Opinión

Pilar Alegría, pura impostura

La candidata socialista a las elecciones en Aragón, la ex ministra Pilar Alegría, ha presumido en redes de sus orígenes humildes al abrir la puerta de su domicilio a las cámaras que la grabaron en su casa familiar de su pueblo natal, Zaida. Alegría se jacta de haber sido criada en un entorno sencillo y trabajador, una mujer de pueblo educada sin lujos, pero la realidad es bien distinta. La ex ministra de Educación omitió la afinidad de su familia con la ideología de José Antonio Primo de Riverahasta el punto de que a su madre sus vecinos la llamaban «la falangista», un mote que contradice la versión de Alegría, interesada en trasladar la idea de que se crió en un entorno que comulgaba con los postulados de la izquierda progresista. Un vecino del pueblo la retrata así: «Yo contra su persona no tengo nada en contra, pero respecto su perfil político actual, sí: es falso», señala.

En este sentido, OKDIARIO publicó que los dos hermanos de Alegría llegaron a ir en las listas del PP en Aragón en las elecciones municipales de 2003, como independientes. «Ella tampoco es de izquierdas», añade este vecino que prefiere ocultarse bajo el anonimato. En definitiva, que Alegría, que es propietaria de tres viviendas -dos en Zaragoza capital y otra en Benicasim (Castellón)- y durante su etapa de ministra disfrutó de una vivienda oficial de 320 metros cuadrados cuyos gastos fueron abonados íntegramente con fondos públicos, no es quien pretende ser. La impostura se paga caro en política y la candidata socialista no es lo que quiere parecer. Para nada responde al perfil clásico de una socialista de vocación. Más bien, Pilar Alegría responde al patrón del sanchismo: una mujer que, en función de las circunstancias, puede ser cualquier cosa y abrazarse a la doctrina que mejor le convenga. En otras palabras: todo en ella rezuma hipocresía.