La paz de paja: la claudicación de Trump ante el régimen de los ayatolás
Señor presidente Trump, con el debido respeto que merece quien llegó a la Casa Blanca prometiendo fuerza y realismo frente a las tiranías, permítame decirle que ha firmado usted un acuerdo de paz sobre un papel en blanco. Un simulacro de diplomacia que no detiene el fanatismo, sino que lo oxigena. Una rendición disfrazada de pragmatismo que decepciona a Israel, traiciona a sus aliados naturales y deja en evidencia que, incluso los líderes que más se jactaron de haber roto con la debilidad de Obama, acaban repitiendo sus errores cuando el petróleo y la foto pesan más que la supervivencia de una democracia asediada.
Porque esto no es nuevo. Ya vimos el JCPOA, aquel nefasto acuerdo que usted mismo denunció con razón como el peor de la historia moderna. Un pacto que no frenó el programa nuclear iraní, que financió el terror y que entregó miles de millones a un régimen que los invirtió en misiles, drones y proxies sanguinarios. Ahora, con el mismo espíritu de apaciguamiento, se repite la escena. Se habla de «paz» mientras Irán gana tiempo, abusa y masacra a su población, reabre el Estrecho de Ormuz, levanta sanciones y reactiva sus redes de financiación al terror islámico: Hamás, Hezbolá, los hutíes. El mismo patrón. La misma ilusión. La misma traición a la realidad.
Y aquí hay que decir las cosas por su nombre. No fue Washington quien cortó la cabeza de la serpiente. Fue Israel. Fue Benjamín Netanyahu, ese líder al que algunos se empeñan en demonizar mientras él lleva décadas advirtiendo, con lucidez visionaria, que con los ayatolás no hay negociación posible, sólo pausas tácticas para rearmarse. Israel liquidó a Alí Jamenei. Israel eliminó a decenas de científicos nucleares. Israel desmanteló la élite de la Guardia Revolucionaria. Israel hizo el trabajo sucio, el decisivo, el que requiere coraje real y no sólo tuits. Usted participó en algunos bombardeos a instalaciones, es cierto, y eso se reconoce. Pero el peso histórico recae sobre el Estado judío, que una vez más ha demostrado que su supervivencia no depende de la benevolencia ajena.
Como judía -y como española que entiende que la defensa de Israel es la defensa de Occidente frente a la barbarie-, lo digo sin ambages: nuestra existencia está por encima de cualquier alianza transaccional. Los judíos hemos aprendido, a lo largo de milenios de persecuciones y de un Holocausto que jamás debemos olvidar, que la verdadera seguridad no se mendiga en mesas de negociación con tiranos. Se conquista. Se mantiene con presión implacable. Y se afirma con la fuerza moral y militar cuando es necesario. «Paz a través de la fuerza» no era sólo un eslogan de campaña, señor Trump. Era una verdad profunda. Abandonarla ahora, por un acuerdo ficticio que permite al régimen de los ayatolás respirar y reorganizarse, es una decepción estratégica de primera magnitud.
El dinero del petróleo ha vuelto a nublar el juicio. El espejismo de un «alto el fuego» que sólo sirve para que Irán financie más masacres ha pesado más que la sangre de los más de 30.000 iraníes asesinados por su propio régimen, más que las familias destrozadas, más que la seguridad del único aliado fiable de Occidente en una región que arde en odio antisemita. Netanyahu no es el obstáculo, como repiten los ingenuos o los malintencionados. Es la voz que mejor ha comprendido la naturaleza del enemigo: un régimen teocrático que no busca convivir, sino dominar y exterminar.
Señor presidente, usted que tanto criticó la ingenuidad de Obama y Biden, ha caído en la misma trampa. Pronto sufriremos las consecuencias . Y el pueblo de Israel, como siempre, se defenderá. Con o sin ayuda americana. Con determinación, con ingenio y, si es preciso, con la espada desenvainada.
Sepa que la verdadera paz no llega firmando con quienes sueñan con borrar del mapa al Estado judío. Llega cuando el mal es derrotado, no cuando se le da oxígeno.
Que este cumpleaños ochenta le traiga reflexión, señor Trump. Y que en las urnas de medio término los americanos que valoran la fuerza frente a la tiranía se lo recuerden. Israel no se rendirá. Occidente está viendo que tampoco se lo puede permitir .