SAF, el combustible verde de los aviones
El SAF o Combustible Sostenible de Aviación es una realidad. Podemos pensar que combustible, sostenibilidad y sector aéreo en una misma frase es un oxímoron; sin embargo, es totalmente lógico cuando hablamos de este tipo de energía. De hecho, según la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) se espera que la producción mundial de SAF se triplique en 2024, con respecto a 2023, y que se alcancen los 1,5 millones de toneladas.
¿Qué es el SAF y qué ventajas encierra?
El combustible sostenible de aviación (SAF, por sus siglas en inglés) destinado a la descarbonización de la aviación es ya una realidad. Si bien es cierto que, aunque en general hablamos de SAF, existen varios tipos ya quepuede ser de origen sintético, cuyo desarrollo todavía es muy incipiente, o de origen biológico, que es el que, a día de hoy, están empezando a utilizar las compañías aéreas. El tipo más habitual es el HEFA (por su proceso de producción, siglas en inglés de ésteres hidroprocesados y ácidos grasos), que se fabrica a partir de grasas residuales y de aceites usados de cocina.
La principal característica de este biocombustible es que puede reducir hasta en un 90% las emisiones de CO2 respecto a los combustibles fósiles tradicionales, en función de la materia prima de procedencia. Como sucede con otros biocombustibles, una de las grandes ventajas del SAF es que, dada su naturaleza química similar al queroseno convencional, es compatible con los motores actuales de los aviones, por lo que es posible su utilización desde ya sin necesidad de realizar ninguna modificación en las aeronaves.
Debemos tener en cuenta que la aviación es responsable del 3% de las emisiones de CO₂ mundiales, y que aerolíneas, fabricantes y aeropuertos tienen como objetivo reducir su huella de carbono y alcanzar las cero emisiones netas de aquí a 2050. De modo que todo el sector está trabajando para aliviar la huella de carbono de su actividad y alcanzar las cero emisiones netas de aquí a 2050. Un reto en el que el SAF juega un papel destacado, por ser la única alternativa viable para descarbonizar el transporte aéreo en la actualidad.
En la actualidad el porcentaje máximo permitido de mezcla de SAF con queroseno es de un 50%. De cara a potenciar la descarbonización de la aviación, la Unión Europea ha puesto en marcha la iniciativa ReFuelEU Aviation, que regula la incorporación creciente de SAF en los vuelos con origen dentro de la UE. El Consejo de la Unión Europea y el Parlamento Europeo llegaron a un acuerdo provisional en abril de 2023 para que, a partir de 2025, el 2 % del combustible utilizado por los aviones sea sostenible, con el objetivo final de alcanzar el 70 % para 2050.
En este contexto, Cepsa se ha convertido en la primera energética en ofrecer biocombustible para la aviación de manera permanente en varios aeropuertos españoles: Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca, Sevilla y Málaga, En 2023, según datos de Aena, por estos aeropuertos pasaron aproximadamente 172 millones de pasajeros, lo que supone aproximadamente el 61% del tráfico total del país. Y tiene, además, alianzas con varias aerolíneas que operan en España para descarbonizar de forma progresiva en sector, en este momento, cuenta con la colaboración de Iberia, Iberia Express, Vueling, Air Nostrum, Binter, TUI, Wizz Air y Volotea entre otras. Aeropuertos con SAF de Cepsa. Elaboración propia. Fuente: Cepsa
Huelva, el epicentro europeo de producción del SAF
Para conseguir que el uso del SAF se generalice en el sector, es importante que haya una producción adecuada que dé respuesta a la demanda. En este sentido, Cepsa produce SAF en su planta de Palos de la Frontera, en Huelva, cerca del Parque Energético La Rábida, desde 2022, a partir de residuos orgánicos y aceites usados de cocina.
En 2023, la apuesta de la energética es aún más ambiciosa, inmersa como está en su transformación hacia un modelo energético más sostenible. Cepsa –junto a Bio-Oils– está construyendo una planta de biocombustibles 2G, también en Palos de la Frontera (Huelva), que será la mayor planta de biocombustibles 2G del sur de Europa y que producirá anualmente de manera flexible 500.000 toneladas de SAF y diésel renovable (HVO).
Se trata de un proyecto, que constituye un paso determinante en el impulso de la descarbonización del transporte pesado, tiene una inversión de 1.200 millones de euros y creará alrededor de 2.000 empleos directos e indirectos. La instalación permitirá duplicar la actual capacidad de producción de biocombustibles de segunda generación a Cepsa y Bio-Oils, hasta alcanzar un millón de toneladas.
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