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Sánchez empieza el curso político con 22 escaños menos y rendido a la mayoría de PP y Vox

  • Luz Sela
  • Periodista política. En OKDIARIO desde 2016. Cubriendo la información del Congreso de los Diputados. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela. Antes, en COPE, ABC Punto Radio y Libertad Digital.

Pedro Sánchez afronta el nuevo curso político con el ánimo electoral más bajo desde que llegó a La Moncloa. El vuelco de Gobierno es un hecho que se confirma sondeo tras sondeo. Si las elecciones generales se celebrasen ahora, el Partido Popular, con 131 escaños (30,2% de intención de voto), sería la fuerza más votada. Los socialistas, que acusan un prolongado desgaste, siguen por debajo del umbral de los 100 y, con 98 diputados (24,5%), se quedarían muy lejos del PP. El partido de Pablo Casado podría firmar así una amplia mayoría absoluta con Vox (51 escaños, 15,5% de votos). Son las conclusiones de la última encuesta de Data10 para OKDIARIO.

La encuesta -realizada en plena escalada histórica de la factura de la luz y tras la crisis de Afganistán- recoge el palpable descontento ciudadano con la gestión del presidente socialista. Ni la amplia remodelación de Gobierno -prescindiendo de su núcleo duro, como Carmen Calvo, Iván Redondo o José Luis Ábalos-, ni tampoco la maquinaria propagandística de Moncloa logra insuflar ningún optimismo a Sánchez, cuyo balance es demoledor: desde que llegó a La Moncloa, el PSOE ha perdido 22 escaños.

Por el contrario, el PP sigue imparable y sumaría ya 40 diputados más en el Congreso. Los populares se ven impulsados por un evidente trasvase de votos desde Ciudadanos -cuya errática política de pactos y sus maniobras en Murcia y Madrid les hacen perder hasta 9 escaños en apenas dos años- y se confirman sin rival como la «casa común» del centroderecha. Una posición que se verá relanzada en la gran convención de otoño, donde los de Casado definirán las líneas maestras para ser la «única alternativa al desgobierno» de Sánchez.

Vox consigue aguantar el pulso y apenas pierde un escaño en relación a 2019. La formación de Santiago Abascal demuestra tener así una sólida base electoral, capaz de sostener la representación parlamentaria pese al empuje del PP.

Por su parte, Podemos -aún en crisis de liderazgo tras la abrupta marcha de Pablo Iglesias- parece sacar partido de su guerra abierta contra el PSOE. En pleno enfrentamiento entre socios, la formación de Ione Belarra sube mínimamente sus expectativas y lograría 22 diputados (9,3%), 3 más que en el anterior sondeo. Un resultado en cualquier caso insuficiente para que el bloque de la izquierda pueda reeditar su pacto -alimentado por el séquito de separatistas, nacionalistas y proetarras- y que confirma la caída libre electoral de Podemos. Desde 2019, el partido ha perdido 13 diputados. Los morados sucumben asediados también por su competidor más directo, Más País, que sacaría 7 escaños (4,6%), 4 más que hace dos años.

El separatismo, mientras, no consigue sacar provecho electoral a las cesiones del Gobierno socialcomunista. ERC mantiene sus 14 diputados -los mismos que en el sondeo anterior- y Junts, 9. El PNV conserva 7.

El panorama sigue siendo dramático para Ciudadanos que, con un escaño (el de Inés Arrimadas), resulta ya insignificante de cara a los futuros pactos. La formación naranja tendría los mismos asientos que partidos minoritarios como la CUP, Coalición Canaria, BNG, Teruel Existe o el Partido Regionalista de Cantabria.

Sánchez encara así, bajo mínimos, un otoño que amenaza con atizar todavía más sus expectativas electorales. No hay signos de recuperación para la moral del socialista, confiado en que el mensaje triunfalista por la llegada de los fondos de la UE y la campaña de vacunación sirvan como revulsivo. En su realidad paralela, el presidente del Gobierno ha llegado incluso a afirmar que «los españoles están mejor que hace un año».

El jefe del Ejecutivo intenta acercarse ahora al centro ideológico, aparentando distancia con los separatistas, inflexibles en sus exigencias de «amnistía y autodeterminación». En sus últimas intervenciones, Sánchez ni siquiera se ha referido a la «mesa de negociación» que, según su propio calendario, tendría que reunirse en la tercera semana de este mes. También ha renunciado por ahora, como avanzó OKDIARIO, a la reforma del delito de sedición. Tras el revuelo por los indultos a los presos del procés, intenta que la cuestión catalana pase lo más inadvertida posible y opta por centrarse en temas más cotidianos y de impacto para los ciudadanos, como el anuncio cosmético de la subida del salario mínimo. Una medida del todo insuficiente ante la factura récord de la luz y las altas tasas de desempleo.

Sánchez ha sido recibido con silbidos y abucheos en sus últimas apariciones públicas, el auténtico CIS a su gestión. Rehén de sus socios, le esperan las presiones del separatismo y también de Podemos, cada vez más radicalizado en sus exigencias. El partido morado aprovecha varios frentes, como la subida de la luz y la ley del alquiler, para intentar recuperar a los votantes desencantados por la cercanía al PSOE. En su bicefalia, los podemitas han amenazado incluso con movilizaciones contra el Ejecutivo del que forman parte y amenazan los próximos Presupuestos Generales del Estado. En Moncloa, por ahora, se resisten a dar crédito a estos órdagos, pero no ocultan cierto temor por cómo se podrá sostener la legislatura.