Bushehr y el programa nuclear iraní: origen, construcción y desarrollo hasta hoy
Explora la historia del programa nuclear iraní y la central de Bushehr: desde sus orígenes con el sah, la interrupción tras la revolución y su construcción final con ayuda rusa hasta su estado actual.
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Antes de la década de los 60, Irán era un país muy diferente al que conocemos ahora. Tenía una relación bastante estrecha con Occidente, especialmente con Estados Unidos y Europa. Y el programa nuclear nació ahí, en ese contexto.
El sah tenía una visión clara: modernizar el país a gran velocidad. Industrializarlo, hacerlo potente, reducir la dependencia del petróleo a largo plazo. Y la energía nuclear encajaba perfectamente en ese plan. No solo como fuente energética, sino también como símbolo de estatus. Era una forma de decir: estamos en el club de los países avanzados.
Así empezó el programa nuclear iraní, con apoyo internacional. De hecho, fue dentro del programa estadounidense “Átomos para la Paz”, que facilitaba tecnología nuclear con fines civiles.
Bushehr fue uno de los proyectos estrella
La construcción comenzó en 1975, con la empresa alemana Siemens a través de su filial Kraftwerk Union. La idea era ambiciosa: dos reactores de agua a presión, modernos para la época, situados en la costa del golfo.
Durante un tiempo, todo avanzó bastante rápido. Pero entonces llegó 1979.
La revolución que lo cambió todo
La Revolución iraní de 1979 fue un punto de ruptura total. El sah cayó, el país cambió de sistema político, y de repente todo lo que olía a Occidente quedó bajo sospecha.
El nuevo gobierno, liderado por Ruhollah Khomeini, no veía el programa nuclear con los mismos ojos. Durante los primeros años, el proyecto prácticamente se paralizó. Las empresas extranjeras se marcharon. Siemens abandonó la obra dejando la central incompleta, con estructuras a medio hacer y equipos sin instalar.
Y por si fuera poco, poco después estalló la Guerra Irán-Irak. Bushehr, por su ubicación estratégica cerca del golfo, fue bombardeada en varias ocasiones por la aviación iraquí. Lo que ya estaba a medias quedó aún más dañado. En ese momento, pensar en terminar la central parecía casi absurdo.
Durante los 80, el programa nuclear iraní quedó en un segundo plano. No desapareció del todo, pero perdió impulso. El contexto no ayudaba: guerra, aislamiento, dificultades económicas.
Pero hacia finales de la década y principios de los 90, algo empezó a cambiar. Irán seguía necesitando energía. Su población crecía, su consumo también, y depender exclusivamente del petróleo no era sostenible a largo plazo. Además, el país no quería quedarse atrás tecnológicamente.
Así que poco a poco, el interés por retomar el programa nuclear volvió. No con el entusiasmo del sah, ni con el apoyo occidental de antes. Pero volvió.
La entrada de Rusia
Aquí aparece un nuevo actor: Rusia. En 1995, Irán firmó un acuerdo con Rusia para retomar la construcción de Bushehr. No era una tarea sencilla. El diseño original alemán no coincidía con la tecnología rusa, así que hubo que adaptar muchas cosas sobre la marcha.
No era simplemente “terminar lo que estaba empezado”. Era casi rehacer el proyecto. Los ingenieros rusos trabajaron sobre la estructura existente, integrando un reactor de diseño ruso (tipo VVER). Esto implicó años de ajustes, retrasos y complicaciones técnicas. Y, por supuesto, presión internacional.
Las tensiones con Occidente
Con la llegada del año 2000, Occidente mira con preocupación el programa nuclear iraní. Organismos como la Agencia Internacional de Energía Atómica comenzaron a supervisar de cerca las actividades nucleares iraníes. Bushehr, en particular, se convirtió en una especie de “proyecto controlado”, con combustible suministrado por Rusia y bajo vigilancia.
Mientras tanto, la construcción seguía… lentamente.
La puesta en marcha de Bushehr
En al año 2011 comienza realmente la conexión del reactor a la red eléctrica. En la actualidad, la central de Bushehr está totalmente operativa y es la única central nuclear que funciona en el país. Recordemos que precisamente en estos días estamos pendientes de un conflicto militar entre Estados Unidos, Israel e Irán. Los resultados de los bombardeos y las acciones militares son difíciles de predecir.
Irán ha mostrado interés en ampliar su capacidad nuclear. Hay planes para construir nuevos reactores en la misma zona, nuevamente con apoyo ruso. Algunos proyectos ya están en marcha, aunque avanzan con la lentitud habitual de este tipo de infraestructuras.
Algo más que generación de energía
Como hemos visto, el programa nuclear iraní nunca ha sido solo una cuestión energética. Siempre ha estado cargado de significado político, estratégico, incluso simbólico.
Bushehr no es solo hormigón, cables y un reactor, es una especie de cápsula del tiempo. Empieza con el Irán del sah, abierto al mundo y con ambiciones de modernización rápida. Pasa por una revolución que rompe con todo lo anterior. Sobrevive a una guerra devastadora. Se reconstruye con ayuda de un socio distinto. Y termina funcionando en un contexto internacional tenso, bajo vigilancia constante.
Pocas infraestructuras tienen una historia tan enredada. Y lo curioso es que a pesar de todo ahí sigue. Funcionando. Generando electricidad. No ha sido un camino recto, ni mucho menos. Pero precisamente por eso resulta interesante.
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