Baloncesto

FINAL FOUR: REAL MADRID VS FENERBAHCE

En las manos de Ayón

Gustavo Ayón llegó al Real Madrid como un semidesconocido para el público, pero en el tramo final de su tercera temporada como madridista, pocos o ninguno se atreven a cuestionar su importancia capital en un proyecto que, llegado el fin de semana clave de la temporada, le necesita más que nunca. El Fenerbahce, ante su temido público, será el rival madridista en semifinales de la Final Four de la Euroliga, el penúltimo escollo para lograr aquello con lo que sueñan todos los madridistas, y para lo que necesitan a su guardián.

La importancia de Ayón de cara al encuentro frente al Fenerbahce es, si cabe, mayor a la que habitúa frente al resto de rivales a los que se ha enfrentado el Madrid esta temporada. El mexicano, un perfil de pívot irrepetible en el panorama europeo, se maneja más rápido y con mayor inteligencia que la mayoría, sin que esto afecte a lo rocoso y poderoso de su figura. “Estamos en sus manos”, llegan a afirmar en el club, sabedores de lo necesario de un buen papel del pívot para optar a la victoria.

Gustavo tendrá enfrente a dos de los pívots más dominantes del continente, Ekpe Udoh y Jan Vesely, cuyo perfil físico pondera por encima del resto de cualidades, y Ayón tendrá una doble misión que, de cumplirse, acercaría al Real al pase a la final definitiva. En primer lugar, el ’14’ madridista deberá frenar el impacto ofensivo de la pareja, que actuará por separado pero también junta varios minutos, si Obradovic lo cree necesario.

Para ello, el Madrid cuenta con uno de los jugadores, ya no solo interiores, más inteligentes a la hora de acudir a las ayudas y elegir el momento de meter la mano para robar o taponar, algo que deberá realizarse sin dudas y con el riesgo de dejar solos a dos pívots para los que jugar por encima del aro no requiere dificultad alguna.

En el aro contrario, Ayón deberá ejercer de ejecutor, pero también de repartidor, tanto directo como indirecto. En una labor no siempre ponderada, el ‘5’ deberá sacar réditos de su dominio del bloqueo y la continuación, algo que maneja con mayor rapidez que la mayoría por su velocidad de piernas y –sobre todo– de manos.

Real Madrid
Ayón y Vesely pelean por un balón en la Final Four 2015. (Getty)

Con un manejo de la recepción digno de un base, el internacional mexicano es capaz de agarrar un pase cercano al suelo y acabar la jugada con efectividad, o doblar el balón a una esquina para que un compañero tire un triple librado. En definitiva, dotar de más recursos a un Real Madrid, que los va a necesitar todos para vencer a Fenerbahce.

Todas estas cualidades se vieron recogidas, junto a la de la puntualidad, en el encuentro del que tantos turcos buscarán vengarse el viernes, la semifinal de 2015 que enfrentó a Real Madrid y Fenerbahce, en la que los blancos se impusieron, en gran medida, gracias a la suprema actuación de Ayón. El mexicano se fue hasta los 30 de valoración con una carta que incluyó 18 puntos, 7 rebotes, 6 asistencias y la sensación de omnipresencia en ambos lados de la cancha que maniató a los interiores de Fenerbahce, compungidos y frustrados por el torbellino que les estaba pasando por encima en el día D.

Laso, su gran valedor

La continuidad de Ayón en el proyecto del Real Madrid no se puede entender sin mencionar a Pablo Laso. El técnico vitoriano se cerró en banda cuando el pasado verano, debido a las complicaciones con la renovación del jugador, el Real Madrid llegó a pensar seriamente no renovar a Gustavo.  Laso no solo mostró su desacuerdo, sino que tiró de la cuerda hasta que el pívot, su pívot, pudiera seguir vistiendo la elástica madridista en la 2016-17. El tiempo se encargaría de disipar todas las dudas.

Lo ha demostrado en muchas ocasiones y no va a amilanarse por lo hostil del ambiente que se espera en Estambul. Gustavo Ayón es uno de esos jugadores, a los que también pertenecen Sergio Llull o Andrés Nocioni, que alzan la mano cuando se atisba la adversidad. El Titán ya ha sacado las castañas del fuego en más de una ocasión como madridista, y a sus 32 años, la posibilidad de ganar otra Euroliga resulta demasiado seductora como para no dejarlo todo en la pista, donde sabe que se medirá a los mejores pívots del continente, por lo que el reto personal será igual de complicado como el colectivo, el de hacerse con el título con el que sueña el madridismo.

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