El sentido de Estado le sienta bien a Sánchez
Pedro Sánchez se convierte en un político de fuste cuando se viste con el traje de líder socialdemócrata. Ése ha sido el rol que ha hecho grande al Partido Socialista a lo largo de las décadas, hasta el punto de ser la formación que más años ha gobernado en España desde la Transición hasta nuestros días. En ese sentido, tiene dos precedentes muy claros en lo referido a hombres de Estado: Felipe González con los Pactos de la Moncloa y José Luis Rodríguez Zapatero con el Pacto Antiterrorista. Sánchez no debe olvidarlo: a través de la moderación y la defensa a ultranza de los principios constitucionales aumentan sus opciones de llegar a ser presidente. De ahí que sea un acierto que apueste por aplicar la Ley de Seguridad Nacional para impedir el referéndum secesionista. Respalda así la acción del Gobierno y defiende la unidad territorial. La ley establece «la acción del Estado dirigida a proteger la liberad y el bienestar de sus ciudadanos, a garantizar la defensa de España».
Algo en lo que ha incidido el propio Sánchez a menos de un mes del referéndum ilegal del 1 de octubre: «El Estado tiene que garantizar la legalidad». El secretario general del PSOE ha de tener en cuenta que gana muchos enteros ante el electorado siempre que se centra en defender la unidad de España. De un representante como él se espera el suficiente sentido de Estado como para ofrecerle toda la ayuda necesaria al Gobierno, tal y como hizo el pasado 28 de agosto cuando le transmitió a Mariano Rajoy el «rechazo frontal a lo que supone un engaño y un desafío». En estos momentos de caos en Cataluña, la unión de Rajoy y Sánchez resulta fundamental.
De lo que suceda en los próximos días depende gran parte del futuro inmediato de España. Los actuales representantes políticos pasarán a la historia por sus actuaciones en las próximas horas. De ahí que Sánchez deba perseverar en su posición de estadista y abandonar debates estériles y poses extrañas. Si el madrileño quiere edificar su carrera sobre una sólida credibilidad debe abandonar por completo los postulados del neopodemismo e ignorar las emboscadas «plurinacionales» en las que él mismo se mete. Si lo consigue, triunfará. De lo contrario, el panorama será complicado para él, para su partido y para la propia viabilidad de España.
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