Thomas Day y su experimento para crear «la esposa perfecta»
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El escritor británico Thomas Day fue un afamado autor que presentó enérgicos trabajos sobre el abolicionismo de los esclavos durante la segunda mitad del siglo XVIII.
También fue seguidor de las obras de Rousseau, sobre todo en la parte de educación. En este campo, a Thomas Day la llamó siempre la atención la obra ‘Emilio, o De la educación’, considerada el primer tratado filosófico sobre la naturaleza del hombre.
Este tratado salió a la luz en 1762, y se basaba en un relato que presentaba a un hombre que intentaba educar convenientemente a a otro para convertirlo en el ciudadano ideal.
Thomas Day y la esposa perfecta
Desde su publicación, el escrito de Rousseau impactó a muchos intelectuales de la época, pero nadie había tenido la idea de ponerlo en práctica en la vida real.
Fue Thomas Day, el que impactado por la metodología del filósofo francés, tomó la iniciativa y llevó a cabo un experimento, siguiendo el tratado, para crear a la esposa perfecta.
Hay que poner en contexto varios aspectos de la vida de Thomas Day que quizás lo llevaron a realizar semejante práctica.
Durante su juventud y épocas de estudios, Day era descrito como un hombre de mal genio, y que tenía marcada la cara por la viruela. Además, el joven Thomas se había llevado a lo largo de su vida varios desencantos amorosos.
Por esto, el escrito inglés culpó a las mujeres, o más bien a su educación, de todas sus desgracias.
Dos huérfanas
Para llevar a cabo su experimento de educar a dos mujeres desde la infancia, Thomas Day, con la ayuda de su abogado John Bicknell. En el año 1766, Day eligió de un orfanato a sus dos muchachas para la educación.
Tenían 11 y 12 años, y las llamó Sabrina y Lucrecia. El escritor ya era rico con 21 años cuando comenzó el experimento junto a Richard Lovell Edgerworth, por eso no le importó comprar favores de las autoridades para no tener problemas legales en el futuro.
El experimento requería quitar toda frivolidad del entorno de las niñas, que lograran despreciar los lujos excesivos y, sobre todo, tener una educación severa e intensa.
Los castigos durante el primer año de educación fueron constantes: quemaba las manos de las niñas con cera, las bañaba en agua helada en invierno, e incluso les disparaba con armas de fogueo.
Al cabo de un año, Thomas Day solo continuó con Sabrina, ya que Lucrecia «era estúpida y una pérdida de tiempo» tal y como cuentan las cartas que le enviaba a Edgerworth.
Cuando Sabrina fue adolescente pudo escapar de las manos del escritor y se convirtió en costurera. Pasados unos años, John Bicknell, el abogado de Thomas Day, se casó con Sabrina víctima de los remordimientos que tenía.
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