Opinión

Los derechos sociales no se defienden con propaganda, sino con el Código Penal

Frente a una izquierda que enarbola banderas y pancartas y se arroga en exclusiva la defensa de la mujer y de los colectivos LGTBI tratando de estigmatizar a la derecha dibujándola como una máquina cercenadora de derechos, el PP está dispuesto a modificar el Código Penal para combatir, precisamente, la discriminación a las personas por su orientación sexual. Ese el camino y lo demás, propaganda barata. El problema de la izquierda es siempre el mismo: que se le llena la boca de proclamas huecas y, cuando se pone a legislar, el tiro le sale por la culata: dijo que la ley del sólo sí es sí iba a defender las mujeres como nunca antes y, al final, la norma se convirtió en la mayor aliada de los violadores. Asimismo, la Ley Trans, otro bodrio jurídico que permite a un niño o niña cambiar de sexo a los 14 años sin ningún tipo de control, se ha vuelto en contra de las propias mujeres, como denuncia el denominado feminismo clásico.

El programa del Partido Popular pretende impulsar «cambios en el Código Penal y campañas de sensibilización en todos los estamentos de la sociedad, también entre los empleados y empleadas públicos», al tiempo que derogará la Ley Trans para aprobar una nueva legislación que «garantice sus derechos». Y es que es absurdo que «sea más fácil cambiarse de sexo que  sacarse el carné de conducir». No nos engañemos: se puede y se debe cuestionar la Ley Trans y, a la vez, defender los derechos de este colectivo, por lo que el PP ha creado un grupo de expertos para impulsar, en los primeros meses de su futurible Gobierno, una norma que cumpla este objetivo, pero desprovista del sesgo ideológico actual.

El Partido Popular asegura en su programa que «defiende el pluralismo y la diversidad como valores intrínsecos de la democracia». «Creemos en una España en la que cada persona puede desarrollar su proyecto de vida sin sufrir discriminación de ningún tipo, tal y como recoge el artículo 14 de la Constitución Española». Ese el camino: la libertad y no el sectarismo ideológico