Un empleo de mala calidad

Empleo, paro

La tendencia del mercado laboral muestra ya un constante deterioro, cada vez más evidente. La EPA del ITR-2026 muestra un claro empeoramiento del mercado laboral, al que no salvaba ni la estacionalidad. A ello se unía el hecho de que el aumento intertrimestral de ocupados es el peor, con excepción del año de la pandemia, de los últimos doce ejercicios, y que el de paro es el peor de los últimos trece ejercicios.

Los datos no pueden ser peores, tanto de la EPA del ITR-2026, especialmente con caída del empleo en el sector productivo privado; con el principal sector de la economía, el sector servicios, que destruye más de 200.000 puestos de trabajo, en el que sube, además, intensamente el paro; con más hogares con ningún miembro activo ocupado; con el desempleo femenino que crece más que el masculino; y con la precariedad de una mayor caída de los contratos a tiempo completo, elemento que hace perder seguridad al empleo. Tampoco los datos de paro registrado y afiliación a la Seguridad Social son buenos, pues en paro es el peor mes de abril de los últimos trece ejercicios, tanto en intertrimestral como en interanual, y en afiliación sólo la estacionalidad lo salva, pues su crecimiento intermensual se debe prácticamente a eso, ya que sin ello no crece más que un 18% del aumento de afiliados provocado por Semana Santa.

Todo ello, en un contexto en el que España sigue siendo uno de los países que lidera la tasa de paro en la UE y la tasa de paro juvenil, que muestra la divergencia de España con la media europea en un indicador tan relevante como es el del empleo, que junto con la evolución del PIB per cápita español refleja claramente el empobrecimiento y empeoramiento que ha sufrido la economía española durante los últimos ocho años, más allá del barniz del corto plazo en el que se escuda el Gobierno, impulsado por el gasto público y la acumulación de población de baja cualificación. El daño estructural infligido a la economía es muy elevado y en el mercado laboral se nota de manera importante, con deterioro, incluso, del corto plazo.

Este inexorable deterioro del mercado laboral se ve acentuado con las propuestas absurdas del Gobierno en materia laboral. Así, la elevación del salario mínimo supone un elemento negativo a la hora de crear empleo, pues el aumento de costes que provoca es importante, ya que, además del salario, subirá la base mínima de cotización, perdiendo talento de los más preparados, que se van ante el ajuste de costes que tienen que hacer las empresas por el absurdo igualitarismo salarial que impone el Gobierno.

Adicionalmente, la reducción de la jornada laboral que desea el Gobierno supone trabajar un 6,25% menos (y todavía menos en el sector público estatal); es decir, con el mismo salario nominal se pretende trabajar menos, con lo que supone un aumento del salario real ese 6.25%. Esa bajada de la jornada laboral puede suponer un freno importante para la creación de empleo.

Por último, el Gobierno también ha querido incrementar la indemnización por despido en diversas ocasiones, hecho que aumentaría, de nuevo, los costes laborales, que haría que las empresas, de nuevo, disminuyan su contratación. Sin duda, el Gobierno se ha ido moviendo hacia propuestas de izquierda extremistas.

Es un deterioro inexorable, que se sujeta, en parte, gracias a la creación de empleo público, que es el único empleo, artificial, que se genera en esta EPA, pero que deja a la vista que la economía productiva no puede generar mucho más empleo, porque las trabas que se le ponen son muchas, los impuestos, confiscatorios, en un infierno fiscal, y la inseguridad jurídica, elevada.

Su política económica es nociva para la actividad económica productiva, como podemos comprobar con sus efectos en el mercado laboral. Es una política económica que nos empobrece y que hace a la economía más frágil. Esa es la realidad del mercado laboral y del conjunto de la economía.

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