El pequeño pueblo del País Vasco que ha enamorado a Marta Pombo: tiene sólo 4.000 habitantes y mucho encanto
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Marta Pombo, influencer que es además hermana de María y Lucía Pombo, ha vuelto este verano a Vizcaya junto a su marido, el odontólogo Luis Zamalloa, y sus hijas. Después de pasar unos días en Cantabria, la familia ha elegido Plentzia, un pequeño municipio costero de unos 4.000 habitantes situado a poco más de 20 kilómetros de Bilbao. En su caso no es un destino descubierto por casualidad ya que Zamalloa pasó parte de su infancia allí y continúa regresando años después.
Plentzia se encuentra en la comarca de Uribe Kosta, junto a la desembocadura de la ría del Butroe y frente al Cantábrico. El pueblo comparte bahía con Gorliz y reúne en muy poco espacio una playa, un casco antiguo con siglos de historia, el puerto y un paseo junto a la ría. Su cercanía con Bilbao y la posibilidad de llegar directamente en metro hacen también que sea una escapada habitual para quienes quieren acercarse a la costa sin realizar un desplazamiento demasiado largo. Para Zamalloa, sin embargo, volver tiene un significado bastante más personal. «¡Este pueblo me ha visto crecer!», escribió en redes en una de sus visitas. El odontólogo también contó la ilusión que le hacía estar allí con sus hijas y poder explicarles sus recuerdos. Marta Pombo reaccionó entonces con una frase similar: «Qué suerte de infancia y qué suerte poder enseñárselo a las tres». No era la primera vez que la pareja mostraba Plentzia en sus redes y este verano han vuelto a repetir destino.
El pequeño pueblo del País Vasco que ha enamorado a Marta Pombo
La relación de Luis Zamalloa con Plentzia permite entender por qué el matrimonio regresa con frecuencia. El odontólogo es bilbaíno y conoce esta zona desde pequeño, por lo que las visitas familiares están ligadas a sus propios recuerdos. Ahora son sus hijas las que pasean por los mismos lugares y conocen poco a poco una parte de la infancia de su padre.
En marzo de 2024, Marta Pombo ya publicó imágenes de un paseo familiar por la playa. Un año después, en agosto de 2025, volvieron a dejar constancia de su paso por la localidad. Aquel día el tiempo no acompañaba demasiado y la familia terminó tomando un helado en el puerto. Zamalloa aprovechó también el viaje para recordar algunos lugares cotidianos de aquellos años, entre ellos el Eroski de Leioa donde, según contó, sus padres habían hecho la compra «toda la vida». Plentzia está lo suficientemente cerca de Bilbao como para llegar con facilidad, pero mantiene el ambiente de una pequeña localidad costera. Además del coche y las líneas de Bizkaibus, se puede viajar hasta allí mediante la Línea 1 de Metro Bilbao, que tiene en el municipio su estación terminal.
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Plentzia conserva las huellas de su pasado medieval
La historia de Plentzia empezó mucho antes de que su playa se llenara de bañistas cada verano. En 1299 se fundó la villa de Placencia de Butrón, el nombre con el que se conoció originalmente a la localidad. Con los siglos acabaría derivando en Plencia y, más tarde, en la denominación actual. El mar ya ocupaba entonces un papel fundamental en la vida del pueblo. Buena parte de sus vecinos vivieron de la pesca y la navegación, mientras que la construcción de barcos se convirtió también en una actividad importante.
Basta alejarse un poco de la playa para encontrarse con esa otra cara del municipio. El casco histórico mantiene el trazado de calles estrechas propio de la antigua villa y concentra algunos de sus edificios más representativos. Entre ellos está la iglesia de Santa María Magdalena, con una torre del siglo XVI. Muy cerca se encuentra el antiguo ayuntamiento, un edificio de piedra que hoy es la sede del Museo de Plazentia Butrón, donde se recoge buena parte de la historia de Plentzia. Tampoco desaparecieron por completo las antiguas defensas de la villa. El Arco de Santiago es uno de los restos que se conservan de la muralla que en su día rodeó Plentzia. En el recorrido aparece también la Torre Barri, vinculada al linaje de Butrón y reconocible por el escudo de piedra de su fachada.
La playa de Plentzia y uno de sus secretos bajo el Cantábrico
El agua vuelve a ser protagonista al abandonar las calles del centro. La ría de Plentzia, con sus pequeñas embarcaciones, acompaña el camino hasta la bahía. Allí se encuentra la playa, uno de los puntos más concurridos durante los meses de verano y también uno de los lugares que Marta Pombo y su familia han mostrado durante sus estancias en Vizcaya. En el arenal se practican actividades como piragüismo, paddle surf, buceo o windsurf. Quienes prefieran caminar pueden continuar por el paseo entre Plentzia y Gorliz, que permite recorrer la bahía sin necesidad de alejarse demasiado de ambos núcleos urbanos.
Plentzia guarda además una peculiaridad que no se aprecia desde la orilla. En sus aguas funciona Crusoe Treasure, un proyecto en el que determinadas botellas de vino envejecen bajo el mar. Una bodega submarina que se ha sumado a los atractivos más tradicionales del municipio. Y queda la gastronomía. El pasado marinero se nota en una oferta donde los pescados y mariscos comparten protagonismo con los pintxos. A comienzos de septiembre llegan además las fiestas de San Antolín, una de las principales celebraciones locales.