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Suena raro pero la ciencia lo avala: el animal que pasó de ser especie invasora a un gran recurso productivo

  • Betania Vidal
  • Redactora y analista de contenidos SEO especialista en bienestar, psicología, traducción, creación de sitios web y liderazgo de proyectos online.

Durante años, la ostra del Pacífico fue vista como un problema sin solución en la costa sur de Buenos Aires. Se expandía sin control, desplazaba especies locales y complicaba la vida en playas y estuarios.

Pero algo empezó a cambiar cuando un grupo de investigadores decidió mirar el problema desde otro ángulo. En lugar de centrarse solo en cómo frenarla, se preguntaron si podía aprovecharse de forma responsable. La respuesta no vino del laboratorio únicamente, sino de la unión entre ciencia, industria y territorio.

El resultado es un proyecto liderado por equipos del CONICET en Bahía Blanca que trabaja con la ostra del Pacífico, Crassostrea gigas, para transformarla en un producto alimentario de valor. Se trata de una iniciativa que combina control biológico, desarrollo industrial y economía regional.

La ostra del Pacífico y la investigación detrás del proyecto

La protagonista de esta historia es la ostra del Pacífico, una especie originaria de Asia que llegó de forma ilegal a Bahía San Blas a comienzos de los años 80. Desde entonces, su expansión ha sido constante a lo largo de la costa bonaerense, especialmente en el partido de Patagones.

Su presencia masiva altera los ecosistemas marinos, reduce la biodiversidad y afecta zonas sensibles como el estuario de Bahía Blanca. También tiene consecuencias sociales claras, desde valvas cortantes en áreas de baño hasta cambios en el paisaje costero.

Ante esta situación, investigadores del Instituto Argentino de Oceanografía, junto con equipos de PLAPIQUI e INBIOSUR, todos del CONICET y la Universidad Nacional del Sur, empezaron a trabajar en aprovechar esa sobrepoblación como materia prima. El proyecto se desarrolló en colaboración con la empresa regional Cultivo Ostras SAS.

El objetivo era crear un producto con valor añadido que permitiera extraer biomasa de forma intensiva y controlada. Así nació el desarrollo de la primera salsa de ostras producida en Argentina, un alimento habitual en otros mercados pero hasta ahora importado.

El trabajo no fue solo gastronómico. Hubo que diseñar procesos industriales, validar la seguridad alimentaria y garantizar que la materia prima procediera de zonas certificadas por SENASA, concretamente del área entre Los Pocitos y Bahía San Blas.

Cómo impacta este proyecto de la ostra del Pacífico

Este desarrollo supone una herramienta de control de una especie invasora mediante explotación industrial, algo poco habitual en Argentina. A mayor escala de producción, menor presión reproductiva sobre el ecosistema.

También abre una vía de diversificación económica para zonas costeras con pocas alternativas productivas. Genera empleo, formación técnica y refuerza el vínculo entre ciencia aplicada e industria local, con un impacto directo en la región de Bahía Blanca y Patagones.

El proyecto se encuentra en su fase final de validación técnica y regulatoria, con análisis nutricionales y estudios de vida útil en marcha. Si todo avanza según lo previsto, la producción piloto podría marcar un antes y un después en la gestión de recursos costeros en el país.

Convertir un error ambiental del pasado en una solución sostenible no es sencillo, pero este caso demuestra que, con conocimiento y planificación, incluso una plaga puede ser vista como una oportunidad.