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Los expertos claman y piden soluciones: los monocultivos están destrozando el hábitat de un ave en extinción

Ave, naturaleza, animales
Picaflor de Arica. Foto: Cristian Estades / Unión de Ornitólogos de Chile
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

La supervivencia de una de las aves más singulares de Sudamérica pende de un hilo. En el norte de Chile, el picaflor de Arica se ha convertido en el símbolo de una crisis ambiental.

La expansión de la agricultura intensiva y, en particular, de los monocultivos, está transformando de forma irreversible los oasis del desierto de Atacama. Los científicos alertan de que, sin medidas urgentes, esta especie podría desaparecer.

Los monocultivos destruyen el hábitat del picaflor de Arica y amenazan su supervivencia

El picaflor de Arica (Eulidia yarrellii), considerado el ave más pequeña de Chile, habita en los valles de Azapa, Vítor y Camarones. Sin embargo, estos enclaves están experimentando una profunda transformación debido al avance de modelos agrícolas intensivos.

Un estudio liderado por la Universidad de Chile y publicado en la revista Arid Land Research and Management, advierte que la expansión del monocultivo está deteriorando gravemente el ecosistema necesario para su supervivencia.

La investigación, encabezada por los doctores Matías G. Castillo y Cristian Estades, documenta cómo la sustitución de sistemas agrícolas diversos por cultivos homogéneos genera una pérdida significativa de biodiversidad.

Este tipo de producción, orientado a maximizar el rendimiento a corto plazo, conlleva una mayor utilización de agroquímicos y una simplificación del paisaje que reduce las fuentes de alimento y refugio para las especies nativas.

El impacto de los monocultivos en la biodiversidad: cifras alarmantes en el desierto de Atacama

Los datos obtenidos mediante imágenes satelitales entre 2003 y 2019 reflejan una transformación acelerada del territorio. En el valle de Azapa, la infraestructura agrícola (incluyendo invernaderos y mallas antiáfidos) creció a un ritmo medio anual del 24,7%. Este proceso permitió incorporar más de 1.400 hectáreas a usos intensivos.

No obstante, este crecimiento ha tenido un coste ecológico elevado. Uno de los impactos más relevantes es la reducción de los frutales, cuya superficie disminuyó más de un 50%, pasando de 2.000 a 928 hectáreas en el periodo analizado. Esta caída implica una pérdida directa de recursos alimenticios para el picaflor, que depende de estas especies para subsistir.

El problema no se limita a esta ave. El estudio advierte que la degradación del hábitat también afecta a reptiles, murciélagos e insectos polinizadores, fundamentales para el equilibrio del ecosistema. La homogeneización del paisaje reduce la resiliencia ecológica y aumenta la vulnerabilidad de numerosas especies.

Los expertos piden soluciones urgentes ante el avance de los monocultivos y el riesgo de extinción de esta ave

La situación es especialmente crítica debido al aislamiento geográfico de estos valles. Están rodeados por el desierto y funcionan como islas ecológicas sin conexión con otros hábitats.

«No hay adónde ir», subraya el investigador Matías Castillo, destacando que la pérdida de cualquier área verde tiene consecuencias prácticamente irreversibles.

Los expertos coinciden en que aún existe margen de actuación, pero exigen decisiones políticas inmediatas. Éstas son algunas de las medidas propuestas:

  • Planificación territorial con un enfoque ecosistémico.
  • Creación de corredores biológicos.
  • Programas de restauración ecológica.
  • Regulación del uso intensivo del suelo.

La comunidad científica insiste en que la conservación del picaflor de Arica no depende únicamente del conocimiento técnico, sino de la voluntad institucional para equilibrar desarrollo económico y protección ambiental.

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