La reconquista de las universidades catalanas
Las universidades públicas catalanas se han convertido en auténticos lugares de exclusión y fanatismo. Muchas facultades, lejos de ser un foco de tolerancia y saber, se han convertido en lugares en los que radicales separatistas amenazan y golpean a quienes no piensan como ellos, mientras los rectorados miran hacia otro lado. Todos recordamos las múltiples agresiones de todo tipo que los estudiantes de S’ha Acabat! han sufrido continuamente en el campus de Bellaterra de la Universidad Autónoma de Barcelona, tal vez la universidad más salvaje a la hora de machacar la discrepancia. Y no solo se hace la vista gorda con los agresores, ya que las autoridades académicas marginan a esta asociación a la hora de facilitarles su labor y ponen pegas para que puedan organizar sus actos.
Comportamientos como el de mirar hacia otro lado mientras murales gigantescos con proclamas separatistas lucen en medio del campus, a pesar de sentencias judiciales, demuestran que la Universidad Autónoma hace tiempo que dejó de ser un sitio donde se respeta la ley. La gente de S’ha Acabat! podría escribir una enciclopedia sobre la discriminación que reciben aquellos estudiantes que defienden la Constitución y nuestro Estado de derecho. Y no solo son perseguidos los alumnos, también profesores como el catedrático de Derecho Rafael Arenas han sido amenazados y vapuleados. Arenas es un valiente activista constitucionalista que presidió Societat Civil Catalana y ahora dirige Impulso Ciudadano, lo que le ha costado unos cuantos disgustos por parte de aquellos que han hecho de la violencia su forma de hacer política.
La UAB no es la única universidad tomada por la intolerancia. Recordemos cómo hace poco el profesor argentino Marcelo Gullo, que vino a dar una conferencia sobre la batalla de Lepanto a la Facultad de Derecho, sufrió un terrible escrache organizado por medio centenar de radicales que marcharon triunfantes por este centro de la Universidad de Barcelona. Tuvieron que venir los antidisturbios de los Mossos d’Esquadra, que, como casi siempre, llegaron tarde, y el acto se celebró gracias a la tenacidad de los organizadores, los chicos de S’ha Acabat!, que son objetivo prioritario de los violentos separatistas.
Por suerte, la presencia de entidades constitucionalistas en los campus catalanes sigue aumentando. Aparte de los ya mencionados héroes de S’ha Acabat!, los miembros de Estudiants pel Canvi también dan testimonio de que otra universidad catalana es posible. Y esta semana, las Nuevas Generaciones del Partido Popular han anunciado que una entidad histórica de las universidades catalanas, OCEU, se reactiva y comienza de nuevo su andadura en la Facultad de Derecho de la Universidad Pompeu Fabra.
Del uno al cuatro de junio hay elecciones al Claustro de la Pompeu Fabra. Es muy importante que en este órgano de representación de esta universidad, que también ha sufrido la intolerancia separatista, las candidaturas de estudiantes que defienden el Estado de derecho estén presentes. S’ha Acabat! presenta listas en Derecho (con Hugo Escarpa y Manel Mesa) y en Ciencias Políticas y Sociales (Carlos Caballero). OCEU todavía tiene que registrarse como entidad en esta universidad, pero presenta a un independiente en Derecho, Ignacio Pagonabarraga. Que el número de entidades constitucionalistas vaya creciendo es importante para que, poco a poco, reconquistemos las universidades públicas catalanas para la causa de la libertad y el respeto a las normas de convivencia, frente a la ley de la selva que defienden los colectivos más radicales, que se dedican a agredir porque no entienden otra forma de hacer política.