2026, año en el que saltará el «tapón»
Una docena de causas penales esperan agazapadas a Sánchez en los próximos doce meses. Algunas de ellas de hondo calado político e institucional. ¿Podrá sobrevivir a ellas el gato político más formidable que nunca habitó entre aquellas paredes? Existe coincidencia generalizada en algo obvio: el presidente del Gobierno se ha convertido en el principal hándicap para el progreso y el normal desenvolvimiento de España. Hasta sus propios conmilitones lo reconocen, eso sí, con sordina y en privado.
Ya sabemos que se trata de un superviviente nato; que ampara su huida hacia adelante ante el temor de ir a la cárcel. Intuimos y confirmamos que retorcerá las instituciones y el poder que todavía tiene en sus manos (poder cuasi absoluto en la casi totalidad de las instituciones de la nación) para tratar de echar raíces en ellas. Aun así, la experiencia política demuestra que la realidad es mucho más fuerte que cualquier amago de resistencia, si bien se necesita tiempo para producir el cambio.
Políticamente, Sánchez está muerto. No es capaz de ganar unas elecciones limpias. En el PSOE hay una mayoría de militantes, salvo los agraciados con sus pedreas y sinecuras, que ven imposible la subsistencia del partido más añejo de España con ese líder. Sus socios secesionistas y comunistas ya conocen su pelaje. Y no saben cómo tirar de la cadena del váter sin poner en almoneda sus vidas y haciendas.
Económicamente, España no es El Dorado que los pesebristas gubernamentales pregonan. Hay miseria por millones; carestía de todo tipo sin que las principales resistencias históricas hayan sido siquiera enfrentadas. Dice que sube el SMI y al mismo tiempo aprieta el dogal impositivo sin saber de qué manera se puede parar la enorme escalada de precios en temas básicos como la energía, la vivienda, el pan, el aceite y el azúcar. Es falso que una mayoría de ciudadanos españoles viven mejor que antes de llegar el leviatán socialista. ¡Falso!
Internacionalmente, hace tiempo que pescaron a Sánchez chapoteando en sus propias aguas estancadas. Don Pedro es irrelevante para la UE; despreciado por la primera potencia del mundo y otras naciones emergentes en el mundo libre. Sólo es reconocido entre dictadores, autócratas y dirigentes malolientes. Desde el chino Xi Jinping al inexportable Maduro. Aparece como nítido rehén de Marruecos.
Aunque mantiene con dinero público un notable apoyo mediático, los más inteligentes de esa grey ya ponen pies en polvorosa. Ejemplo al canto el de Soledad Gallego Díaz, ex directora de El País y una de las primeras en soldar el sanchismo en los grandes medios de comunicación.
Pero, sobre todo, que no puede pisar la calle si no es oscurecido por una enjambre de escoltas y aun así el cántico del año se oye por todas las esquinas. Por todo ello, sinceramente, creo que 2026 será el definitivo canto del cisne. Las campanas tocarán a réquiem por un dirigente nefasto, irresponsable, locoide y desquiciado.
A estas horas ya sabe que le espera paga vitalicia, coche oficial de por vida, escoltas, despacho ad hoc y chimenea humeante. El muchacho estirado y pagado de sí mismo que quería pasar a la historia por acabar con la pobreza infantil en España, hoy sólo puede cosechar un epíteto en la historia negra: el gran impostor.
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