No es una emergencia… ¡así que no molestar!
Cuando en las primeras horas del 6 de junio de 1944 los generales del mariscal Rommel comprendieron el alcance de la maniobra aliada en Normandía, inmediatamente se lo comunicaron al alto mando de la Wehrmacht; pero, sin embargo, nadie se atrevió a despertar a Hitler (que estaba descansando en el Berghof, su residencia de vacaciones en los Alpes Bávaros) y ningún general dio la orden de movilizar las divisiones Panzer de la reserva estratégica.
Visto lo que ocurrió el pasado día 30 en las ciudades autónomas, aunque se produzca un nuevo ataque a las fronteras y a la integridad territorial de nuestro país, o se agrave la situación con los miles de asaltantes que todavía vagan por las calles de Ceuta, nadie va a molestar al presidente del Gobierno en su descanso estival. Pedro Sánchez, como le ocurrió al Führer, que se obcecó con que el verdadero desembarco se produciría en Calais, muestra el impostado convencimiento de que no es más que una crisis migratoria y ha dado instrucciones rotundas para que se aborde de esa manera. No hay, por tanto, nada que reprochar, nadie a quien responsabilizar, ninguna medida a tomar… estamos únicamente, como de forma tan desvergonzada ha dicho Marlaska, ante «cosas que pasan».
Lo de ese ministro ya ha sobrepasado todos los límites: el de la vergüenza, el de la decencia, el de la dignidad y el de la inteligencia; pero, en esta ocasión, tampoco quedan mucho mejor otros miembros del ejecutivo directamente concernidos. La ministra del ramo, Elma Saiz, que, si como ellos dicen, estamos ante un episodio migratorio, debería haber sido destituida, junto con Marlaska, por no ser capaz de prever y gestionar el movimiento y anticipar sus consecuencias.
Tenemos también, y es muy posible que no nos acordáramos porque en cuanto a su actividad se mantiene prácticamente inédita, una ministra de la Juventud y la Infancia, que se ha paseado como un maniquí por Ceuta sin dar criterio o solución a la situación de los varios miles de menores que formaban parte de los asaltantes. Parece evidente que alguien que luce ese cargo debería tener el mayor interés en que esos niños vuelvan a estar cuanto antes con sus familias, ¡pero nada de eso! Lo importante, y aún lo urgente para ella, es criticar a la oposición por su supuesta negativa a acogerlos en las comunidades autónomas que gobiernan.
Porque, efectivamente, eso es lo que, en el relato del Gobierno, va a quedar de todo este desgraciado suceso: la muestra de insolidaridad y xenofobia de PP y Vox, y el incumplimiento de las leyes que obligan a aceptar el reparto de menores. Nada que ver con Marruecos, con sus inaceptables aspiraciones territoriales, con sus chantajistas presiones o con la criminal utilización de la población. El sanchismo seguirá empeñado en su estúpida e irresponsable versión, y sin querer darse cuenta de que los problemas con nuestro desleal vecino no se podrán abordar si no se diagnostican, y que si no se abordan, se irán agravando.
En cualquier caso, y al igual que el presidente se ha quitado de en medio, ninguno de los ministros va a sacar tiempo para asistir unos minutos, y de forma telemática, a la correspondiente sesión del Parlamento Europeo o para comparecer en la Comisión Permanente del Congreso. Poco obligados se sienten viendo que su jefe ha previsto pasarse más de un mes sin dar golpe; no se le conoce hábito de lectura o gusto por escribir; nunca ha demostrado cualidad para el discernimiento lúcido o el análisis brillante; no muestra posición coherente y voluntad firme, más allá de su patológica capacidad de resistir. Así que, salvo el viaje a la Alcarria que se ha montado para ver el eclipse (y que no será como el de Camilo José Cela, que lo hizo andando o a lomos de alguna caballería), va a pasar el mes a todo trapo, escuchando música horrorosa, haciendo deporte, haciendo la cucharilla o haciendo el gandul en las 3 hectáreas de instalaciones de La Mareta y en la milla cuadrada de zona marítima que se ha apropiado. ¡Y con el cartel de no molestar!
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