Opinión

Brutal embestida contra Madrid

Isabel Díaz Ayuso se declara perfectamente preparada para la guerra, sin ambages, sin disimulos, a primera sangre, que le ha declarado Pedro Sánchez. Es una embestida burriciega, de toro aparentemente manso pero de un peligro cornalón, que sólo tiene un objetivo: impedir que el embrión de la resistencia nacional que ha nacido el 4 de mayo, se extienda, como una mancha de aceite, resbaladiza y contagiosa, por las demás regiones de España. Sánchez, al albur siempre de lo que inventa para él su gurucillo Redondo, se dispone a ahogar financieramente a la Comunidad de Madrid, a robarle sus impuestos de Patrimonio, Sucesiones y Donaciones, y a propalar por aquí, por acá y por acullá una campaña de desprestigio no sólo de la propia presidente de la región, sino de ésta como paradigma de la insolidaridad, de lo que Moncloa denomina con un desahogo descomunal, la “cuna de la desigualdad nacional”. Para ahondar en este propósito, Sánchez cuenta con la colaboración interesada del trío autonómico Page-Puig-Vara, que esconde sus miserias económicas en el supuesto egoísmo elitista madrileño, a pesar de que guardan por Sánchez el mismo aprecio, o incluso peor, del que manifiestan los portavoces de la oposición.

En algo sin embargo tiene razón el aún presidente: su supervivencia en La Moncloa depende directamente de que el éxito popular en Madrid no se consolide definitivamente. Si hay que utilizar navajas manchadas con tinta china, se preparan sin el menor escrúpulo. No van a reparar en medios. Pero Ayuso tiene que atender al uso y disfrute que haga el PSOE de las más que probables rencillas que se están abriendo en su propio partido. Es curioso: ya se empieza a hablar del afán de protagonismo de la presidenta de Madrid, de su tendencia a marcar distancias con la dirección nacional del PP, y hasta de la intención de Ayuso de aparecer como opción alternativa al mismo Casado. De nuevo, el centroderecha, cuando obtiene un triunfo resonante, lo amortigua con recelos endógenos. El PSOE es maestro en utilizar este tipo de armas para aminorar el prestigio de sus oponentes. Esta es una constancia que deberían tener muy en cuenta los propagandistas de estas especies realmente miserables.

De este modo Sánchez puede encontrar ayuda para sus fines barreneros en el propio Partido Popular. Es cierto que por ahora apenas son apreciables estas reticencias, pero no lo es menos que existen, vaya si existen; es más, ya se visualizaron durante la campaña electoral en la que, claramente, Casado y sus directivos ocuparon un puesto subsidiario en las actuaciones de Ayuso. Entonces, el PSOE, ocupado únicamente en articular falsas agresiones contra alguno de sus ministros, y en intentar que el pobre Gabilondo cogiera resuello apoyando al infecto Iglesias, no cayó en la cuenta de estas mínimas reacciones que se estaban produciendo muy claramente dentro del PP, y eso salvó en gran parte el proceso electoral de Ayuso, pero ahora vuelven a entreverse estos “peros”, estos “sin embargo” que, de proseguir, pueden convertirse en aliados objetivos de Sánchez y sus peones de brega.

Porque estos no descansan. La última razón por la que no han articulado una legislación para el “postalerta” es porque, de ninguna manera, quiere La Moncloa tiznarse con los efectos secundarios, políticos, sanitarios, económicos y sociales del Covid. A Sánchez le trae exactamente por una higa lo que piense y sienta a este respecto su correligionario Page, o Lambán, el más crítico de los socialistas. Su inanidad, su tancredismo legal está dirigido básicamente a erosionar la trayectoria de la presidenta de Madrid. A eso dedica todos sus esfuerzos, aún a costa de sumergir a España entera en el caos judicial que se está produciendo. Como indica un periodista que conoce muy bien los usos monclovitas: “Lo que importa es que Ayuso no siga siendo la heroína que ha salvado a los madrileños de la pobreza”, y añade: “Se trata de lograr que, de una vez por todas, Ayuso aparezca como la culpable de todas las muertes de Madrid”. “O sea -termina- como si ella, su comportamiento, sus decisiones, sean aún más letales que el mismísimo virus”.

Y en eso están. Por el momento sin éxito alguno, pero un tipo que tiene en sus pecadoras manos nada menos que el Boletín Oficial del Estado, se convierte, de frente y por derecho, en el remedo de un cabestro incontrolado, un toro manso como aquel ‘Islero’ que rajó el enjuto cuerpo de Manolete y le llevó, tan joven, a la tumba. Tras su fuga después de las elecciones de Madrid, Sánchez se ha dejado ver por todos los escenarios posibles mostrando su mejor faz de hombre sereno, preocupado y muy templado, pregonando, otra vez más, el fin de nuestras desgracias. Se ha presentado como el “rey de las vacunas” al que España entera debe agradecer la “segunda nueva normalidad” y una inmunidad de rebaño, cuya sola denominación debería espantar a cualquier ciudadano que no quiera ser asimilado a una oveja. Mientras él tiene en peligro a una gran parte de la población vacunada en primera instancia con AstraZeneca, se jacta de que, para julio -ya veremos que no va a ser así- el 70% del país, ya estará inmunizado. “Gracias a mí”, le está faltando decir.

Naturalmente que de este modo no deja que nadie se apropie de la salud general. Ayuso lo sabe y por eso, nuevamente, ha decidido hacer la guerra por su cuenta denunciado el agujero negro de Barajas, sacando los viales de las neveras, comprando nuevas dosis, abriendo lugares para la vacunación, y completando un plan que ni siquiera la sectaria anestesista García, líder de Más Madrid, está pudiendo desmontar. Sánchez ha pinchado en hueso con Ayuso. Ha urdido todas las martingalas posibles para reventar su éxito, todas las instituciones del Estado las ha puesto a disposición de su venganza, pero hasta el momento ha fracasado, por eso alertamos de la nueva embestida, la más feroz que pueda pensarse, la que ya ha emprendido a la carrera para impedir que el triunfo de Madrid se convierta en el de España entera.