Cuerpo se hace un Sánchez
Cuando Carlos Cuerpo, flamante vicepresidente primero del Gobierno, defendió en 2017 su tesis doctoral en la Universidad Autónoma, se olvidó de un pequeño detalle: que parte de su trabajo ya había sido publicado cinco años antes en un artículo de la Fundación de las Cajas de Ahorro (FUNCAS) firmado junto a Pilar Poncela, la directora precisamente del trabajo de postgrado. O sea, que Cuerpo no citó en ningún momento que parte de su tesis ya había visto la luz, algo que incumple el código ético de la Universidad. En suma, que Cuerpo se hizo un Sánchez, porque el presidente del Gobierno plagió en su tesis doctoral en la Universidad Camilo José Cela párrafos enteros de papeles y documentos del Ministerio de Industria. Y aunque el jefe del Ejecutivo entró en cólera contra OKDIARIO por develar el plagio y amenazó con acudir a los tribunales, todavía estamos esperando.
La información era tan contundente en sus detalles que Sánchez no pudo hacer otra cosa que tragar bilis, pese a que consideró que las «manifestaciones» que se vertían en la información «representan un ataque injustificado que atenta contra mi prestigio profesional y social, suponen una intromisión ilegítima en mi derecho al honor y pueden ocasionarme daños de difícil o imposible reparación». También Begoña Gómez plagió un estudio de comercio online en el único artículo que aparece vinculado a ella en sus portales bibliográficos.
Lo de Carlos Cuerpo no llega -seamos justos- al extremo de su jefe, que también y, además, se autoplagió dos artículos escritos en comandita, pero el vicepresidente primero incumplió la primera lección de la ética académica. En cualquier caso, es difícil de entender la tendencia de este Gobierno por el artificio a la hora de presumir de méritos. Sánchez copió párrafos enteros en su tesis sin decir ni pío y Cuerpo llevó a su tesis doctoral hasta 28 páginas de un artículo suyo ya publicado y también haciéndose el longuis.