Entradas disparadas

Un Mundial para ricos

Las entradas del Mundial 2026 alcanzan precios récord y preocupan a Louzán

eguir a España en Estados Unidos puede costar una fortuna en el torneo más caro de la historia

¿Cómo comprar entradas para el Mundial?

Mundial entradas
Gianni Infantino.
Iván Martín

España ya piensa en su debut mundialista contra Cabo Verde el próximo 15 de junio. Los hombres de Luis de la Fuente están preparando su estreno en Atlanta. Sin embargo, mientras los futbolistas ultiman los detalles sobre el césped, existe una preocupación creciente en los despachos de la Federación Española de Fútbol. Y no tiene nada que ver con cuestiones deportivas. El gran problema son las entradas.

Rafael Louzán, presidente de la Federación, no oculta su inquietud por las dificultades que están encontrando miles de aficionados españoles para acompañar a la selección en Estados Unidos. El mandatario es consciente de que este Mundial corre el riesgo de convertirse en un torneo reservado para unos pocos privilegiados. «Me gustaría que más personas se pudieran permitir las entradas del Mundial», aseguró recientemente. Y los números explican perfectamente el motivo.

La FIFA ha apostado por primera vez por un sistema de precios dinámicos, una fórmula habitual en Estados Unidos que provoca que el coste de las entradas aumente en función de la demanda. Lo que inicialmente se vendió como una oportunidad para acercar el Mundial a más aficionados se ha convertido en una auténtica pesadilla para muchos seguidores. Un escenario prácticamente inalcanzable para buena parte de ellos.

De los 45 dólares que costaba una entrada en Estados Unidos 1994 a los casi 33.000 de la final de 2026. Treinta y dos años después, el Mundial ha dejado de ser una fiesta popular para convertirse en un producto de lujo.

Este sistema ajusta automáticamente el coste de las entradas en función de la demanda. Es decir, cuanto más interés existe por un partido, más sube el precio de las localidades. De esta forma, una entrada que hoy cuesta 120 dólares puede alcanzar los 250 o incluso los 400 apenas unos días después si aumenta el número de compradores. El problema es que muchos aficionados adquieren sus boletos sin saber cuánto acabarán pagando otros por el mismo asiento, generando una enorme sensación de incertidumbre y disparando los precios de los encuentros más atractivos del torneo.

Las entradas para algunos partidos de la fase de grupos han pasado de poco más de 100 dólares a superar los 300 en cuestión de semanas. En el caso del España-Uruguay, que se disputará en Guadalajara (México), los precios llegaron a multiplicarse prácticamente por tres en la plataforma oficial de reventa de la FIFA.

Los precios se disparan todavía más a medida que avanza el torneo. Las entradas para los octavos de final superan en muchos casos los 500 dólares, mientras que en cuartos y semifinales es prácticamente imposible encontrar localidades por debajo de los 1.000. El gran escándalo llega con la final de Nueva Jersey. La FIFA llegó a poner a la venta algunas entradas premium por 32.970 dólares, una cifra que ha provocado indignación en medio mundo y que convierte la gran cita del fútbol mundial en un lujo al alcance de muy pocos. Incluso las localidades más económicas para el partido por el título superan ampliamente los 2.000 dólares.

Seguir a España cuesta una fortuna

Pero el problema no acaba en el precio de los boletos. A diferencia de otros Mundiales recientes, el de 2026 se disputa en tres países y 16 ciudades diferentes. Seguir a una selección implica vuelos internos, hoteles con precios disparados, alquiler de vehículos y desplazamientos constantes a lo largo de miles de kilómetros.

Las estimaciones más pesimistas elevan el coste de acompañar a una selección durante todo el torneo por encima de los 60.000 dólares entre entradas, alojamiento y desplazamientos. Una cifra completamente fuera del alcance del aficionado medio.

El contraste con otros Copas del Mundo es enorme. En Estados Unidos 1994 era posible acudir a partidos por 45 dólares. Treinta y dos años después, muchas localidades de la fase de grupos arrancan por encima de los 200 dólares y la final ha alcanzado cifras que superan los 30.000 dólares en determinados momentos.

Se aleja de los aficionados

En la Federación existe la sensación de que el Mundial se está alejando de los aficionados. Muchos de ellos recorren miles de kilómetros para seguir a España y son los mismos que llenan estadios durante las fases de clasificación, los que viajan a las Eurocopas y los que acompañan al combinado nacional en cualquier rincón del planeta.

Por eso preocupa especialmente que muchos de ellos hayan tenido que renunciar a viajar por una cuestión puramente económica. Estarán presentes, ya que una representación de más de 300 aficionados de la peña Marea Roja viajará a Atlanta, pero, una vez más, serán minoría. Y es que este Mundial parece cada vez más reservado para quienes pueden permitírselo.

El Mundial más grande de la historia también amenaza con ser el más caro. Y mientras la FIFA presume de ingresos récord, en España crece el temor de que la selección juegue lejos de buena parte de su afición.

Nueva York, indignada

El enfado en Nueva York y Nueva Jersey también es notable. Las autoridades de ambos estados han llegado a investigar a la FIFA por las políticas de venta de entradas, los cambios de precios y la información facilitada a los aficionados sobre la ubicación de los asientos. Políticos locales y representantes del sector turístico consideran que el organismo que preside Gianni Infantino ha llevado demasiado lejos el sistema de precios dinámicos y temen que muchos estadios presenten una imagen alejada de la afición tradicional que históricamente ha dado vida a los Mundiales.

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