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Liberan miles de caballos extintos en el desierto chino: 10 años después, el resultado deja mudos a los científicos

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

A finales de los años 60 se tuvo constancia por última vez de los caballos salvajes de Przewalski en libertad. La caza directa, la pérdida de hábitat y la presión humana fueron los factores que determinaron su desaparición en la naturaleza.

La buena noticia es que quedó un pequeño grupo de ejemplares que sobrevivió en zoológicos y centros de cría, y de ahí nació un programa largo, lento y muy controlado que hoy en día está dando sus frutos. Ahora, estos caballos vuelven a moverse por zonas en China donde durante décadas no quedaba nada.

Los científicos liberan caballos salvajes en el desierto chino y el suelo vuelve a responder

Cuando China decidió reintroducir al caballo de Przewalski en el desierto, el proyecto se centró en la cuenca de Junggar, en la región de Xinjiang, al norte del país. Allí, durante décadas, el avance del desierto había degradado el suelo hasta dejarlo casi improductivo.

En 1986 comenzaron las primeras reintroducciones. Los caballos no se soltaron de forma directa. Pasaron antes por recintos abiertos, donde aprendieron a orientarse, localizar puntos de agua y soportar tormentas de arena y temperaturas bajo cero. El margen de error era mínimo y los científicos lo sabían, por eso el seguimiento fue constante desde el primer día.

Las dudas no venían de la falta de información, sino de lo que ya había pasado antes. El caballo de Przewalski llevaba extinto en libertad desde 1969 y la especie se había reducido a poco más de una docena de reproductores viables en zoológicos europeos.

Cada cruce se planificó con cuidado, durante años se revisaron pedigríes, se descartaron individuos con problemas genéticos y se priorizó la resistencia física por encima de cualquier otro criterio.

Ese trabajo previo resultó clave, porque el caballo de Przewalski no es un animal cualquiera. Nunca fue domesticado y conserva rasgos físicos y genéticos propios. Es bajo y compacto, con músculos densos, patas fuertes y una cabeza grande.

La crin es corta y erguida, sin flequillo, y el pelaje, de tonos arena, mantiene marcas primitivas visibles. A nivel genético, cuenta con 66 cromosomas, una diferencia que confirma su linaje propio frente al caballo doméstico.

Hoy en día las manadas recorren entre cinco y 15 kilómetros diarios, se reproducen con normalidad y ocupan zonas cada vez más amplias. A comienzos de 2026, China supera los 900 ejemplares en libertad. Mongolia y Kazajistán avanzan en paralelo.

Por qué es tan importante que vuelvan los caballos de Przewalski

La importancia de la reintroducción del caballo se nota principalmente en el suelo. Al desplazarse en grupo, los cascos rompen la costra dura de la tierra seca y permiten que el agua de lluvia penetre. Ese gesto simple activa semillas que llevaban años enterradas sin germinar y reactiva los microorganismos del suelo.

El estiércol cumple otro papel esencial, ya que aporta nutrientes, favorece la vida microbiana y acelera la recuperación de los pastos. Con el regreso de la vegetación, vuelven insectos, aves y pequeños mamíferos. El sistema empieza a cerrarse de nuevo desde abajo, sin intervención directa del ser humano.

Durante décadas, China apostó por la plantación masiva de árboles para frenar la desertificación. Los resultados fueron irregulares, ya que  en muchas zonas, los árboles no lograron arraigar porque el suelo ya no tenía vida. Sin raíces herbáceas ni actividad biológica, la tierra no retiene agua y la arena avanza.

Al final, el caballo introduce en el ecosistema un elemento que los árboles no aportan: movimiento constante. Hoy, la población mundial del caballo de Przewalski ronda los 2.500 a 3.000 individuos, y los modelos científicos indican que, si el crecimiento se mantiene, las manadas podrían influir de forma estable en amplias zonas del norte de China y frenar el avance del desierto en las próximas décadas.