Así sí, Susana; así no, Guillermo
Susana Díaz y Guillermo Fernández Vara representan perfectamente la realidad de un Partido Socialista partido en dos. De un lado, los partidarios del PSOE constitucional, defensor de la unidad de España y con un amplio sentido de Estado. Del otro, un partido extraño amparado por unas siglas históricas. Sumido en constantes vaivenes y bandazos políticos y con cierta tendencia a abrazar postulados neopodemitas. Díaz representa como pocas al primer grupo. La presidenta de la Junta de Andalucía persevera con coherencia en su discurso y trayectoria política. No es de extrañar, por tanto, que apoye la proposición no de ley de Ciudadanos para respaldar al Gobierno en su defensa de la legalidad en Cataluña.
Más extraño resulta, sin embargo, el volantazo que ha dado el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara. El dirigente oliventino siempre se ha caracterizado a lo largo de su vida política por la defensa de la Constitución y de la unidad de España. Al menos hasta ahora, porque este jueves se ha juntado con Podemos para negarle su apoyo al Ejecutivo en la defensa de unidad nacional. Una decisión errónea, tanto por la compañía como por el tema del que se trata. El lugar del PSOE —da igual la comunidad autónoma donde se ubique— siempre ha de ser contrario al de Podemos. De otro modo perderán su identidad y, por consiguiente, el apoyo de los votantes.
La decisión de Vara es impropia de un hombre que hace menos de cinco meses decía que Podemos «quiere que el PSOE se rompa». De ahí que llame mucho la atención que ahora abandone los postulados de la propia Susana Díaz —a la que apoyó en las Primarias socialistas— para entregarse a los morados y seguir así la senda que a veces camina el propio Pedro Sánchez y que tan malos resultados le dieron en su primera etapa como secretario general del Partido Socialista. A medida que Vara se ha ido acercando a Sánchez para no perder un sitio preponderante en el aparato de la formación, su discurso se ha contradicho cada vez más. Sería bueno que el principal partido de la oposición homogeneizara su criterio ante un tema tan importante como el golpe de Estado en Cataluña. La división ya fue palpable hace una semana en el Congreso de los Diputados. Su lugar, por historia y resultados, ha de ser constitucionalista y español… o no será.
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