La ONU puede cerrar por deudas
El secretario general de las Naciones Unidas, el socialista portugués Antonio Guterres, dijo en la Cumbre del Clima de 2023 que el planeta se encuentra en llamas, pero en vez de retirarse a un convento, quiere seguir viviendo en Manhattan hasta el final.
Hace pocos días, Guterres mandó una carta a los gobiernos de los 193 países miembros exponiéndoles la situación y pidiéndoles que paguen el dinero comprometido a la ONU, porque, de lo contrario, en julio la organización se quedará sin fondos y tal vez tenga que cerrar su enorme sede de Nueva York.
Como tantas ideas e instituciones nacidas del sueño de la paz universal, la ONU ha pasado en los últimos veinte años de ser considerada imprescindible a ser colocada en el trastero de los cachivaches inútiles. No ha impedido (ni detenido) guerras como la de Ucrania, ni ha frenado a tiranías como la de Venezuela, que expulsó de su país a ocho millones de personas. Algunos de sus empleados en Gaza han colaborado con Hamás. Las políticas de la OMS frente al covid y las Cumbres del Clima, donde se anuncia a la humanidad apocalipsis que nunca se cumplen, no han contribuido a hacerla simpática.
China y Rusia, que encima gozan de derecho de veto en el Consejo de Seguridad, no se sienten atraídos por el sistema de las Naciones Unidas. Donald Trump declaró en la última asamblea general que la ONU ha incumplidos sus promesas y que usa el dinero de EEUU contra éste. En consecuencia, Trump está retirando a su país de varias agencias, como la OMS, y del Acuerdo de París.
A fin de amortiguar los problemas financieros, Guterres, secretario general desde 2017, ha ido reduciendo el presupuesto. En la elaboración de los planes para 2026, su oficina preparó un presupuesto de 3.715 millones de dólares, un 15% inferior al de 2025, y redujo el personal en un 18%, de 13.809 puestos a 11.594 puestos.
Las cuotas anuales de la ONU son obligatorias y se fijan en función del producto interior bruto de cada país, y un Estado miembro puede perder su derecho a voto por morosidad. El año 2025 terminó con 1.600 millones de dólares en contribuciones pendientes, más del doble que en 2024.
El mayor deudor es Estados Unidos, al que corresponde alrededor del 95% de toda la deuda, unos 2.200 millones de dólares. El segundo es Venezuela, que debía 38 millones de dólares correspondientes a 2025, pero por la intervención militar de EEUU no desembolsará ni estos ni la cantidad atribuida a 2026. México era el tercero, con una deuda de 20 millones de dólares para 2025.
Los agobios financieros responden a dos motivos. El primero, la crisis de liquidez provocada por los miembros que no abonan sus cuotas o lo hacen con retraso. Y el segundo, una norma de 1945, que establece que si la ONU no gasta todo el presupuesto, aunque sea por impago de los Estados miembros, debe devolver el dinero a los integrantes.
Que los funcionarios apalancados en esa jungla de agencias, inspecciones y observatorios del tipo que tan bien conocemos en España, como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático o el Fondo de Población de las Naciones Unidas, se queden sin sus mamandurrias no le importa a nadie, excepto a quienes viven de ellas o esperan cobrar algo en la condición de asesores.
El mayor daño sería la cancelación de las once misiones de paz, como las que se desarrollan en el Sáhara Occidental, Sudán del Sur, Kósovo, Palestina, Líbano o Cachemira, a veces con riesgo de sus vidas para los participantes. Porque entonces desaparecerían unos testigos incómodos que, siquiera con su presencia, frenan a los contendientes divididos.
Hay multimillonarios que consideran que sin la ONU el mundo caería en las tinieblas, como el (supuesto) pederasta Bill Gates y Alexander Soros. Tienen una ocasión magnífica para apoyar con hechos sus palabras y donar parte de sus inmensas fortunas a la organización. La misma generosidad, aunque en menor cantidad material, podrían tener los actores de Hollywood que fungen de embajadores de buena voluntad, como Angelina Jolie, Leonardo DiCaprio, Edward Norton o Emma Watson; todos ellos con sus fundaciones. ¿Lo harán o demostrarán que los ricos lo son porque, entre otras razones, no sueltan ni un centavo?
Nos tememos que sea la Unión Europea la que acuda con su manguera de dinero extraído de los ciudadanos de los Veintisiete a mantener una institución repudiada por la mayor parte del mundo.
Según un informe de la AIRef conocido a principios de febrero, el Estado español desembolsó entre 2021 y 2023 la cantidad de 10.847 millones de euros en ayuda oficial al desarrollo. Sin querer dar ninguna idea al Gobierno de Sánchez, el Estado español podría hacerse cargo del presupuesto completo de la ONU.
Si así ocurriera, ¿se le daría a cambio a España un puesto permanente en el Consejo de Seguridad o serviría para comprar asientos en los organismos multilaterales, con enormes sueldos, pasaporte diplomático y chófer? ¿Sabía usted que el ex ministro socialista Moratinos es desde 2019 Alto Representante de Naciones Unidas para la Alianza de Civilizaciones?
En las películas distópicas ambientadas en Nueva York, el edificio de las Naciones Unidas aparece destruido a medias por invasores extraterrestres o convertido en viviendas cutres. En unos meses, quizás tengamos una imagen no tan siniestra del rascacielos, con las luces apagadas y los mástiles desnudos.
Lo último en Opinión
Últimas noticias
-
Ya es posible: esta es la forma de quitar el gotelé de tu casa sin necesidad de llamar a un profesional
-
El Código Civil lo confirma: tu vecino puede ir a por ti y no hay vuelta atrás
-
Llevaba la baliza V16, pero le cazaron por este detalle increíble y ahora pagará una multa: el aviso urgente que debes conocer
-
El misterio de la mujer asesinada encontrada en una maleta en Málaga hace tres años: nadie sabe quién es
-
La última predicción de la AEMET lo cambia todo tras la borrasca Nils: «Hay más optimismo»