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Los astrónomos no dan crédito a lo que descubren tras crear un mapa del campo magnético de la Vía Láctea

Un nuevo mapa del campo magnético de la Vía Láctea ha dejado a los astrónomos sin palabras tras revelar un detalle inesperado en la estructura de la galaxia. El hallazgo surge de un conjunto de datos sin precedentes que permite observar cómo se organiza esta fuerza invisible que mantiene el equilibrio cósmico.

Durante décadas, la comunidad científica ha estudiado estrellas y planetas para comprender el funcionamiento galáctico. Sin embargo, ahora el foco se ha desplazado hacia algo que no puede verse directamente, pero que resulta esencial: el entramado magnético que sostiene la galaxia y condiciona su evolución futura.

El nuevo mapa del campo magnético de la Vía Láctea revela una inversión inesperada

La investigación ha sido liderada por la profesora Jo-Anne Brown, del Departamento de Física y Astronomía de la University of Calgary, quien ha subrayado que sin un campo magnético la galaxia colapsaría sobre sí misma debido a la gravedad. Comprender su forma actual es clave para desarrollar modelos fiables sobre su evolución.

Para recopilar la información, el equipo utilizó un radiotelescopio de última generación ubicado en el Dominion Radio Astrophysical Observatory, una instalación del National Research Council Canada. Gracias a este instrumento fue posible escanear el cielo del hemisferio norte en múltiples frecuencias de radio, obteniendo una imagen detallada de la estructura magnética galáctica.

La base de datos forma parte del proyecto internacional Global Magneto-Ionic Medium Survey, cuyo objetivo es cartografiar el campo magnético de la Vía Láctea con la mayor precisión posible. La amplitud de cobertura ha permitido acceder a matices estructurales que antes resultaban imposibles de detectar.

Una reversión diagonal en el brazo de Sagitario sorprende a los investigadores

Para rastrear la estructura magnética, los científicos midieron la llamada rotación de Faraday, un fenómeno que se produce cuando las ondas de radio atraviesan regiones con electrones y campos magnéticos, provocando una alteración en la señal. Este efecto, comparable a la refracción de la luz en el agua, permite inferir la disposición del campo magnético en el espacio interestelar.

Al analizar estas variaciones, el equipo identificó una característica llamativa en el Sagittarius Arm. En esa región, el campo magnético no sigue la dirección general del resto de la galaxia. Mientras que, vista desde arriba, la Vía Láctea presenta un campo que gira en sentido horario, en este brazo espiral la orientación es contraria.

La sorpresa fue aún mayor al descubrir que la transición entre ambas direcciones no era recta ni gradual, sino diagonal. Según relatan los investigadores, este detalle emergió al revisar nuevos datos incorporados al estudio, lo que permitió identificar con claridad la geometría de la inversión.

A partir de ese hallazgo, la doctoranda Rebecca Booth desarrolló un modelo tridimensional que explica esta reversión. Desde la perspectiva terrestre, esta configuración se manifiesta precisamente como la diagonal observada en los datos.

El modelo no solo aclara cómo se produce el cambio de orientación en esa zona concreta, sino que aporta una herramienta clave para entender la arquitectura magnética a gran escala de la galaxia.

Con este mapa más completo y el nuevo marco teórico, los astrónomos cuentan ahora con una base sólida para afinar las predicciones sobre la evolución futura del campo magnético de la Vía Láctea.