España
Ministerio del Interior

Los perros antidroga de Barajas malviven en perreras anegadas y pequeñas donde desarrollan neurosis

Estos perros de la Guardia Civil son la punta de lanza contra el narcotráfico, llegado principalmente de Sudamérica

Los perros antidroga del aeropuerto de Barajas (Madrid) malviven en perreras anegadas y de reducidas dimensiones en las que llegan a desarrollar neurosis. Esto es sólo un ejemplo de las deplorables condiciones que sufren estos perros de la Guardia Civil que son la punta de lanza contra el narcotráfico, llegado principalmente de Sudamérica. Así paga el Ministerio del Interior, dirigido por Fernando Grande-Marlaska, y la Guardia Civil, en manos de Mercedes González, a estos héroes caninos el gran servicio que prestan.

Ésta es la terrible historia de alrededor de una quincena de perros policiales, pastores alemanes y pastores belgas malinois. El aeropuerto de Madrid es una de las puertas de entrada a Europa de la cocaína. Y siendo el mayor, más importante y moderno aeropuerto de España, los perros policía destinados a combatir el narcotráfico se encuentran en condiciones tercermundistas, como puede ver en las imágenes a las que ha tenido acceso OKDIARIO en exclusiva.

Además, estos perros realizan operativos de apoyo por toda la Comunidad de Madrid e incluso en provincias limítrofes, habiendo intervenido en muchas operaciones en las que se han incautado de miles de kilos de droga. También trabajan en las prisiones de Madrid combatiendo la entrada de droga en ellas.

OKDIARIO ya había revelado previamente, también en exclusiva, las deplorables condiciones que sufren los perros antidroga de Jaén, en perreras pequeñas, sin bebederos y llenas de moho, y los perros de rescate de la DANA, que malviven en las perreras que se caen a pedazos.

La Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), la mayoritaria, ha vuelto a dar un paso al frente para volver a denunciar públicamente en este diario también las de Barajas, que son «las peores de España tras las de Jaén, y en tercer lugar se encuentran las de El Pardo», según declara a OKDIARIO Valentín Blanco, coordinador nacional de cinológico de la AUGC,  subrayando que es necesario habilitar un nuevo lugar para estos perros policía.

«Es imposible callar ante este maltrato. Estos perros están sufriendo debido a esta situación de abandono por parte de la institución», denuncia en OKDIARIO Diego Madrazo, secretario de Relaciones Institucionales de la asociación mayoritaria de guardias civiles.

La AUGC reclama a la Comandancia de Madrid, con sede en Tres Cantos, que es la responsable de las instalaciones, que tome medidas cuanto antes, y al Servicio Cinológico, responsable de los perros y guías, que vele por que se cumpla el reglamento del servicio cinológico y estos perros vivan en condiciones dignas.

En 2015 salió una normativa y todas las unidades del servicio cinológico tienen que cumplir una serie de requisitos. Sin embargo, han transcurrido ya 11 años de ella y «no se cumple en estas perreras», según denuncia esta asociación.

Uno de los perros policía de Barajas en un chenil, de reducidas dimensiones.

Vueltas en círculo

En las perreras de Barajas, al ser los cheniles demasiado pequeños, los perros disponen de muy poco margen de movimiento, por lo que al pasar tantas horas en ellas –un mínimo 16 cada día–, algunos de ellos desarrollan conductas como «la neurosis de perrera», que supone que giren sobre ellos mismos golpeándose el rabo contra las paredes, lo que también les provoca heridas sangrantes que no se curan. 

Además, el tamaño reducido de las perreras les genera tal acumulación de nervios que los perros se atacan entre ellos. Y esto se debe también a que la valla que separa un chenil de otro tiene los huecos demasiado grandes y los perros pueden introducir los hocicos y las patas. Este estado de nervios, que no puede confundirse con conflictividad, ha llevado a algunos a tener que estar de baja.

Encharcadas de aguas fecales

A veces, los perros también arrancan los comederos por la ansiedad que les genera estar encerrados en perreras tan pequeñas y acaban comiendo el pienso en el mismo suelo donde orinan y hacen sus deposiciones.

Más aún, debido al reducido tamaño de las perreras, los perros pisan sus heces y los más nerviosos acaban esparciéndolas por todo. Asimismo, las tuberías que canalizan el agua no son del grosor adecuado para perros grandes, por lo que se producen inundaciones en algunas de ellas por atasco en el desagüe interior por acumulación de heces y pelo, por lo que los charcos de agua que se generan son aguas fecales que las dejan inutilizables y tal estado del chenil obliga a desalojar a los perros.

A esto se suma que las perreras carecen de protección contra el frío y calor, porque la zona interior está totalmente abierta, de pared a pared, a la exterior. Además, los bebederos y grifos que hay dentro de las perreras tienen fugas de agua, por lo que muchas de ellas tienen el suelo constantemente mojado, y esto acarrea que en invierno los perros estén sometidos a un frío y una humedad inapropiada que puede repercutirles problemas articulares, como ocurre a algunos de los perros policiales de Jaén y El Pardo.

Sin mantenimiento

Estas perreras tienen alrededor de 20 años y se han degradado con el tiempo por la falta de mantenimiento y reparación: tienen los suelos quebrados, con las baldosas de las paredes desprendidas o rotas, lo que supone a los perros un grave riesgo de corte en las almohadillas si las apoyan, ya que son puntiagudas y con filo. Y la humedad también genera moho e infestación de babosas.

Un grifo en el interior de un chenil perdiendo agua, e instalaciones con moho.

En los vehículos se asan en verano

A todo ello se añade, además, que estas perreras no tienen un cuarto de lavado apropiado para bañar a los perros. Los propios guías caninos han tenido que instalar, con dinero de su bolsillo, una bañera, pero las instalaciones no disponen de agua caliente. Encima, no pueden utilizarla, ya que al ser deficiente el sistema de desagüe, si los bañan, provocan inundaciones en las perreras próximas del agua que desagua.

Entre otras cosas, la habitación donde se almacena el pienso tiene la puerta estropeada desde hace tiempo, por lo que es frecuente que entren ratas y otros roedores a comérselo.

Por si fuera poco, los vehículos en los que son transportados estos perros policiales, salvo uno de ellos, no tienen aire acondicionado donde van los animales. Con lo que esto supone en verano, cuando cubren muchos servicios de asistencia a conciertos y fiestas, durante los cuales el vehículo está expuesto al sol. Se da incluso el caso de que alguno de ellos no es está concebido para el transporte de animales.

Una situación que los agentes enfrentan colocando transportines que anclan con cuerdas, lo que resulta peligroso y a veces incluso contraviene lo exigido en la ley de seguridad vial para el transporte de animales.

La situación de los agentes que trabajan en las perreras tampoco es la adecuada. Las oficinas destinadas a vestuarios y baño se encuentran en un estado de abandono total, con paredes y techos afectados por la humedad, enchufes al descubierto y la gran mayoría de puertas sin picaporte y deformadas.

Además, el baño solamente está dotado con un lavabo de agua fría y no dispone siquiera de un retrete y mucho menos de duchas.