Historia
Antigua Grecia

Hallazgo estremecedor en la arqueología: descifran la Tablilla de Oro de Petelia y descubren un manual para atravesar el inframundo

En una colina del sur de Italia, donde hace más de dos mil años se alzó la antigua Petelia, un fragmento de oro salió a la luz para cambiar la manera en que se entendía la muerte en la Grecia clásica. No se trata de una joya, ni de un amuleto ornamental. La tablilla de oro de petelia era, y es, algo mucho más íntimo ya que por lo visto es en realidad una guía escrita para ser usada en el momento en que el alma abandona el cuerpo. Una hoja mínima destinada a acompañar al difunto en un viaje que nadie podía narrar de vuelta.

Su descubrimiento, en la década de 1830, llegó en un momento en que la arqueología todavía no existía como disciplina. Las excavaciones eran irregulares, casi aleatorias, y muchas piezas pasaban de mano en mano sin contexto. Eso mismo ocurrió con la tablilla de Petelia. Sabemos que apareció cerca de la actual Strongoli, en Calabria, y que alguien la encontró cuidadosamente enrollada en un pequeño estuche de oro. Lo sorprendente es que ese estuche pertenecía ya a época romana, unos 400 años posterior a la lámina original. Alguien, siglos después, recuperó la inscripción y decidió llevarla como talismán. Desde 1843, esta pieza singular forma parte de la colección del British Museum. Pero no es el brillo del metal lo que ha fascinado a generaciones de investigadores. Lo que conmueve es lo que dice. Una serie de instrucciones claras, directas, casi urgentes, para que el alma pueda orientarse en el inframundo y evitar caer en el olvido.

Descifran la Tablilla de Oro de Petelia

Las investigaciones posteriores mostraron que la tablilla de oro de Petelia no era un caso aislado. Formaba parte de un conjunto de láminas de oro vinculadas al orfismo, un movimiento religioso que prometía a sus iniciados algo inaudito para la época: la posibilidad de liberarse del ciclo de reencarnaciones y acceder a un destino luminoso después de la muerte. Las palabras inscritas en Petelia no eran simbólicas. Eran instrucciones litúrgicas, un auténtico manual de pasos.

La tablilla original mide apenas 4,5 centímetros. Está escrita en griego antiguo, siguiendo un ritmo poético que remite a las epopeyas homéricas. Pese a su tamaño reducido, encierra una visión del más allá que se aleja por completo del Hades sombrío que aparece en los textos clásicos.

El objeto: un mensaje mínimo destinado a sobrevivir al tiempo

La lámina de Petelia es extremadamente delgada, casi frágil, pero fue creada con un propósito muy concreto. Los órficos elegían el oro porque lo consideraban incorruptible, capaz de resistir el paso del tiempo y proteger lo que verdaderamente importaba: el texto. A lo largo de doce líneas, el difunto recibe indicaciones precisas sobre qué debe evitar y qué debe buscar al atravesar la frontera del inframundo.

El hallazgo incluyó también el pequeño estuche donde la tablilla estaba guardada, una pieza que muestra que alguien, siglos después, reconoció su poder y quiso preservarlo. Ese gesto, aparentemente sencillo, ha permitido que el mensaje llegue hasta nosotros prácticamente intacto.

Cómo evitar el Olvido y alcanzar la Memoria

Según parece narrar lo que pone la tablilla de Petelia, el alma, al llegar al mundo de los muertos, encontrará a su izquierda una fuente junto a un ciprés blanco. Esa es la fuente del Olvido y no se debe beber de ella. Si lo hace, perderá para siempre su identidad y su memoria, quedando atrapada en un ciclo interminable de reencarnaciones.

La tablilla enseña que la verdadera meta está en otro punto: la fuente del lago de la Memoria, custodiada por guardianes. Para acceder, el alma debe declararse como hija de la Tierra y del Cielo estrellado, reivindicar su linaje divino y pedir agua. Esa sed no es física. Es la sed de recordar quién fue, por qué está allí y cómo puede liberarse. Sólo tras beber de esa fuente puede acceder a la comunidad de los héroes y de los iniciados, un destino reservado a quienes han recibido el conocimiento sagrado.

Una espiritualidad que buscaba romper el ciclo de la muerte

Para entender estas instrucciones hay que situarse en la visión órfica del alma. Según esta corriente, que convivió con la religión griega tradicional, cada ser humano llevaba dentro una chispa divina atrapada en un cuerpo mortal. La vida era un tránsito. La muerte, una prueba. Y el conocimiento secreto, la clave para escapar de la rueda de nacimientos y renacimientos.

Las láminas de oro, conocidas como totenpässe o pasaportes funerarios, no eran símbolos decorativos. Eran herramientas rituales. Muchas se han encontrado en tumbas del sur de Italia, Creta y Tesalia, siempre vinculadas a personas iniciadas en estos misterios. La de Petelia destaca por su claridad, su conservación y la fuerza de su mensaje.

Petelia, un cruce de tradiciones en plena Magna Grecia

El lugar del descubrimiento es clave. Petelia, colonia griega en Calabria, fue durante siglos un punto de contacto entre culturas griegas e itálicas. En sus necrópolis han aparecido objetos que muestran influencias pitagóricas, órficas y locales, lo que refleja una espiritualidad rica y diversa. Que una tablilla así apareciera allí no sorprende: era un territorio donde las ideas sobre la inmortalidad del alma circulaban con fuerza.

Los estudios modernos clasifican la tablilla de Petelia dentro del llamado Tipo B, caracterizado por instrucciones extensas y detalladas. Una de las líneas más debatidas es la que describe el destino final del iniciado. Algunos la interpretan como reinar entre los héroes. Otros, como liderar las ceremonias. En ambos casos, la imagen es la misma: una existencia en la que el alma recupera su pureza y participa de lo sagrado.

Un documento que sigue interpelándonos más de dos mil años después

Hoy, este pequeño rectángulo de oro sigue siendo una de las piezas más curiosas de la arqueología mediterránea. No sólo por lo que cuenta, sino por lo que revela del ser humano. La tablilla nos habla de una época en la que la muerte no se asumía como un final inevitable, sino como un desafío espiritual. Detrás de esas líneas hay un intento profundo de comprender el tránsito más difícil y, sobre todo, de no olvidar quién se es cuando todo lo demás se desvanece.