Historia
Vitivinicultura

Perplejidad entre los arqueólogos: el ADN confirma que el vino de la península ibérica lo trajeron los fenicios y no el Imperio romano

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un equipo internacional liderado por investigadores de la Universidad de Valencia confirmó que las primeras vides cultivadas de la península ibérica llegaron del Mediterráneo oriental hace unos 3.000 años. El análisis de ADN antiguo vincula ese origen con colonos fenicios, siglos antes de la llegada del Imperio romano a la región.

El estudio analizó el genoma de 28 semillas de vid procedentes de siete yacimientos arqueológicos de la península ibérica y de Cerdeña, con dataciones desde el siglo IX antes de Cristo hasta el siglo XIV después de Cristo. Las semillas más antiguas, encontradas en Huelva, corresponden a los siglos IX y VIII antes de Cristo, en un puerto con abundante material fenicio, griego y sardo.

La investigación estuvo coordinada por Carolina Royo, del Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV-CSIC), Guillem Pérez-Jordà, del Departamento de Prehistoria, Arqueología e Historia Antigua de la Universidad de Valencia, y Leonor Peña Chocarro, del Instituto de Historia del CSIC, con la participación de universidades de Manchester, Londres, Montpellier, Lleida y Tubinga. El hallazgo se publicó en la revista científica Current Biology.

Las semillas de Huelva confirman el origen fenicio del vino en la península ibérica

El análisis genético mostró que las tres semillas más antiguas de Huelva, con morfología ya domesticada, comparten firma genética con variedades modernas de los Balcanes y el Mediterráneo oriental. Esa coincidencia demuestra el primer indicio de que las vides domesticadas de origen oriental estaban presentes desde las etapas iniciales de la viticultura en la península ibérica.

Los investigadores identificaron en esas semillas el clorotipo D, un marcador genético del Cáucaso, los Balcanes y el Mediterráneo oriental, casi ausente en las vides silvestres actuales de la península ibérica.

Ese mismo clorotipo apareció en 11 de las 14 muestras dateables antes del siglo I después de Cristo, incluidas las de época del Imperio romano, que resultaron emparentadas en primer grado con las vides fenicias más antiguas.

Esta cronología es coherente con la evidencia arqueológica que sitúa el inicio de la viticultura antes en la península ibérica que en la actual Francia.

¿Cómo se cruzaron las vides fenicias con las variedades silvestres de la península ibérica?

Las semillas de los mismos yacimientos y de otros del inicio de la Edad del Hierro muestran una firma genética híbrida entre vides silvestres locales y variedades importadas. Los autores del estudio sugieren que ese cruce temprano pudo facilitar la adaptación de las vides orientales al clima y al suelo de la península ibérica.

Ya en la Edad del Hierro, las semillas de Cerdeña y del noreste peninsular muestran que ya se había producido la diversificación genética que dio origen a los linajes de vino de Europa central e ibéricos.

Guillem Pérez-Jordà, investigador de la Universidad de Valencia, explica que esas vides tempranas se cruzaron rápido con poblaciones silvestres locales, un cruce que contribuyó a formar las variedades tradicionales de la península.

El linaje de la vid Hebén: más de 1.100 años de cultivo ininterrumpido en España

Una semilla medieval de Valencia del siglo XIV tiene una relación de padre-hijo con la variedad portuguesa Batoca y una coincidencia genética del 97,4 % con la Pasa Valenciana, una uva de mesa que se conserva en bancos de germoplasma. Otra semilla de Valencia, del siglo X, resultó hermana completa de la variedad española Viura (también llamada Macabeo) y descendiente de la vid Hebén.

Hebén es la madre genética de al menos 117 variedades modernas de la península ibérica, Baleares, Francia y el norte de África, y se ha propagado de forma clonal durante al menos 1.100 años, más tiempo que el que abarca la referencia escrita más antigua conocida, un tratado de agricultura de 1513.

Los autores concluyen que solo dos o tres generaciones separan a las vides fenicias originales de las variedades que todavía se cultivan hoy, como la Pasa Valenciana y la Batoca.