Europa se tambalea
Unos días por Bruselas, capital comunitaria, son suficientes para que un ya veterano periodista se percate de que la Unión Europea atraviesa uno de esos momentos críticos que o bien suponen un revulsivo para seguir adelante o bien pueden sustanciarse en un fin de trayecto.
Dos cosas son las que realmente acucian a la Unión, según los muy especiales interlocutores con los que he tenido la fortuna de poder hablar recientemente. El primero es la Defensa, tan actual y tan decisiva en la actual coyuntura mundial. Si Trump decide finalmente llevarse sus soldados de Europa, tras no conseguir ayuda de la Alianza Atlántica, y sacar sus tropas de Alemania y España, más los castigos consiguientes que anuncia también llevará a cabo en Francia y Reino Unido, tenemos un problema muy serio. Un problema morrocotudo. En el momento actual y por bastantes años, Europa no podrá defenderse sola. No tiene posibilidad alguna de ello. Necesitará un esfuerzo conjunto y extraordinario para garantizar su seguridad de presuntos y posibles enemigos, el principal Rusia.
El segundo, que de alguna forma viene ligado al anterior, la inmigración. Fue precisamente la canciller Angela Merkel la principal culpable de que estén ocurriendo las cosas que actualmente ocurren en territorio de la Unión Europea. Creyó que una política de brazos inmensos y acogedores era la mejor solución para tantas cosas. Al final, ha concluido que la mayor parte o todos los que llegan de otras culturas no se integran. Y ello lleva consigo el aumento de los populismos extremos que quieren cargarse la propia entidad supranacional que es la UE.
El Parlamento Europeo, en una decisión sin precedentes (sólo con el voto en contra de los socialistas de Pedro Sánchez), aprobó una propuesta para expulsar a los ilegales y repatriar a millones de personas que pululan por el vasto territorio europeo. Una norma que se sustanciará finalmente en una directiva para todos los estados miembros y que será de ejecución obligatoria. La misma fue aprobada también por los socialdemócratas de países nórdicos. Insisto, Sánchez fue la excepción a fuer de resultar y hacerse el típico tipo interesante. No es este un tema baladí; precisamente cuando la percepción generalizada en los estados miembros es que esto, Europa, se ha convertido en la casa de tócame Roque.
Probablemente, esta difícil coyuntura (la UE ha atravesado otras turbulencias que han sido superadas con éxito) se solvente a favor y, por lo tanto, puede servir para hacer músculo y enfrentar retos superiores llegado el caso. Pero si no es capaz de encontrar soluciones adecuadas y, sobre todo, de forma urgente, el icónico sueño europeísta, al que aspiró y vivió mi generación, perecerá en el averno irremisiblemente.
Y no es un tema precisamente baladí.
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