Opinión

Yllanes, un juez que fomenta la injusticia

El primer mandamiento de un juez debe ser fomentar y proteger la justicia. La etimología de la palabra no deja lugar a la duda: «el que indica o dice el derecho».  Juan Pedro Yllanes ha vuelto a demostrar que para él la equidad es un concepto que puede manipular a su antojo. Aplica un sesgo a sus decisiones que le desacreditan totalmente y que no hacen sino alimentar las sospechas de lo parciales que debían ser sus sentencias cuando se dedicaba a la judicatura. Como ya le ha recordado varias veces la oposición, por el bien general mejor que no vuelva a ponerse nunca una toga.

El próximo día 29 se celebra en el Palau de Congresos el Día del Recuerdo. Se trata de un gigantesco homenaje del Govern a las víctimas de la Guerra Civil pero, ojo, sólo a las víctimas franquistas. En la relación de damnificados no aparecen ni los civiles fallecidos a causa de los bombardeos republicanos en Mallorca durante la Guerra Civil, ni los 93 asesinatos cometidos por las tropas republicanas en el Castillo de Ibiza en represalia por los bombardeos de la aviación italiana ni figuras tan simbólicas como el cura menorquín Juan Huguet, asesinado al inicio de la contienda bélica por el brigada republicano Pedro Marqués que, por cierto, sí es considerado una víctima. Una víctima que asesinó a un religioso a sangre fría. Ese es el tamiz desde el que valora el antiguo juez Jaime Yllanes.

El sesgo del diputado Podemita no sólo es repugnante. También es estúpido. Por mucho que quiera ocultarlas, las víctimas del otro bando también tienen familia. Una familia que les recuerda y que sabe quienes fueron sus asesinos. Y que asiste con la más profunda de las tristezas a un homenaje en el que el propio Govern les niega su existencia, pero así es la izquierda radical, para la que sólo adquieren el carácter de víctimas aquellos que profesan su misma ideología política. Lo realmente triste es que en aquella contienda la inmensa mayoría eran apolíticos, entre otras cosas porque la España de la época era rural y profundamente analfabeta. Simplemente cayeron en el lugar equivocado en el momento equivocado. Cualquiera con un mínimo de conocimiento histórico lo sabe. Por eso Yllanes no hace otra cosa que quedar en el más absoluto de los ridículos.