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Malne recuerda su apuesta por Nieves Álvarez cuando nadie confiaba en ella: «No era el canon del momento, era lo que iba a venir»

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Marta Morales

La primavera-verano 2017 de Malne parte de una referencia histórica, las musas de los grandes diseñadores parisinos del siglo XX, para terminar hablando de algo mucho más amplio: la feminidad entendida como una suma de personalidades, estilos y formas de habitar la ropa. Paloma Álvarez y Juanjo Mánez, diseñadores de la firma, han construido una colección en la que conviven el glamour, la sastrería, las plumas, el encaje y las estructuras arquitectónicas, pero también una idea que parece recorrer cada look: la ropa debe adaptarse a la mujer y no al contrario.

«La colección empieza con una idea sobre las musas de los grandes diseñadores parisinos de los años del siglo XX», explica Paloma Álvarez. Pero aquella inspiración inicial fue creciendo hasta convertirse en una exploración de mujeres diferentes. «Hemos explorado la feminidad de muchísimas mujeres distintas», apunta la diseñadora, desde mujeres de distintas edades y procedencias hasta una feminidad que puede expresarse incluso desde lo masculino. Esa idea queda representada también en la pasarela por el modelo Rodrigo Laguna, cuya belleza juega precisamente con esa frontera entre géneros.

La colección se mueve entre extremos. Hay vestidos fluidos, plumas y propuestas de noche, pero también camisas aparentemente sobrias, faldas lápiz y referencias a la sastrería masculina. El animal print aparece como un elemento reconocible, pero los diseñadores lo entienden como un clásico: «El animal print es un clásico», señala Juanjo. La diferencia está en cómo se mezcla con otros códigos, como el encaje de Chantilly, las rayas diplomáticas o las estructuras de corsé.

Uno de los rasgos característicos de Malne es precisamente esa capacidad para combinar sofisticación y sorpresa sin perder la funcionalidad. Una camisa puede esconder un corsé; una falda lápiz incorpora una abertura para facilitar el movimiento; un vestido espectacular de plumas mantiene, sin embargo, la comodidad necesaria para que una mujer pueda caminar con naturalidad. «Nos gusta la feminidad, pero no nos gusta la incomodidad», resumen.

Esa filosofía alcanza su máxima expresión en los vestidos de noche, construidos con formas más arquitectónicas. Uno de los diseños más destacados combina una estructura superior trabajada como un corsé con plumas y flores inspiradas en alcachofas que aportan color sobre un intenso verde. Para Malne, la prenda debe funcionar tanto en la pasarela como fuera de ella: «Nos gusta pensar en que luego esto se lo va a poner una mujer de verdad». Por eso, junto al patronista Manuel Castillo, estudian el peso, el movimiento y la comodidad de cada pieza.

Pero si hay un elemento que define especialmente a Malne es la importancia de la personalidad de quien lleva la ropa. Juanjo Mánez lo expresa con claridad: «La mujer tiene que desarrollar su personalidad a través de la imagen que está mostrando». Para los diseñadores, el proceso empieza mucho antes de que una prenda llegue a la pasarela: consiste en observar a la persona y entender qué puede transmitir.

Esa mirada hacia la personalidad está íntimamente relacionada con otra de las facetas que ambos han desarrollado durante años: descubrir modelos antes de que se conviertan en estrellas. Paloma recuerda el caso de Nieves Álvarez, cuyo tipo de belleza, según relata, no encajaba inicialmente con el canon dominante. «Nadie la quería porque ella representaba un tipo de belleza que no era el canon del momento, era lo que iba a venir», recuerda.

Juanjo cuenta que fue precisamente él quien insistió en que probaran con ella cuando todavía no era una figura consagrada. «Deberíais probar con ella porque es maravillosa», recuerda haber dicho. El tiempo terminó convirtiendo aquella intuición en una carrera internacional. Para los diseñadores, el verdadero talento no consiste en reconocer a una modelo cuando ya ha triunfado, sino en detectar su potencial cuando todavía nadie lo ve.

La misma mirada aparece en sus recuerdos sobre Eugenia Silva y Jon Kortajarena. En el caso de Silva, Juanjo recuerda haber reparado en ella entre las fotografías de aspirantes a un concurso de modelos. Y sobre Kortajarena, Paloma recuerda aquella primera imagen que recibió de él, todavía lejos de la imagen de supermodelo que posteriormente construiría: «Una Polaroid que me mandaron a mí de Jon Kortajarena en su día, que estaba posando en una terraza de una casa corriente”.

Para Paloma, ahí está la diferencia: «No solamente es reconocer la belleza de alguien que ya está reconocido. Es tener el ojo de saber hasta dónde puede llegar esa persona». Una capacidad que ambos consideran parte fundamental de su trayectoria.

Su experiencia se extiende también a nombres internacionales como Linda Evangelista y Naomi Campbell, además de otros grandes equipos y fotógrafos con los que han trabajado a lo largo de sus carreras. El vínculo entre moda y modelos, por tanto, no aparece en Malne como un simple recurso de pasarela: forma parte de una manera de entender la profesión.

«Los artistas de la moda somos artistas, como lo puede ser un pintor, como lo puede ser un cineasta», afirma Paloma. Para ella, el objetivo no es presentar únicamente vestidos bonitos, sino construir una historia coherente. Y en Malne esa historia pasa por una convicción: la verdadera moda comienza cuando una prenda consigue revelar quién es la mujer que la lleva.