Democracia21: ni contexto, ni necesidad

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Se presenta en la demoscopia mediática un nuevo partido que viene a cubrir, dicen, el centro político. Le han puesto de nombre Democracia21 para subrayar el marco en el que se sitúan y el espacio en el que nacen. Visten de amarillo, como los liberales británicos y los indepes de Puigdemont, y su líder es Miriam González, más conocida por ser la mujer del que fue vicemucho y después vicenada en la pérfida Albión. Quieren rellenar un hueco para el que no hay tiempo, ni contexto, ni necesidad. Sorprende que, precisamente ahora, no dejen de surgir partidos repentinos que vienen a regenerar y derribar un sistema que parece agotado de tanto usarlo, pero que han visto en el adelanto electoral la oportunidad de darse a conocer. Los escenarios aspiracionales en el egosistema político son una constante en la España de polarización y caña.

Para presentarse en sociedad hace falta algo más que una buena idea, un eslogan de campaña creativo y un carisma personal fish and chips: que la temperatura social del contexto te sea favorable, y si no lo es, que tengas tiempo suficiente para alterarla en tu beneficio. Esa circunstancia no se da en la actualidad, y por mor de la reformable ley electoral que tenemos, los votos que vayan a estos nuevos partidos surgidos de la nada política y al poderoso caballero don dinero, acabarán en el sumidero de la cloaca sanchista, facilitando lo contrario de lo que venían a solucionar. Al tiempo.

Quieren autodefinirse como centro cuando el centro es una indefinición. El centro nació y murió con Adolfo Suárez y desde entonces ha asomado en proyectos varios sin apenas éxito electoral. Las viudas del centro insisten estos días en catalogar Democracia21 de trasunto mejorado de Ciudadanos, como tildaron a este de ser la continuación moderna ucediana, cuando el espacio que venía a ocupar era el de un liberalismo sin etiquetas. El día que empezaron a ponerle etiquetas al producto, se acabó por explicar lo inexplicable, justificando cada acción y movimiento por necesidades mediáticas o  sociológicas. Ciudadanos, en realidad, se hizo liberal con estatutos socialdemócratas y mutó en socialdemócrata con estatuto liberal. Su defunción obedeció a una serie de factores y elementos sumados que por espacio no explicaré hoy aquí, pero que poco tienen que ver con lo que se ha contado y relatado a los españoles en estos años.

La pregunta que todos nos hacemos sobre Democracia21 es por qué. ¿Por qué ahora, por qué así, por qué ella y por qué su prioridad no es ayudar a echar al gángster que tiene como principal misión perpetuar el delito familiar y político de su formación? Si el deseo de esta calentura amarilla es que los españoles vuelvan a entenderse, favorecer la reconciliación y contribuir a mejorar el putrefacto sistema que envilece toda convivencia, entiendo que la mejor aportación sería eliminar del mismo a quien ha provocado todo ello y pervertido la esencia misma de la democracia. Si, por el contrario, vienes a apuntalar lo existente con una sorpresiva aparición sin pies ni cabeza, anunciando que tu caladero de votos es el abstencionista irredento, el socialista enfadado y el pepero enfangado, a sabiendas de que no hay tiempo, ni medios ni contexto favorecedor —toda polarización facilita la concentración de voto—, te conviertes en una oportunista en el mismo teatro donde te presentaste como oportunidad.

No sé si atufa a creación cloaquera, si viene financiado por el CNI británico o si la gira mediática y carnavalera obedece al deseo de jarana socialdemócrata que muchos tienen, pero si te presenta el acto inaugural Federico Quevedo, quien sostiene que Bildu es más democrático que Vox, y te explica los problemas de la vivienda Elena Reinés, la activista comunista que llama facha a todo lo que no sea sanchismo y ultraizquierda, uno teme que para el programa económico acaben llamando a Antonio Maestre y Eduardo Garzón. Y por ahí sí que no, liberales.

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