Cuando España abre la puerta, Europa la cierra
Con lo que nos gusta Europa en este país, y no hacemos más que ir a la contra. Si España tenía una ventaja, era la de disponer de un balcón con vistas al horror de lo que la inmigración masiva procedente del Tercer Mundo estaba haciendo con nuestros vecinos, especialmente Francia y Gran Bretaña. Pero nadie escarmienta en cabeza ajena, y ahora nos lanzamos como locos al mismo destino que está destruyendo a estos países, justo cuando al otro lado de los Pirineos empiezan a pisar el freno.
Más de un millón de inmigrantes han solicitado acogerse a la regularización extraordinaria impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez. La cifra duplica las previsiones iniciales y convierte el proceso en el mayor de este tipo en la historia reciente de España. El propio presidente ha defendido la medida como una necesidad económica y demográfica y la ha presentado como uno de los pilares del modelo de crecimiento español.
La decisión, sin embargo, llega en el momento en que el resto de Europa avanza precisamente en la dirección opuesta. Mientras España abre un proceso extraordinario de regularización que ha superado ya el millón de solicitudes, la Unión Europea acaba de poner en marcha su nuevo Pacto de Migración y Asilo, concebido para endurecer el control de las fronteras exteriores, acelerar la tramitación de solicitudes de asilo, facilitar las expulsiones y reducir la inmigración irregular. Después de más de una década de crisis migratorias y del ascenso de partidos soberanistas en buena parte del continente, Bruselas ha asumido que el modelo vigente había dejado de ser políticamente sostenible. Ya no vale la excusa de «Bruselas nos obliga».
Suecia, durante años presentada como el paradigma europeo de la acogida, afronta unas elecciones en las que el Gobierno promete endurecer todavía más su política migratoria. Las solicitudes de emprendedores y trabajadores cualificados procedentes de fuera de la Unión Europea han caído un 51% desde 2022 como consecuencia del endurecimiento de las normas de inmigración y ciudadanía.
Dinamarca lleva años restringiendo el acceso al asilo y acelerando las expulsiones. Países Bajos ha endurecido las condiciones para obtener protección internacional. Portugal ha anunciado requisitos más estrictos para acceder a la nacionalidad. Incluso gobiernos socialdemócratas que durante años defendieron políticas mucho más abiertas han endurecido su discurso presionados por la evolución del debate público y el crecimiento electoral de partidos críticos con la inmigración.
Pero aquí parece haber prisa para que el destrozo sea irreparable. Pedro Sánchez ha convertido la inmigración en uno de los ejes centrales de su discurso económico… Y electoral. El Gobierno sostiene que España necesita millones de nuevos contribuyentes para sostener el Estado del bienestar y compensar el envejecimiento de la población. Con este cuento de la lechera ha impulsado una regularización que inicialmente debía beneficiar a unas 500.000 personas y que ha terminado atrayendo más del doble de solicitudes. El Ejecutivo dispone ahora de tres meses para resolverlas y ha anunciado además un plan de integración dotado con 500 millones de euros.
Es de locos, porque España ya sufre muchos de los problemas que han llevado al resto de Europa a endurecer su política migratoria: presión sobre la vivienda, tensión en los servicios públicos, incremento del debate político sobre integración y un fuerte crecimiento de la inmigración irregular durante los últimos años. Sin embargo, mientras otros gobiernos presentan esas circunstancias como argumentos para restringir nuevas llegadas, Moncloa las interpreta como una razón adicional para integrar cuanto antes a quienes ya se encuentran en territorio español.
La oposición acusa al Ejecutivo de lanzar un mensaje que puede actuar como efecto llamada y denuncia que la regularización coincide con otras medidas, como la ampliación extraordinaria de la nacionalidad mediante la llamada ley de nietos, que también incrementa el número de potenciales electores.
Pero es inútil, porque Sánchez sabe todo eso. No es por ignorancia por lo que está inundando España de población con nulos vínculos o lealtades con nuestro país, es por cálculo: como todos los tiranos, prefiere apoyarse en extranjeros contra su propio pueblo.