¿Los de las autoescuelas también son ricos?
El mantra falaz que sustenta los nuevos Presupuestos Generales del Estado dice: «Que nadie se preocupe, pagarán los ricos». Los políticos irresponsables de PSOE y Podemos extienden el mensaje al modo goebbeliano, pero en pleno siglo XXI un mensaje fake no se vuelve cierto por mucho que se repita mil veces. Los desmanes de gasto que llevan aparejados las Cuentas Públicas caerán en forma de impuestos sobre la clase media, los autónomos y los inversores. Tres agentes esenciales para la creación de empleo, que ha sido el combustible fundamental para que España haya crecido de forma consecutiva a más del 3% durante el último trienio. Un sector que está gravemente afectado por estos Presupuestos caóticos es el de las autoescuelas, más si cabe en un contexto condicionado por el alza en los precios de la gasolina y el gasóleo.
Otro problema es que la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) aumentará las cuotas mínimas de los trabajadores autónomos. Además, el impuestazo del diesel concierne a 14 millones de conductores españoles. Entre todos tendrán que afrontar los 670 millones de euros que conlleva dicho gravamen. Algo que toca de lleno a las más de 8.000 autoescuelas que hay en nuestro país, ya que el 98% de sus vehículos utiliza el diesel. Por lo tanto, este exceso impositivo pondrá en riesgo los más de 32.000 empleos con los que cuenta el sector. Estas dificultades se unen al hecho injusto de que la Dirección General de Tráfico (DGT) no los considere «profesionales del transporte». De ese modo, no pueden beneficiarse de las ventajas que tienen camioneros, agricultores o transportistas.
Algo incomprensible cuando, de la misma manera que los profesionales citados anteriormente, los trabajadores de las autoescuelas utilizan el vehículo de manera constante para desarrollar su labor profesional. Estas rémoras que parten de la acción errónea del Gobierno formarán una bola de nieve que afectará los intereses de toda la cadena del negocio: propietarios, trabajadores y alumnos. Todos verán incrementados los problemas para desarrollar sus respectivas actividades y, lo que es peor, a corto y medio plazo tendrá incidencia directa tanto sobre el consumo —el de los alumnos— como en los puestos de trabajo. Si estos eran los presupuestos que nos iban a colocar a la «vanguardia fiscal de Europa» —como aseguraban con fatuidad en PSOE y Podemos— mejor nos hubiéramos quedado como estábamos. No hay un sólo sector en el que no vayan a repercutir negativamente.
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