De Feijóo, sus 65 años y el carisma
Empiezo a estar hasta los cojinetes basculantes de los argumentos facilones en la interpretación de las encuestas respecto a las posibilidades del jefe del Partido Popular de convertirse en presidente del gobierno. Sí, hasta el más rufianesco Rufián cobra opíparamente por alertar, día sí y noche también, acerca de los peligros que entraña que el gallego acceda a la Moncloa.
Es cierto que algunos sondeos anuncian que el PP de Feijóo tiene alguna bajada en la intención de voto al Partido Popular, incluso una relativa pérdida de escaños, pero tengo para mí que ese apunte no tiene que ver strictu sensu con su rol como líder. Me explico.
En la situación de anormalidad democrática en la que vive España, la gran mayoría de los ciudadanos que sueña con mandar a Sánchez al averno, exigen contundencia, incluso, exabruptos en los que no puede ni quiere caer Núñez Feijóo. Él representa a una mayoría de centro derecha que, aunque harta de sanchismo, tampoco desea que la alternativa sea tirarse al monte y abrevar de forma exagerada en fondos más propios de los extremos. Se vota de cara a las encuestas, ya veremos en las urnas, con las vísceras más que con la cabeza. Y esa respuesta se la da Abascal, que, además, no ha gobernado y, por lo tanto, mantiene la ventaja de la duda. Las ciertamente impresionantes expectativas de Vox están dentro de la lógica que se sustanciaría por el brutal rechazo al sanchismo y, además, por un magnífico aprovechamiento mediático en gran parte de la quiebra del Estado. Esto no ocurre, por lo que sea, en Génova 13. Vuelvo a subrayar: por lo que sea.
Feijóo ha ido poco a poco, forzado por las circunstancias, apretando el acelerador y ganando claramente todos los debates a Sánchez (y todas las elecciones), algunos por goleada, como ocurrió durante su última intervención parlamentaria a propósito de la invasión de Ceuta. Esa intervención es la más importante que escuché nunca al comandante del PP. Pero ello no parece mover votos. Está sometido al fuego graneado constante de las baterías zurdas que no le dan tregua y, si no tienen munición, se la inventan.
Alberto Núñez Feijóo, 65 años (un lustro después de aterrizar en Madrid), repleto de experiencia (en Madrid la acumula por toneladas), está en condiciones de dirigir los destinos de la nación con una cierta garantía, probablemente acompañado por Santiago Abascal. Ya sé que hay gente en la derecha a la que no le gusta ni su estilo, ni sus actitudes, pero, oigan, es lo que hay, y lo que han elegido los militantes y dirigentes del Partido Popular, formación sin la cual no habría nada que hacer para mandar definitivamente al desempleo (o los tribunales) a Pedro Sánchez.
Lo dije y escribí hace ya mucho tiempo: Feijóo será presidente.
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