Progresismo ‘cangrejil’ (I)

Progresistas
Progresistas
×

Este artículo de OkSalud ha sido verificado para garantizar la mayor precisión y veracidad posible: se incluyen, en su mayoría, estudios médicos, enlaces a medios acreditados en la temática y se menciona a instituciones académicas de investigación. Todo el contenido de OkSalud está revisado pero, si consideras que es dudoso, inexacto u obsoleto, puedes contactarnos para poder realizar las posibles modificaciones pertinentes.

Es más que sabido que los socialistas, a la hora de definir su política, lo hacen con el término progresista. No hacen nada, según ellos, que no vaya en esa dirección. Desde su autoproclamada superioridad moral, te arrojan el término a la cara, te descalifican y te borran de la memoria, como viene siendo costumbre, religiosa y política, desde Julio César.

Aquí en Baleares, aunque gobiernan con el apoyo del clerical PSM, que no se distingue, precisamente, por su progresía, la presidenta Armengol habría situado a las Islas en la primera línea del progreso, poco menos que mundial. Mallorca, consecuencia del liderazgo socialista, sería un verdadero paraíso. La bandera de la propaganda y la manipulación enarbolada a tope. Y, por supuesto, han vuelto a poner en circulación el falsario mantra de que, en las próximas elecciones, vuelve a tocar progresista. La mejor prueba de tal falsedad manipuladora radica en su propio planteamiento. A la propaganda se acude cuando la realidad es esquiva.

Hoy vamos a contemplar la sanidad pública en Baleares. Lo haremos poniendo sobre la mesa datos incontrovertibles. A poco que reflexionemos sobre ellos, se hará evidente que el progreso en la sanidad pública es del tipo cangrejil, que dijo Pérez Galdós en el Episodio nacional Bodas reales. Esto es, progreso retrógrado, progreso hacia atrás o, al menos, estancado y paralizado, sin la eficiencia que le es exigible en el presente y en el futuro.

Los datos que configuran la realidad de la sanidad pública en Baleares son objetivos. Están ahí, ante nuestras narices. Los vemos, de modo frecuente, publicitados en la prensa local. Es más, los padecemos en nuestras propias carnes y en las de familiares y amigos. Y esto es así a pesar de que la izquierda, mal llamada progresista, va a cumplir ocho años al frente de un servicio que estima, eso dicen, como su niña mimada junto a la educación. Cuál no será la situación cuando el prestigioso Sindicato Médico de Baleares la acaba de calificar como de INCERTIDUMBRE, con mayúsculas. Tan preocupante situación ha sido, igualmente, puesta de relieve estos días por el Colegio de Médicos y el Colegio de Enfermeras y Enfermeros en nota conjunta.

Si hay algo que el ciudadano, que paga sus impuestos, tiene derecho a exigir a quienes le gobiernan es la existencia de un sistema sanitario digno y eficiente. No sirven paliativos, ni medias tintas, ni excusas de ningún tipo. Ni siquiera aunque vengan hábilmente transigidos por serviles opinadores -que los hay-. Nadie, no lo duden, se inventa la situación existente que este gobierno progresista no ha sabido afrontar y darle respuesta. Las características más graves en este mismo momento, que configuran el panorama del sistema sanitario balear, son las siguientes:

1. Necesitamos más de tres mil profesionales de enfermería y así alcanzaríamos la media de los países europeos. Estamos, por supuesto, a niveles por debajo de la media estatal que, no hace falta subrayarlo, también está alejada de la Unión Europea. Baleares, paraíso socialista, se ha situado de hecho, con cifras del Consejo General de Enfermería, en la quinta comunidad autónoma con menos enfermeras. ¡Vaya progreso!

2. Nada más y nada menos que 90.000 personas sin un médico de familia asignado por el déficit de plantilla. Esta es la realidad de la Atención Primaria: prevención, detección precoz y accesibilidad. Según informaciones del Sindicato Médico, hay 51 plazas sin cubrir entre estos especialistas. Un verdadero problema, que debiera avergonzar a tanto falso progresista como sestea en el entorno del Gobierno de Armengol. Eso sí, a costa del ciudadano mal atendido, que tiene dificultades hasta para comunicarse con su centro de salud. ¡No me extraña que se vanaglorien del modelo asistencial!

3. Por si no fuera suficiente, el sistema sanitario balear no ofrece una respuesta válida ni a los médicos recién licenciados ni a los médicos que trabajan en el día a día de la sanidad balear ni a las necesidades presentes y futuras de especialistas cualificados. Ni han sabido captar ni tampoco fidelizar. ¡Vaya gestión!

4. Este Govern tan progresista ni tan siquiera se ha planteado, en sus ocho años de gestión y ante una población de más de 1.200.000 ciudadanos, que viven en Mallorca, si habría que dotarla de un nuevo hospital, aunque no fuese general pero sí para alguna o algunas especialidades o si habría que incrementar el número de Centros de Atención primaria o concentrarlos, como ya se ha realizado en algunas otras comunidades autónomas. ¡Magnífica previsión!

5. ¿Quién no conoce los problemas para encontrar una residencia pública para atender a personas en edad ya muy avanzada y que necesitan una atención muy específica y cualificada? Son numerosas las familias que, ante el envejecimiento de alguno de sus miembros, no pueden hacerse cargo de ellos por razones laborales, de vivienda o económicas. Tampoco el Ejecutivo balear, con todo su progresismo, ha dado respuesta en sus ocho años de gobierno. ¡Vaya panorama!

Ante esta situación, verdaderamente grave en el presente y muy incierta si miramos al futuro, cualquiera puede sentirse indignado. No la merecemos en modo alguno. Somos una comunidad rica y podemos permitirnos una sanidad pública que no se configure de modo tan incierto y problemático para todos, ciudadanos y personal sanitario. Hay que buscar soluciones y con urgencia.

La primera medida en busca de soluciones es muy clara: quienes a lo largo de estos últimos ocho años nos han llevado a tal estado de cosas no merecen que se vuelva a confiar en ellos. Les vendrá de perlas retornar a su casa y reflexionar en serio sobre el cúmulo de errores cometidos en su política sanitaria.

Me temo, como les reprocha el Sindicato Médico, que ni siquiera se han formulado estas dos preguntas clave: ¿Por qué nuestros médicos, formados aquí, no se quedan a vivir en nuestras islas? ¿Por qué los médicos que trabajan en la Sanidad Pública Balear vuelven a la medicina privada o incluso buscan otros destinos que les ofrecen mejores condiciones laborales? Aquí tenemos un grave problema, que no se ha querido abordar, que se viene disimulando. La situación actual se irá pudriendo y, como vaticina G. Ventayol, acabará en un estallido a medio plazo. ¡La que nos han liado estos progresistas de boquilla!

Para salir de todo este galimatías, que ha sido la gestión de la sanidad pública por parte de Armengol, es ineludible una reflexión en profundidad de todos, sociedad y clase política. A partir de ella, se pueden sugerir otras medidas. Lo dejamos para otro momento.

Lo último en Opinión

Últimas noticias