Prostitutas, amigas y socialistas de base

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Por la sala del Tribunal Supremo que está celebrando el juicio contra el exministro José Luis Ábalos, su asesor, Koldo García, y el empresario Víctor de Aldama, por las mordidas en los contratos de mascarillas, están desfilando muchas mujeres, además de hablarse de las «chistorras, lechugas y soles», que es como la trama socialista corrupta llamaba a los billetes de 500, 200 y 100 euros con los que se llenaban los sobres con el logotipo del PSOE en los que el dinero salía de Ferraz; y las bolsas de papel marrón «tipo Zara» en las que el dinero entraba en la sede del PSOE en tacos de billetes.

Mujeres como Carmen Pano y su hija, que llevaban las bolsas con billetes; y mujeres como Patricia Úriz, la expareja de Koldo, que iba a recoger los sobres con dinero. Pero también han declarado mujeres como la examante de Ábalos, Jésica Rodríguez, y la amiga del que era mano derecha de Pedro Sánchez, Claudia Montes, ex Miss Asturias. Además, mañana miércoles está citada otra mujer, la socialista Isabel Pardo de Vera, expresidenta de Adif, empresa en la que estuvo enchufada Jésica Rodríguez, y quien firmó los contratos de compra de mascarillas a la empresa Soluciones de Gestión, de Víctor de Aldama.

A Jésica le preguntó el abogado de Ábalos si era prostituta, a lo que ella contestó que era «odontóloga colegiada», y entonces le repreguntó si antes había ejercido la profesión más antigua del mundo, cosa que también negó aduciendo que lo que había sido era «azafata de imagen». Lo que resulta un poco extraño después de leer las conversaciones en las que Jésica reclamaba a Ábalos unos honorarios que se asemejan a los de una escort de lujo, y que distan muchísimo de lo que cobran las azafatas; y después de ver las «imágenes» con las que se anunciaba por catálogo.

En cualquier caso, y sin personalizar, digamos que a ese segundo grupo de mujeres testigos en el Tribunal Supremo, que se distinguen de las que llevaban o sacaban los billetes de la sede del PSOE, podríamos definirlas a todas ellas como prostitutas, amigas y socialistas de base, que se han lucrado de lo lindo gracias a su cercanía a alguien influyente dentro del partido dirigido por Pedro Sánchez. Jésica Rodríguez, Claudia Montes e Isabel Pardo de Vera se diferencian por su muy distinta tarifa de honorarios, pero poco o nada más. Las tres aparentan ser víctimas inocentes de una trama machista y putera, pero las tres se han lucrado de esa trama sin merecerlo.

El artículo 103.3 de nuestra Constitución establece que la ley debe regular «el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad». Con el análisis de los méritos se debería medir la trayectoria y experiencia profesional, así como los títulos académicos de los candidatos. Y mediante la valoración objetiva de sus capacidades, se debería evaluar su idoneidad y competencia para el puesto público de que se trate. Pero a Jésica, Claudia e Isabel tan solo se les evaluó su cercanía al PSOE y su vinculación con la trama corrupta y mafiosa.

Ser socialista de base, prostituta y/o amiguita del ministro de turno es el único mérito y capacidad que tuvieron que acreditar Jésica Rodríguez, Claudia Montes e Isabel Pardo de Vera para colocarse cada una donde quería. ¡Y no saltó ninguna alarma! Nadie denunció, nadie se extrañó y nadie lo evitó. El ministro Óscar Puente dijo en la comisión del Senado que había «auditado» los procesos de contratación de estas mujeres y que no se había detectado ninguna irregularidad; luego debemos concluir que esta es la forma como se contrata habitualmente en las empresas públicas. El PSOE ha llenado las instituciones de prostitutas, amigas y socialistas de base, de forma que nadie se extraña de Jésica, ni de Claudia, ni de Isabel.

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