Cinco heladerías imprescindibles para despedir el verano en la capital

Las últimas jornadas de la época estival invitan a exprimir al máximo las horas de sol paseando por las calles madrileñas. Con la fecha límite del 23 de septiembre marcando el cambio oficial de estación hacia el otoño, los amantes de los sabores fríos encuentran la excusa perfecta para recorrer los mejores obradores artesanales de la ciudad.
La capital vive una auténtica época dorada en lo relativo a la elaboración de cremas y sorbetes de alta calidad. Lejos de las propuestas industriales, diversos establecimientos apuestan por materias primas de cercanía, frutas de temporada e ingredientes de importación seleccionados para ofrecer elaboraciones cremosas que conquistan tanto a los vecinos como a los visitantes.
Los Alpes: tradición y solera en el barrio de Chamberí
Fundada en el año 1950, la heladería Los Alpes presume de ser la más antigua de Madrid. Ubicada en el número 6 de la calle Arcipreste de Hita, este negocio familiar ha sabido mantener intacta la calidad de sus recetas tradicionales a lo largo de varias generaciones.
Su vitrina destaca por el uso de fruta fresca, avellanas procedentes de Reus, pistachos sicilianos y leche de primera categoría. Además de sus reconocidas combinaciones de avellana o chocolate negro, el local es famoso en toda la zona por elaborar una de las mejores horchatas naturales de la ciudad.
Maison Glacée: la alta repostería hecha helado
El reconocido chef pastelero Ricardo Vélez trasladó su obsesión por el detalle al universo heladero con la apertura de Maison Glacée. Con locales en la calle de Alcalá 77 y en la calle Ibiza 42, esta propuesta reivindica el concepto de helado de culto utilizando leche ecológica certificada de la Comunidad de Madrid.
- Barquillos artesanos: Elaborados y moldeados a mano en el propio establecimiento a la vista del cliente.
- Chocolate de origen: Elaboraciones preparadas con cacao puro importado de Venezuela.
- Sabores estrella: Destacan el de tarta de queso, mantecado tradicional y caramelo salado.
Kalúa: influencia argentina en pleno corazón de Fuencarral
Con origen en Buenos Aires en la década de los ochenta y asentada en Madrid desde hace años, Kalúa (calle de Fuencarral, 131) se ha ganado a pulso filas constantes de clientes a las puertas de su local. Su éxito radica en la textura extremadamente cremosa que caracteriza al genuino gelato argentino.
La oferta roza los cuarenta sabores rotativos, ofreciendo combinaciones para todos los gustos. El dulce de leche en sus diferentes versiones —con alfajor, con chocolate o con nata— encabeza la lista de los más pedidos junto a creaciones innovadoras como la tarta de lima o el Kinder Bueno.
Mistura: personalización sobre piedra de granito
Para quienes buscan una experiencia diferente, Mistura cuenta con diversos espacios repartidos por puntos estratégicos como la calle de Augusto Figueroa o la calle Toledo. La marca destaca por su proceso de preparación final, donde el helado se mezcla a la vista del cliente sobre una plancha de granito congelada a baja temperatura.
Los comensales eligen una base artesanal elaborada con leche fresca de granja y la combinan con diversos toppings naturales, como frutos secos tostados, fruta fresca troceada o mermeladas caseras. Este método garantiza un batido homogéneo sin perder la consistencia del producto.
Zúccaru: auténtica receta siciliana cerca de Ópera
Ubicada en la calle de Vergara número 16, Zúccaru trae los aromas más puros de la isla de Sicilia al centro histórico de Madrid. Sus creadores elaboran a diario cantidades reducidas para garantizar que el producto no pierda frescura ni textura con el paso de las horas.
Sus helados destacan por no utilizar colorantes, aromas artificiales ni grasas hidrogenadas. La gran especialidad de la casa es el helado de pistacho de Bronte, aunque también conviene probar sus sorbetes cítricos de limón y mandarina, servidos opcionalmente dentro del tradicional bollo brioche caliente según la costumbre del sur de Italia.