Ciencia
Mujeres de la ciencia

Fue una de las mejores científicas del siglo XX y revolucionó la óptica moderna, pero jamás le dieron el Nobel

Pionera en física y química de superficie, esta científica revolucionó la óptica moderna con un invento clave y, aun así, nunca recibió el Premio Nobel. Su trabajo transformó la forma en que interactúa la luz con el vidrio y abrió un campo que hoy resulta esencial en múltiples dispositivos.

Aunque el nombre de Katharine Burr no siempre aparece junto al de otros grandes referentes del siglo XX, su trayectoria fue excepcional desde muy joven. Fue la primera mujer en alcanzar hitos académicos y profesionales en instituciones dominadas por hombres, y dejó una huella profunda en la investigación industrial y universitaria.

Katharine Burr Blodgett, la física que cambió la óptica sin ganar el Nobel

Katharine Burr Blodgett nació el 10 de enero de 1898 en Schenectady, Nueva York. Desde niña destacó por su talento en matemáticas y ciencias, lo que la llevó a ingresar con apenas quince años en una institución universitaria. Más adelante obtuvo una beca para el Bryn Mawr College, donde se graduó en Física tras sobresalir en su promoción.

Su interés por la investigación se consolidó tras visitar la planta de General Electric en Schenectady. Allí conoció al químico Irving Langmuir, quien la animó a ampliar su formación antes de incorporarse al trabajo científico. Siguiendo ese consejo, se matriculó en la Universidad de Chicago en 1918 y obtuvo el título de máster a los 19 años.

Durante la Primera Guerra Mundial centró su tesis en la estructura química de las máscaras de gas, en un contexto donde estos dispositivos eran esenciales para proteger a las tropas. Sus investigaciones demostraron que numerosos gases venenosos podían ser adsorbidos por moléculas de carbono, y publicó un artículo en Physical Review con apenas 21 años.

En 1924 fue aceptada en el laboratorio Cavendish, dirigido por Ernest Rutherford. Dos años después se convirtió en la primera mujer en obtener un doctorado en Física por la Universidad de Cambridge. Su tesis analizó el comportamiento de los electrones en vapor de mercurio ionizado.

El cristal no reflectante que transformó cámaras, pantallas y lentes

Tras completar su formación, Katharine Burr regresó a General Electric, donde fue la primera mujer en trabajar como científica en el laboratorio de Schenectady. Allí desarrolló una intensa carrera investigadora y colaboró estrechamente con Langmuir en el estudio de recubrimientos monomoleculares.

En 1933 diseñó un método para medir el espesor de películas extremadamente finas mediante la correlación entre su grosor y el color que presentaban. Ese avance técnico resultó decisivo para el paso siguiente.

Cinco años más tarde creó un sistema para fabricar vidrio no reflectante. El vidrio común refleja una parte significativa de la luz, pero aplicando un revestimiento compuesto por 44 capas de jabón líquido, cada una de una sola molécula de espesor, logró que el 99% de la luz atravesara la superficie. Registró esta innovación en marzo de 1938 bajo la patente número 2,220,660, titulada «Film Structure and Method of Preparation».

Este desarrollo inauguró el campo de los recubrimientos ópticos modernos, hoy utilizados de forma universal en cámaras, telescopios, parabrisas, ordenadores, pantallas de televisión, gafas y lentes.

A lo largo de su carrera obtuvo ocho patentes en Estados Unidos y dos en Canadá, además de publicar 30 artículos científicos. Recibió reconocimientos como la medalla Garvan de la American Chemical Society y el nombramiento como Fellow de la American Physical Society.

Langmuir, galardonado con el Nobel de Química en 1932, la describió como una experimentadora brillante, con una combinación poco común de capacidad teórica y práctica.

Katharine Burr Blodgett murió el 12 de octubre de 1979 en su casa de Schenectady, a los 81 años, tras haber transformado para siempre la ingeniería óptica sin que la Academia Sueca reconociera su aportación con el Nobel.