Marlaska, ni honra como ministro, ni honra como juez
Lo del ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, es el colmo de la infamia, porque, más allá de su condición de ministro, es también juez de carrera, razón que debería llevarle a medir sus pasos con mayor integridad moral: el ministro envió una carta a la presidenta del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Isabel Perelló, para quejarse de que la jueza María Tardón prohibiera a los agentes investigadores compartir el informe policial sobre Ceuta.
Sostiene que la gravedad de la situación requería compartir esta información clave con «superiores y responsables políticos», olvidándose que superiores y responsables políticos, entre ellos él mismo, podrían verse inmersos en un proceso judicial si la magistrada entiende que hay indicios delictivos en la investigación de la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta el 30 y 31 del pasado julio. Y que, en consecuencia, lo más normal es que la magistrada Tardón ordenara a los agentes, en un primer momento, no compartir el informe. Por supuesto, la respuesta de la presidenta del CGPJ ha sido la de amparar a la magistrada y decirle a Marlaska lo que, por su condición de juez, debería saber.
Perelló en su contestación le ha dicho a Marlaska que el Consejo General del Poder Judicial tiene vedado «aprobar, censurar o corregir actuaciones judiciales». Además de recordarle que la Policía Judicial tiene el deber de colaborar con los órganos judiciales. En suma, lo que se estudia en primero de la carrera de Derecho.
Marlaska lo sabe, pero como ahora sólo profesa la fe del sanchismo y se ha convertido en uno de los más fanáticos seguidores del líder, ha tenido la desfachatez de criticar a una compañera, jueza de la Audiencia Nacional, ante la presidenta del CGJP. Hace falta ser ruin para abdicar de todos los principios y entregarse de forma tan servil a Pedro Sánchez, pasando por encima, incluso, de su condición de juez.