China desafía a EEUU en Ormuz
En el estrecho de Ormuz se está librando una batalla, por ahora sin cañonazos, que nos va a conducir a un mundo nuevo. Y no me refiero a la crisis económica. Los índices de las bolsas de Estados Unidos y Europa apenas sienten la guerra y el barril de petróleo cotiza a un precio inferior a los máximos que marcó en marzo de 2022, en las semanas posteriores a la invasión rusa de Ucrania, en torno a 130 dólares. Pareciera que los mercados financieros y quienes los mueven se han acostumbrado a la nueva guerra.
Las primeras conversaciones celebradas en Pakistán entre las delegaciones de Estados Unidos (encabezada por el vicepresidente JD Vance) y de Irán concluyeron la semana pasada sin acuerdo. La reacción de Donald Trump fue ordenar un bloqueo de 15 puertos iraníes a partir del lunes, una acción que nos devuelve a la crisis de los misiles de 1962, cuando el presidente Kennedy ordenó el bloqueo de Cuba para impedir la arribada de buques soviéticos con armamento nuclear.
El bloqueo de Estados Unidos era una réplica al aplicado hasta ahora por Irán a buques que no aceptasen pagarle un peaje; hasta ahora, los autorizados por Irán eran barcos con bandera rusa, china y pakistaní, que han cruzado sin problemas.
Sin embargo, el conflicto ha pasado de bilateral a trilateral al intervenir China, el país más perjudicado por el corte de suministro de petróleo iraní. El régimen comunista ya no se limita a ejercer de ‘hombre bueno’ y buscar la paz, sino que se implica.
El almirante Dong Jun, ministro de Defensa desde 2023, declaró inmediatamente: «Irán controla el estrecho de Ormuz y está abierto para nosotros. Tenemos acuerdos comerciales y energéticos con Irán. Esperamos que otros no interfieran en nuestros asuntos».
Por ahora, los mercantes chinos y los buques de guerra norteamericanos se han limitado a tantearse, sin producirse ningún acto de violencia por parte de éstos, como sería el cañoneo y el asalto. Pero Estados Unidos y China chocan directamente cuando todavía sigue programada una cumbre el 14 y 15 de mayo en Pekín, en la que el dictador comunista Xi Jinping, abanderado del libre comercio y, según Pedro Sánchez, defensor del Derecho Internacional, recibirá a Trump.
Aunque hay más repercusiones para el orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial. En Ormuz se están hundiendo dos de las reglas que aún afectan a los mares del mundo.
La primera, de seguir adelante los anuncios de Irán y Estados Unidos de controlar en su beneficio el tráfico por el estrecho, supondría quebrar el principio de libre circulación de los mares, establecido en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (1982). Este tratado no ha sido ratificado ni por EEUU, ni por Irán, ni por Israel. La detención de barcos en aguas internacionales o de otra soberanía por parte de una escuadra militar de otra potencia es, en puridad, un acto de piratería.
Una vez sentado el precedente, varios países podrían intentar cerrar sus estrechos y cobrar tarifas. Y todos los ojos del mundo, así como muchos cañones, mirarían al estrecho de Malaca, también indispensable para China.
La segunda regla, ésta no expresada en ningún documento, sino tácita y basada en los equilibrios de la fuerza, consiste en el desafío a la supremacía naval de Estados Unidos, indiscutida desde 1945. En las guerras de Corea y Vietnam, así como en la crisis de los misiles, ninguna otra potencia, ni la URSS, se atrevió a desafiar a la US Navy hasta ahora. La armada china es más numerosa en unidades que la estadounidense, pero menos poderosa. Por ejemplo, sólo dispone de tres portaaviones en servicio frente a once de EEUU.
A pesar de las diferencias, China ha dado un paso crucial y, por fin, ha mostrado ante el mundo que protege a su aliado.
Mientras tanto, los países árabes del golfo Pérsico aceleran la construcción de oleoductos que permitan a los petroleros cargar crudo en el mar Rojo, el mar de Omán y el Mediterráneo (aquí en puerto israelí). Cuando estos oleoductos estén en funcionamiento, el régimen de los ayatolás habrá perdido su «arma definitiva» al romperse el cuello de botella del estrecho de Ormuz. Sin embargo, hasta entonces, el mundo sigue pendiente de él.