados beneficios a los suplementos.

La alimentación también desempeña un papel importante en la producción natural de colágeno. La vitamina C es imprescindible para su formación, mientras que nutrientes como el zinc, el cobre, el hierro y las proteínas participan en distintos procesos relacionados con su síntesis y mantenimiento. No obstante, el experto insiste en «la importancia de considerar el conjunto de la dieta y no centrarse exclusivamente en determinados nutrientes o productos».

A estos factores se suman los hábitos cotidianos. «La radiación ultravioleta acelera la degradación del colágeno de la piel, mientras que el tabaco, el sedentarismo, el estrés crónico y la falta de sueño también pueden perjudicar los procesos relacionados con su mantenimiento. Por el contrario, una alimentación variada, el ejercicio físico adaptado y la protección solar contribuyen al cuidado de los tejidos», detalla el docente.

En cuanto al consumo de estos productos, el profesor recomienda prestar atención al contenido en sal de los caldos comerciales, especialmente en personas con hipertensión o enfermedad renal, y comprobar el origen y la calidad de los suplementos ante posibles alergias o interacciones con otros componentes. Asimismo, recuerda que determinados colectivos como las embarazadas, las personas con enfermedades renales o quienes toman varios medicamentos, deberían consultar previamente con un profesional sanitario.

En definitiva, ni el caldo de huesos ni los suplementos de colágeno pueden sustituir una alimentación equilibrada y unos hábitos de vida saludables. «Lo que mejor funciona para la piel, los huesos y las articulaciones suele ser lo menos llamativo, es decir, comer bien, moverse, protegerse del sol, no fumar y descansar», concluye el profesor de la Universidad Europea de Andalucía.

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